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De la pluma de Migue Reyes Razo | Maya Palencia en el laberinto de Echeverría

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Mario Moya Palencia

Por Migue Reyes Razo

Mario Moya Palencia cultivó desde muy joven la amistad de su condiscípulo Miguel Alemán Velasco. Hijo de poderoso Presidente de México que procuró destacar en medios de comunicación. De la mano del famoso reportero-novelista-guionista cinematográfico Luis Spota Saavedra, el joven Alemán Velazco fundó «VOZ». Llamó a otro amigo de aula, Horacio Estavillo.

Vocación y dinero le permitieron producir películas. Consiguió ser socio de Mario Moreno «Cantinflas» y del actor-líder de la Asociación Nacional de Actores Jorge Negrete. A la fecha son Miguel Alemán Velazco -así está su nombre en documentos oficiales- cuenta -con gran humor- la génesis de «Dos Tipos de Cuidado». Jorge Negrete y Pedro Infante, con Yolanda Varela y Carmelita González. En el «Sanborn¨s» de Madero, en una servilleta de papel, Carlos Orellana esbozó el guión. Exitazo. Todavía me produce regalías».

Mario Moya Palencia amaba la escritura. Produjo novelas históricas. La navegación aérea. Las vísperas de los viajes al espacio. Vivir el tiempo de «Sputnik». Saber la hazaña de Yuri Gagarin -primer cosmonauta- formado en la URSS. Hasta la primera mujer que orbitó el planeta, la rusa Tereskova. Y la perrita «Laika». El 4 de Octubre de 1957 marcó la existencia de Mario Moya Palencia y su amigazo Miguel Alemán Velazco.PUBLICIDAD

En los últimos años del sexenio de don Gustavo Díaz Ordaz desde la Secretaría de Gobernación se creó la Agencia Noticiosa Notimex. Imagen de México en el Mundo». Desde sus oficinas de Insurgentes Sur 1700 se dispersó por el país y creció en estratégicos puntos del mundo. Desde su despacho en la Secretaría de Gobernación, Mario Moya designó a su muy amigo Horacio Estavillo y a su cercanísimo Aníbal Silva Aguilar.

El grupo que seguía -labraba- el destino de Mario Moya Palencia vio en Notimex un instrumento ideal para divulgar por todos los rincones del país la obra del Presidente Luis Echeverría. Juventud era el sello de esa administración. «Que vengan los que todavía no cumplen cuarenta años». Fausto Zapata Loredo. Francisco Javier Alejo, Mauro Jiménez Lazcano, Fernando Ortiz Arana, Rodolfo Echeverría Ruiz, Carlos Armando Biebrich, Roberto Albores Guillén. «Un hombre ante su pueblo» ocupó gran espacio cotidiano en la radio.

Y en la televisión el joven reporterazo y agradable conductor de noticiarios Guillermo Ochoa se prodigó los domingos con emisiones que describían la intensa actividad del Presidente Luis Echeverría. Guillermo Ochoa compartía estudio con las muy atractivas e inteligentes Lourdes Guerrero y Lolita Ayala.

«Padrino de oro» bautizó a Mario Moya Palencia -Secretario de Gobernación- el audaz reportero Gustavo Mora. Autor de la columna «Vida y Milagros…que publicaba todos los días en el muy leído «Novedades». Mora la compartió durante varios años con Guillermo Ochoa quien atrajo la atención de don Julio Scherer García que lo captó para el formidable «Excélsior».

«El Presidente Echeverría te pide, querido Gustavo que ceses tus exagerados elogios hacia el secretario de Gobernación, el licenciado Mario Moya Palencia. Te ruega que dejes de llamarlo «padrino de oro». -solicitó al periodista el cercanísimo colaborador de don Luis Echeverría, Fausto Zapata Loredo.PUBLICIDAD

Fausto Zapata. Originario de San Luis Potosí. Reportero en su terruño. Le quedó chico. Vino a México. Ingresó al periódico «La Prensa». Próximo a Alfredo V. Bonfil y a Augusto Gómez Villanueva -líderes de los campesinos de México.- se interesó en la política. Afecto a la cultura, hombre de gusto refinado, Fausto Zapata alcanzó fama y cercanía con el secretario de Gobernación Luis Echeverría.

