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Los tesoros de la arqueología forense ya no están en el pasado, ahora son los nombres de los desaparecidos: Ximena Chávez Balderas 

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  • La arqueóloga Ximena Chávez Balderas participó en el Ciclo La arqueología hoy, coordinado por Leonardo López Luján, miembro de El Colegio Nacional. 
  • La especialista, adscrita a la Fiscalía General de Quintana Roo, participó con la ponencia «¿Arqueología del presente? La emergencia forense en México”. 
  • México, sostuvo, vive una emergencia forense con más de 112 mil desaparecidos y más de 4 mil fosas clandestinas reportadas. 
  • El colegiado Leonardo López Luján hablo de los antecedentes de la relación entre medicina y arqueología 

Por definición, el estudio de la arqueología siempre remite al pasado, sin embargo, las cosas han cambiado: para la arqueología forense, los tesoros “ya no están en el pasado distante, están en el ahora. Y los tesoros son los nombres con el que se refieren las familias, las madres buscadoras, a los seres queridos a los que están buscando”, sostuvo la arqueóloga y antropóloga Ximena Chávez Balderas

La especialista, adscrita al Departamento de Antropología Forense de la Fiscalía General del Estado de Quintana Roo, ofreció la conferencia ‘¿Arqueología del presente? La emergencia forense en México’, como parte del ciclo La arqueología hoy, que coordina el arqueólogo Leonardo López Luján, miembro de El Colegio Nacional. 

Desde el Aula Mayor de la institución, y transmitida a través de redes sociales, Chávez Balderas habló de la importancia que la arqueología está teniendo como disciplina de las ciencias forenses en un país que vive una emergencia forense, con 112 mil 193 personas registradas como desaparecidas, 4 mil fosas ilegales identificadas y unas 52 mil personas sin identificar y que permanecen en panteones forenses. 

Previo a la disertación de Ximena Chávez, el colegiado Leonardo López Luján habló de los antecedentes de la relación entre medicina y arqueología a través del caso de Louis Capitan, “un académico francés que desarrolló una intensa actividad en la segunda mitad del siglo XIX y las tres primeras décadas del siglo 20; hombre de ciencia, que tuvo dos grandes pasiones: la medicina y la arqueología”. 

Autor de más de 250 publicaciones, Capitan “realizó estudios de arqueología a partir de 1872, supervisado por el célebre prehistoriador Gabriel de Mortillet. Su curiosidad lo condujo por la estratigrafía, la paleontología humana, el arte paleolítico y los procedimientos de talla de utensilios de pedernal”. En plena madurez hizo aportaciones sobre las culturas de México y el Perú, por lo que en 1908 fue nombrado secretario general de la Sociedad de Americanistas y su presidente en 1927. 

En 1910, en ocasión del 17 Congreso Internacional de Americanistas, llegó a México y presentó tres ponencias. “De manera significativa trabó amistad con Justo Sierra, ministro de instrucción pública y presidente del Congreso, y con Leopoldo Batres, conservador de monumentos arqueológicos y vicepresidente de la Unión. Guiado por Sierra y Batres y acompañado de los demás congresistas, Capitán hizo una excursión a Teotihuacan que culminó con una comida en el célebre restaurante La Gruta”. 

Producto de esa visita, Capitan recibió como regalo “dos cuchillos sacrificiales mexicas que habían sido recuperados por Batres durante sus excavaciones arqueológicas en la calle de Las Escalerillas, hoy República de Guatemala. “Los cuchillos medían 12 centímetros de longitud, de acuerdo con Capitán, y estaban finamente tallados”. 

De acuerdo con López Luján, Capitan utilizó los cuchillos para llevar a cabo sus investigaciones en su propia mano y en cadáveres, para analizar la forma en cómo se debieron haber utilizado. Describió detenidamente sus experimentos y especuló que, “con habilidad, con cuchillos recién tallados y con hombres vivos, los sacerdotes operadores debían de ir más rápidamente. Un minuto, un minuto debería de serles suficiente”. 

