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De errores y horrores en los libros de texto gratuitos

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Elvira García

Los libros de texto gratuitos nacieron en 1959. Los primeros ejemplares llegaron a
las escuelas primarias de México en 1960, con el gobierno de Adolfo López Mateos y
cuando el titilar de la Secretaría de Educación Pública (SEP) era el escritor Jaime Torres
Bodet, quien creó este concepto como herramienta de aprendizaje para los educandos.
Soy orgullosamente hija de la educación pública, cuando ésta era de calidad y
contábamos con excelentes maestros que deseaban transmitirnos sus conocimientos. Tenía
yo apenas siete de edad cuando recibí con alegría y sorpresa ese gran regalo que fueron los
libros de texto; no era mi caso, pero estoy segura que para algunos de mis compañeros del
salón, esos fueron los primeros libros propios que tuvieron en sus casas.

A mi corta edad, comenzaba a unir letras y crear palabras, así que no podría saber
en aquel tiempo si aquellos ejemplares tenían errores ortográficos, gramaticales o de otro
tipo. Pero ahora sé que aquel primer tiraje de libros de texto gratuitos son considerados
excepcionales pues fue la única edición que no tuvo errores. Supongo que Torres Bodet,
hombre de letras, no habría pasado por alto error alguno, de ninguna especie.
Pero don Jaime Torres Bodet terminó su periodo en la SEP en 1964. Y de ahí hasta
hoy, cantidad de agua ha pasado debajo del puente de la educación. Muchos errores y
horrores ortográficos, gramaticales y de concepto acerca de cómo narrar o presentar cada
materia, han venido acumulándose a lo largo de casi sesenta años después de aquella ilustre
primera edición, en la que trabajaron excelentes escritores como Martín Luis Guzmán, por
mencionar uno.

No sé si exista en los archivos de la SEP esa primera edición. Me encantaría
hojear y ojear esos ejemplares para comprobar que son icónicos, como lo fue aquella
ilustración que nos mostraba un oso, y unas frases cortas y sonoras, inolvidables para
muchas generaciones: “Ese oso sí se asea; ese oso se asea así”, rezaba parte de esa prosa
poética que me encantaría saber quién la compuso.
Bueno pero los recuerdos son eso, y ya. La realidad es que los subsiguientes tirajes
de esos volúmenes comenzaron a tener errores y erratas. Hasta que llegaron a tal cantidad
que se convirtieron en horrores.

Por ejemplo, a inicios del 2015, el diario El Universal publicó una nota acerca de
los diez peores errores en los libros que entregó la SEP a 230 millones de niños de
educación básica en todo el país. En ellos se encontraron 117 errores ortográficos. Algo
inaudito. Y la SEP instruyó a la Academia Mexicana de la Lengua se encargase de corregir
cada libro, pero ya los niños, sin embargo, trabajarían y leerían en esos libros con
gigantescos errores ortográficos como ocaciona; o, sovrevivieron. Y ¿qué tal eso de
“parvada de pájaros”?. Una falla de risa loca es que una ilustración de una mano apareció
con ¡seis dedos! El titular de la SEP era Aurelio Nuño, un funcionario que estudió en la
Universidad Iberoamericana y en la de Oxford lo cual, está visto, no garantiza nada.
El mal uso de las preposiciones, o de las mayúsculas también ocurrió en ese sexenio
de Peña Nieto, pero también en anteriores. Recuerdo que en el de Fox hubo serios reclamos
por los horrores cometidos en los libros de texto de su gobierno.

Bueno, y si damos un salto al régimen actual, veremos que no está exento de erratas,
errores y horrores.

Uno de esos horrores es que Marx Arriaga, el titular de Materiales Educativos de la
SEP, decidió en marzo del 2021, que no le gustaba el diseño de los libros del sexenio
anterior y abrió una convocatoria a diseñadores del país para que hicieran propuestas para
un nuevo concepto gráfico. Y resultó que 2,365 diseñadores y artistas visuales enviaron
propuestas para el diseño de 18 libros de educación primaria. Lo que no esperaban esos
creadores era que Max Arriaga, luego de conocer tales propuestas, se anotó dos errores, dos
puntos negros más en su historial: Uno, que a los diseñadores les informó que no había
dinero para pagarles, y pedía su comprensión para que trabajasen de manera gratuita, y
solidaria, sólo por el “orgullo de participar en los libros de texto gratuitos”, dijo. Y, dos,
que esperaba que, quienes aceptaran esas pésimas condiciones de trabajo, deberían entrar a
un proceso de capacitación de menos de dos meses (es decir, de marzo a mayo del 2021).
Muy a las prisas, los diseñadores aceptados por Arriaga, entregaron 1,092 materiales.

Pero no debemos dejar pasar que es un horror y una falta de empatía y de respeto
con los artistas gráficos pensar que viven del aire, y que pueden regalar su trabajo a la SEP,
una institución que cuenta (o contaba) con una partida bastante generosa para el diseño de
los libros de texto gratuitos.

Hace unos días, Arriaga reconoció el fracaso que resultó el rediseño exprés de los
libros. Y avisó que tales nuevos diseños irán apareciendo de a poco a poco, en el nuevo
tiraje de libros de texto para este nuevo ciclo escolar 2022-2023, que inicia el proximo
lunes 29 de agosto. Lo veremos.

Ahora, Marx Arriaga se embarcará en una nueva aventura sin destino claro a la
vista: el presidente López Obrador dijo en abril del 2021 que hay que modificar los
contenidos, sobre todo en la materia de Historia, que, según sus palabras, “los teóricos de
los oligarcas” escribieron para tales libros. Porque, según el mandatario, esos teóricos han
cambiado los hechos de la historia de México para, según él, que los niños mexicanos se
olviden los sucesos ocurridos en el país (¡) ¿Es en serio? o me temo que las desmañanadas
ya afectan el cerebro del presidente. También informó que hay que regresar las materias de
Civismo y Ética a las aulas de educación básica, en lo cual muchas personas estamos de
acuerdo.

Pero en lo que no coincido con López Obrador es en que haya que gastar más dinero
para modificar la manera de presentar la Historia de México sólo porque, AMLO,
horrorizado, suelta el siguiente cuestionamiento: “¿cómo vamos a dar clases con libros del
período neoliberal?”

Suponiendo que esta fuese una razón de peso, hay especialistas que indican que
primero tendrían que modificarse los planes de estudio de la SEP, pues los que hoy están
vigentes son los del sexenio anterior. Según teóricos de la Educación, hacerlo al revés, es
un despropósito. Y también un error.

Luego de tres años después de iniciado este sexenio, la SEP ha anunciado una
especie de Plan de Estudios 2022-2023, mismo que está alzando la ceja de muchos teóricos
de la educación y de brillantes profesores de aula. ¿Cómo es eso que se agruparán todos los
grados -desde preescolar hasta secundaria- en seis fases de aprendizaje? Sería bueno saber
quiénes son los asesores, los pedagogos, los teóricos que la SEP contrató o consultó para
esta propuesta, y otras tantas que parecen un galimatías.

Ya llega el nuevo ciclo lectivo y no sé si se terminaron de cocinar al vapor libros de
texto gratuito con un nuevo diseño y una orientación distinta de la historia de México. Lo
que para mí es claro es que este gobierno y sus funcionarios -en este caso de la SEP- toman 

decisiones arrebatadas, a golpe de emociones y sensaciones, y no bajo un análisis serio
hecho por especialistas en la educación y en cada materia.

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