Cuando a Don Luis se le hizo «La Grande», confió su comunicación al joven Fausto Zapata. Practicante intenso de artes marciales -judo, karate- se mantenía muy distante del alcohol y la fiesta. De trato suave, agradable, procuró la amistad de artistas, pensadores, escritores. Gestión que procuraba elevar la imagen del juvenil infatigable Presidente de la República. Hasta en sus alimentos intervino Fausto Zapata.

Si Echeverría decidía agotar de la mañana a la noche o hasta la siguiente madrugada su jornada de trabajo, entonces «Prendes» se encargaba de alimentar a decenas de colaboradores. Amador Prendes estaba muy al tanto del gusto y paladar de Echeverría. Cientos de «Filete Chemita» salían de las cocinas del restaurante de la calle 16 de septiembre. Ates, jaleas, quesos a guisa de postre. Un día, al ver la cuenta Fausto Zapata protestó. «Esto es muy caro, Amador». A lo que el educado alimentador le devolvió: «Lo bueno, siempre es caro, señor».

«Hombre de guayabera» llamó la prensa a Echeverría. «Afecto a las aguas frescas. De melón: de sandía. De chía de horchata. Infatigable. Incansable. Tres, cuatro horas de sueño -se decía- lo recuperaban. Su preferencia : Los indígenas. Coras, tepehuanes y huicholes. Para ellos «Plan Huicot». Con ellos fiestas de fin de año. También con tarahumaras en los inhóspitos -devastados por ambiciosos políticos- llanos , antes bosques de Chihuahua. La Profortarah.

El pueblo lo llamó «Don Luis». A su esposa, «María Esther». Dulce, encantadora jalisciense la sensible señora educada al calor de la Revolución Mexicana, hija de Don José Guadalupe Zuno. Batallador. Político. Educador. Madre de muchos hijos los educó en el trabajo. Les mostró la riqueza del país. Orgullosa del rico arte popular mexicano ser dio a protegerlo y divulgarlo. Elevarlo y mostrarlo con orgullo a los ojos del mundo. Doña María Esther Zuno de Echeverría nunca se refirió a su esposo como «mi marido» «el padre de mis hijos», «el jefe de nuestra familia» «el señor de la casa». No. «Echeverria dice. Echeverría opina. Pregúntenle a Echeverría». Esas eran sus salidas. Y en celebraciones oficiales lucía sus saberes sobre los bailes y atuendos de originarios mexicanos. Rebozos, hipiles, lentejuelas, anchas amplias faldas, primorosas blusas, finos textiles.

«A veces nomás falta que se eche encima un molcajete»- criticaban frívolas encopetadas damas de sociedad. Que no perdían la oportunidad de visitar Palacio Nacional o Los Pinos en noches de gala.

Resabios del 68. Rencores por el violento exterminio del Movimiento Estudiantil. Exigencias de democracia. Ansias de libertad. Echeverría retó a su partido y a su jefe, el Presidente Díaz Ordaz al homenajear en la Universidad Nicolaita de Michoacán a estudiantes caídos ahí en tiempos del Rector Elí de Gortari y los del 2 de octubre en Tlatelolco. «Se le tambaleó la candidatura. El «Bocas» -así apodaban a Díaz Ordaz- sopesó la posibilidad de «enfermarlo» y postular a otro. Quizá a su compadrazo e incondicional Alfonso Martínez Domínguez.

Mario Moya Palencia se dio a la tarea -desde la Secretaría de Gobernación- de impulsar al cine mexicano. Convocó a los mejores realizadores. «Hagan el cine que quieran. El Banco Nacional Cinematográfico -idea de Rodolfo Echeverría, actor, político líder de la ANDA y hermano del Presidente de la República- los apoyará. El Presidente Luis Echeverría apoya al talento mexicano. Recuerden su lema. «México: Arriba y adelante».

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