Santiago de León
Un día de lluvia, la tierra suspira,
el cielo se cubre de nubes de plata,
las gotas descienden, su danza es tan pura,
como un suave abrazo que todo rescata.
El viento murmura secretos antiguos,
las hojas vibrantes se llenan de vida
y en cada reflejo de charcos sencillos,
se pinta la historia del agua dormida.
Las calles susurran bajo el gris manto,
el eco del cielo en la piedra resuena
y el alma que escucha sin prisa ni encanto
se siente ligera como una sirena.
Los días de lluvia son treguas del tiempo,
momentos de calma, de pausas, de anhelo,
el mundo se cubre de un dulce silencio
y todo renace mojado en su velo.
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