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Colosio: la esperanza…

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Voy a cometer uno de los mas grandes despropósitos de mi vida profesional, de alguna manera mi vida pública: tengo la plena seguridad de que Luis Donaldo Colosio Murrieta, nada hubiese significado para el país y para sus habitantes.

Lo conocí y lo traté cercanamente cuando él, senador; yo, jefe de Prensa de la institución. Nuestra relación fue cordial, amable y amistosa. Y relativamente cercana, salvo alguna ocasión que se pierde en la memoria.

No participaba en las reuniones sociales en las que estaban siempre presentes los mismos, los posteriormente popularizados como “los viudos de Luis Donaldo”.

Un par de ocasiones y por instrucciones del líder Emilio González Parra, lo visité en un sitio en la colonia Del Valle donde se recluía con sus eternos acompañantes que ahí y entre generosos tragos de bebidas espirituosas hacían acuerdos y definían actitudes y utilidad de colaboradores ausentes.

Tengo presente con mucha nitidez, que las quejas eran frecuentes y que la contestación de Luis Donaldo era calcada una y otra vez: “si está dando problemas, mándalo a… y a mí no me molestes con eso”.

Siempre me pareció un joven grato, sin muchos dobleces al estilo norteño, pero por lo mismo caminando en la línea de la mala educación y la casi inexistente empatía.

El día que lo mataron estábamos en el Senado. Los legisladores ausentes y los reporteros casi enloquecidos corriendo en busca de una opinion, de la reacción de la Cámara que, por cierto, nunca les proporcionamos.

Las reporteras, lo recuerdo bien, lloraban, se lamentaban y no se despegaban de la tele y del teletipo que tecleaba sin parar la información. De los varones no me acuerdo de nada especial. Trabajaban con las orejas fundidas con los teléfonos.

Antes de conocerse las circunstancias, ya volaban por todos lados las versiones. Y alguien, no supe quien, oportunistamente sacó a la luz el discurso de protesta. Y de inmediato se encontró la razón.

El día previo a la manifestación partidaria en el Monumento a la Revolución, don Emilio González Parra recibió del presidente Carlos Salinas la petición de un comentario sobre el discurso de Colosio.

La parte donde entonaba un mea culpa a nombre del sistema, haba sido marcada con tinta amarilla. Don Emilio estuvo de acuerdo con la necesidad del contenido, ante un pueblo lastimado en muchas formas.

Seguía, a fin de cuentas, la antiquísima tradición tricolor de responsabilizar al saliente y comprometerse a fondo en la solución de los problemas sociales.

Pero era discurso, nada más. A Luis Donaldo los compañeros de Legislatura le tenían un gran afecto. Aparte de su simpatía natural, tenían presente que era el mero cabecilla del partido.

Digamos que en manos de Luis Donaldo estaba el plumón con que se subrayarían los nombres o, en sentido contrario, se tacharían. Poder de vida o muerte política. Nada menos.

Mucho dolor, mucho movimiento en las esferas políticas cuya preocupación ahora, y por los tiempos legales, reducía la lista de sucesores.

Fue Manlio Fabio Beltrones quien en pleno jardín de Los Pinos, sugirió el desastroso nombre de Ernesto Zedillo Ponce de León.

El primer presidente mexicano legítimamente educado por Washington, logró una de las votaciones más altas para su elección.

Todo esto mientras entre confusiones y malas versiones, se extraviaba la verdad. El corresponsal de El Universal en Los Ángeles, casualmente mi hijo Carlos, dio muchas pistas que por oscuras motivaciones las autoridades nacionales escondieron.

Quizá la mas importante: la familia Aburto se movía entre la ciudad californiana y Tijuana. Siempre en forma ilegal pero aparentemente sin problemas.

El padre del pistolero que esta encarcelado pero no ha sido sentenciado, se fue al norte con todo y familia, huyendo tras asesinar a una persona en su pueblo natal.

Después de la muerte de Colosio, las autoridades gringas decidieron legalizar el estatus de toda la familia, incluyendo al padre criminal.

¿Cómo sucedió eso, cuando hay trabajadores, gente honesta y productiva, con decenas de años sin lograr la residencia? Y no se hable de la nacionalización.

Todo en torno a este crimen es oscuro. Lo cierto es que Colosio era hombre del sistema y nada más. La primera gubernatura que el PRI perdió en Baja California, Luis Donaldo lo anunció a minutos del cierre de urnas.

Estaba prevista la derrota, con comicios o sin ellos, la candidato era una senadora de nombre Margarita, a la que se impidió, inclusive, promoverse en la prensa.

Los reporteros de la fuente lo recordarán. Una maniobra tricolor, o sea nada hubiese sido distinto salvo que no tendríamos el cruel busto con que presuntamente quisieron homenajearlo…

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Periodista antediluviano, corresponsal en el exterior y reportero en méxico.

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