Una necesidad social 

Ximena Chávez Balderas, quien durante varias temporadas participó en el Proyecto Templo Mayor, a cargo del colegiado Leonardo López Luján, recordó que fue hasta 2015 cuando llegó el primer arqueólogo a la Fiscalía General de la República. “Estamos en una disciplina que realmente es tan joven como necesaria”. 

“A mí me han preguntado más de una vez: ¿por qué dejé la arqueología? ¿Por qué dejé la antropología física? No, es que no la hemos dejado, estamos aplicándola en otros lados, pero seguimos muy activos porque desafortunadamente es una necesidad social”, lamentó. 

Pero cuestionó: ¿Dónde trabajan los arqueólogos forenses? ¿Dónde están? “En las fiscalías, en las comisiones de búsqueda, ya sea en la Comisión Nacional de Búsqueda o en las comisiones estatales de búsqueda que tiene cada estado de la República, en equipos independientes, haciendo investigación, docencia y se ha lanzado una convocatoria donde solicitan arqueólogos forenses para la Guardia Nacional”. 

Si bien en México existieron reconocidos antropólogos físicos, como Arturo Romano, y en 2006 inicia la participación de arqueólogos en la exhumación de restos óseos en fosas comunes de Chihuahua, para identificar a las llamadas “muertas de Juárez”, la participación más activa de los arqueólogos en el ámbito forense, dijo Chávez, explotó con la llamada guerra contra el narco. 

“Todo esto inicia a gran escala a partir de esta llamada guerra contra el narco y desde ahí no ha parado. ¿Cuál es la diferencia de México con lo que les estoy contando de otros lugares que han tenido intervención en otros países? Y eso me parece una clave muy importante: en México no hay un desenlace postconflicto, no podemos decir: ‘ya terminó el conflicto, vamos a trabajar con las víctimas de este conflicto’. No hay un desenlace”, sostuvo. 

“Estamos trabajando con las víctimas de este conflicto, llegan nuevas y nuevas y nuevas y nuevas, entonces partimos de ese escenario y eso es lo que la ONU ha alertado como una emergencia forense. De hecho, es la ONU la que dice que existe esta emergencia forense”, explicó. 

La labor del arqueólogo forense, resumió, “va a estar enfocado en tareas de búsqueda, de localización, de excavación, en particular de recuperación de restos humanos en fosas clandestinas, en fosas comunes de panteones, en hallazgos también de superficie y en contextos más complejos, por ejemplo, formaciones geológicas como cenotes, cuevas, también puede ser en dunas, en pozos, ductos, en barrancas”. 

La identificación humana, sin embargo, es una labor interdisciplinaria. “No la hace un profesional forense nada más, participan diversas especialidades. Pero ¿qué pasa si no se identifican las personas? Hay un duelo inconcluso, ¿por qué hay un duelo inconcluso? Imagínense, la verdad es una situación muy fuerte cuando una familia te dice que descansa porque ya encontró a su muerto”. 

“A mí una persona una vez me comentó que ella era afortunada, porque había podido encontrar a su hijo muerto. En mi experiencia es la herida más fuerte que puede tener una familia, una sociedad. Y no son números y tampoco son estadísticas, tienen nombres”, sostuvo. 

El arqueólogo forense, concluyó Chávez Balderas, debe “tener empatía, ética y amor a la verdad, pero también conocer nuestras limitaciones, como peritos tenemos muchísimas. Y bueno, como ciudadanos informarnos y siempre compartir información verificada. Como ven es una arqueología muy diferente, es una arqueología del presente. Realmente no quisiéramos tener que trabajar en estas situaciones, pero es la realidad que estamos viviendo hoy”. 

Una mirada compleja y muy diferente ofreció Ximena Chávez Balderas con la conferencia «¿Arqueología del presente? La emergencia forense en México”, como parte del ciclo coordinado por el colegiado Leonardo López Luján, La arqueología hoy. La ponencia se encuentra disponible en el Canal de YouTube de la institución: elcolegionacionalmx. 

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