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El Colegio Nacional recuerda a Antonio Alatorre

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    • La Conmemoración del centenario de Antonio Alatorre fue coordinada por Luis Fernando Lara, miembro de El Colegio Nacional.
    • Participaron los filólogos Martha Lilia Tenorio, Jorge Gutiérrez Reyna y desde Madrid Amelia de Paz, así como los poetas Francisco Segovia y David Huerta.
    • Junto con Margit Frenk, “han sido los filólogos más destacados de México”, dijo Luis Fernando Lara.
    • “En estos tiempos en que la academia ha cedido a la tentación de la banalidad y de la inmediatez, la erudición de Alatorre era una ventana hacia el mundo y el ser humano”: Martha Lilia Tenorio.

De actividad intelectual intensa, sabedor de que la literatura tiene más que ver con el placer que con la solemnidad, poseedor de una erudición que como profesor “era una ventana hacia el mundo y el ser humano”; en suma: uno de los dos filólogos más destacados de México, así fue recordado Antonio Alatorre, durante la conmemoración del centenario de su natalicio en El Colegio Nacional.

Durante el acto, realizado en las instalaciones de esta institución y transmitido a través de sus redes sociales, Participaron los poetas Francisco Segovia y David Huerta y los filólogos Jorge Gutiérrez ReynaAmelia de Paz (desde Madrid) y Martha Lilia Tenorio, quien fuera “la discípula más cercana y querida de Antonio Alatorre”.

“Él, junto con Margit Frenk, han sido los filólogos más destacados de México, y de los más destacados del hispanismo internacional durante la segunda mitad del siglo XX y los comienzos de este”, afirmó Luis Fernando Lara, después de recordar que Alatorre fue miembro de El Colegio Nacional desde el 26 de junio de 1981 hasta su muerte, el 21 de octubre de 2010.

El filólogo recordó que su “maestro” nació en Autlán de la Grana, Jalisco, el 25 de julio de 1922 y que además de participar activamente en la vida literaria de México junto con Juan RulfoTomás SegoviaJuan José ArreolaOctavio Paz y muchos más, su figura representa “un antes y un después” en el estudio de la obra de Sor Juana Inés de la Cruz.

Junto con sus dos novelas y su exitoso Los 1001 años de la lengua española, dijo Lara, “las obras de Antonio Alatorre siguen estando vivas, sus artículos, sus libros, sus traducciones conservan plenamente para nuestros ojos la frescura, la mirada juguetona e inteligente, la tersura de su estilo y el rigor de la buena filología”.

Desde Madrid, Amelia de Paz recordó la tradición filológica de donde abrevó Alatorre, y dijo: “Estamos hablando de una tradición filológica consolidada, diseminada por América, que tiene más de 100 años, 112 si contamos desde la fundación del Centro de Estudios Históricos (creado en Madrid en 1910), 75 de los cuales han transcurrido en México, más de 60 de ellos enriquecidos por la presencia de Alatorre; es una tradición madura, con temperamento propia, valiosísima en lo que ya ha sido y por el potencial que todavía tiene”.

La tradición de Alatorre, señaló De Paz, proviene de ese centro creado en Madrid por Ramón Menéndez Pidal y que años después se trasladó a Buenos Aires, Argentina, siendo Raimundo Lida uno de sus más destacados continuadores y quien contagiará a Alatorre el amor por la filología. 

“No podemos más que destacar en él esa suma de tradición y originalidad que es el signo de los clásicos; entre los filólogos de su generación, Antonio Alatorre encarna de manera sobresaliente, y con acento singular, la continuidad en México de los métodos del Centro de Estudios Históricos, es decir, de la más alta escuela”, dijo la también poeta.

En honor a su memoria recomendó a los jóvenes leer la obra de Alatorre y elevar a lectura obligada Los 1001 años de la lengua española, “donde pone en práctica el principio integrador de la lengua, la literatura y lo lleva más allá que la propia Historia de la lengua española de Rafael Lapesa y lo lleva más allá porque incluye lo obvio, es decir a América”.

En España, afirmó Amelia de Paz, “Los 1001 años… deberían de ser lectura obligatoria, ¿cuánto subiría el nivel medio de nuestra educación si esa obra se emplea como manual de lengua y literatura en las escuelas? Entre otras cosas, porque así aprenderíamos los españoles, desde la adolescencia, algo que tendemos a ignorar y es que la mayor parte de los hablantes de nuestra lengua materna son americanos”.

Sonetos inéditos

Décimas inéditas, escritas por Antonio Alatorre y dedicadas a José Medina Echavarría cuando se fue como profesor visitante a la Universidad de Puerto Rico, y un soneto donde “hace honor a ese amor, a ese canto a la naturaleza tan de Góngora, uno de sus poetas favoritos” fueron leídos como primicia por la filóloga Martha Lilia Tenorio durante el homenaje.

