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Concurrida, aclamada y emotiva entrega de la presea «Desierto ícaro» a la trayectoria teatral, a Sergio Galindo

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Les comparto las palabras que expresé ayer, antes de tener el honor de entregar la estatuilla al gran dramaturgo y director teatral sonorense.

El sustantivo “trayectoria”, cuando se refiere, como en este caso, al camino recorrido por una o un artista destacado, aunque no entrañe aspectos cualitativos, nos remite (sí, ese vocablo tan inquietante, “trayectoria”), a ideales y logros alcanzados en un tramo considerable de la vida.

Cuando la identidad, el arraigo, la pertenencia, no eran lo suficientemente generalizados en un país eminentemente centralista (en aquellos tiempos en los que el historiador Luis González y González comenzaba a hablar de la microhistoria, de la matria y de las matrias, de los pueblos en vilo), de manera paralela, en un espacio del norte del país, un dramaturgo y director de teatro buscaba dar protagonismo, en una obra convertida con el tiempo en referencia y emblema, y después en otrasy otras más, al habla, las costumbres, la cultura, la forma de ver y sentir el mundo de los pobladores de la sierra de Sonora, de varios maravillosos rincones de la sierra y de otras regiones de Sonora.

Así, a Sergio Galindo le debemos la visibilidad y la presencia, en la atmósfera nacional e internacional, de rasgos distintivos de lo que somos, hacemos, creemos y soñamos en estos lares que con tantas dificultades se han sostenido y desarrollado.

Por supuesto que su valor y trascendencia no se limitan a lo expuesto, sólo hay que irse hora a hora, día a día, año a año de los comprendidos en esa trayectoria, y sopesar y valorar la relevancia del apoyo y el impulso que el gran Sergio Galindo ha dado a la disciplina teatral, a la difusión del teatro, a la formación de nuevos cuadros de actores, dramaturgos, directores, técnicos, amantes y aficionados del teatro en Sonora.

Sin el semillero desbordado de la pasión, la mente y el corazón de Sergio Galindo, de su entrega a la misión teatral; sin el abono ininterrumpido de su ahínco y voluntad, no tendríamos los frutos que tenemos ahora: un panorama rico y prometedor en ese ámbito.

Por eso el Desierto Ícaro le corresponde. Recíbelo, querido Sergio, de parte del Gobierno del Estado de Sonora y de nuestro gobernador Alfonso Durazo Montaño, a través del Instituto Sonorense de Cultura y de toda la comunidad teatral de la entidad.

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