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El abrazo de dos viejos amigos

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El exfutbolista argentino regresó al sitio en donde marcó tres goles, contra Corea y Bulgaria, en el Mundial de México 86.

Treinta y seis años después de pisar la cancha del Estadio Olímpico Universitario para iniciar el periplo que lo llevaría a la cima con la selección argentina en el Campeonato Mundial de Futbol México 1986, el exdelantero Jorge Valdano regresó a territorio puma.

“En este estadio jugamos dos partidos, y metí tres de los cuatro goles del Mundial. Así que claramente si me quedo aquí me hubiera convertido en campeón goleador”, comentó entre risas.

Reconoció que “no he regresado hace 36 años por desagradecido… porque aquí metí tres goles”, y hasta hoy pisa de nuevo su suelo.

Conservando una excelente condición física, el también exentrenador en España caminó primero por la parte exterior del estadio, donde se detuvo a observar con detalle el mítico mural de Diego Rivera titulado La Universidad, la familia y el deporte en México, realizado entre 1952 y 1954.

“Este estadio es precioso, no envejece, tiene esa propiedad. Como es de piedra volcánica y luce intacto, me da la sensación de que estoy aquí igual que hace 36 años”, dijo emocionado.

“Sí, vibra”

Valdano evocó al entrañable México 86, cuando en el partido de Argentina contra Corea del Sur, realizado en este estadio, anotó dos de los tres goles. “Luego jugamos contra Bulgaria y también marqué un tanto”, recordó.

“Es la primera vez que regreso al Estadio Olímpico Universitario, y es muy emocionante porque aquí jugamos el primer partido contra Corea del Sur. El equipo estaba muy inseguro y hasta teníamos duda de si podíamos ganarle a Corea, pero a los tres minutos encontramos el gol y a partir de ahí todo se empezó a hacer más fácil”, rememoró.

Más adelante, el paso de la selección argentina por México se vería coronado con un inolvidable campeonato del mundo que contó entre los compañeros de Valdano al célebre Diego Armando Maradona.

En su recorrido exterior e interior por el recinto universitario, el segundo más grande del país después del Estadio Azteca y con una capacidad para 72 mil espectadores, Valdano regaló una mirada panorámica de la cancha al graderío y recordó que “en este estadio fue donde empezamos a recoger la confianza que necesitábamos para encarar un campeonato tan exigente”.

Consideró que, más que un estadio, el Olímpico Universitario parece una escultura. “Es el inicio de una aventura inolvidable”, dijo sobre un gran recuerdo futbolístico de su vida. Más adelante, entró por uno de los túneles y observó el campo impecablemente verde. Al preguntarle sobre si vibra el corazón al estar en la cancha, aseguró: “Sí, vibra”.

Abrazos, recuerdos, autógrafos y felicitaciones acompañaron al argentino en su recorrido, para luego verlo caminar por el interior de una de las obras más emblemáticas de Ciudad Universitaria.

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