“No creo que nadie lo sepa, pero Alatorre compuso algunos sonetos y décimas que se quedaron guardados en un folder anaranjado”.

Con un discurso personal, Tenorio recordó facetas de Alatorre como la de profesor y escritor para libros de texto gratuitos, además de que defendió los méritos intelectuales del filólogo de quien le escatima méritos: “Alatorre se ganó sus privilegios académicos a base de una disciplina espartana, al servicio de un enorme talento, casi lindando en la genialidad (…); la carrera de Alatorre no le vino dada o predada por una determinada posición social o familiar, al contrario, fue toda cuesta arriba”.

Después de recordar algunos datos biográficos como que fue el sexto de diez hermanos y que su padre tenía una tienda de abarrotes, la filóloga de El Colegio de México recordó a Alatorre como profesor: “Sus clases eran toda una lección de vida, el espíritu de la libre investigación exige paciencia, atención, respeto por su objeto de estudio, conciencia de la dificultad de comprensión y capacidad de someterse al trabajo necesario, su obra era resultado de un amor crítico, de una pasión que como toda pasión verdadera, hace más aguda y más severa la mirada dirigida a aquello que se ama”.

“En estos tiempos en que la academia ha cedido a la tentación de la banalidad y de la inmediatez, la erudición de Alatorre era una ventana hacia el mundo y el ser humano, una forma de vivir, no era una colección estéril de noticias, sino una herramienta para el ejercicio de la sensibilidad, de la emoción estética”, agregó Tenorio, para después calificar al intelectual como “un cruzado de la verdad”, quien “la asumió con una firme y generosa responsabilidad”.

En su turno, el poeta Francisco Segovia se refirió a la faceta como novelista de Antonio Alatorre, como autor de dos libros El brujo de Autlán, y La migraña, publicada de manera póstuma.

De acuerdo con Segovia, a Alatorre le costó sacar a la luz su obra: “Salir al escenario y plantearse ante la batería de spots le costó muchos años, cierto, pero al final lo hizo, bien entrado en sus 50 publicó por fin un libro, y qué libro, Los 1001 años de la lengua española, en cambio nunca se atrevió a publicar su novela La migraña, que sólo apareció póstumamente”.

“Como la mayoría de sus Estampas, los dos primeros libros de Alatorre fueron escritos por encargo, como si necesitara de alguien que desde fuera le diera un empujón, no fue un impulso propio sino el de Huberto Batis y el de Beatrice Trueblood, el que culminó en Los 1001 años… y fue otro empujón el que culminó en los Ensayos sobre crítica literaria, pero después de eso Antonio Alatorre quedó como aviado y ya no hicieron falta más instancias exteriores para que publicara un libro, en adelante lo hizo por sí mismo, porque él tenía ganas”.

De finales de los años 70 a 1993, recordó, “se ha divorciado de Margit Frenk; ha publicado un libro que le abre las puertas de El Colegio Nacional, lo que le da independencia económica necesaria para dedicarse a sus cosas; ha comenzado a dar clases en su casa y ya no en El Colegio de México, que se había mudado al Ajusco en el 76; ha salido del closet, ha iniciado su relación con Miguel Ventura que duraría hasta su muerte y se ha puesto a escribir”. 

El poeta David Huerta, centró su participación en la presencia de Alatorre en el mundo de las revistas, desde las que dirigió Octavio Paz hasta Proceso, en especial en lo que definió como los cinco “extraordinarios” ensayos breves que Antonio Alatorre publicó en la revista Paréntesis, que se publicó entre 1999 y 2002, bajo la dirección de Aurelio Asiain.

“El problema con las colaboraciones de Alatorre es que no se pueden consultar en línea, hay que ir a la hemeroteca, cosa que ya casi nadie hace: creo que vale la pena pensar en una edición de estos ensayos, habría que recabar si decide incluirse la polémica con Fabio Morábito, con el permiso de éste, para tener a nuestro alcance estos ensayos breves, que son extraordinarios.

Por su parte, Jorge Gutiérrez Reyna se refirió a Antonio Alatorre como estudioso de Sor Juana Inés de la Cruz y lo definió como “el mayor sorjuanista del siglo XX y cuya obra, más allá de la discusión, que me parece un poco burda, entre lo creativo y lo no creativo, o lo artístico y lo académico, es una de las mayores cumbres de la literatura mexicana”.

La mesa conmemorativa por el centenario de Antonio Alatorre, se encuentra disponible en el Canal de YouTube de la institución.

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