Inicio TURISMO/CULTURA De membrillo y otros ates…

De membrillo y otros ates…

252

Membrillo, manjar celestial. En un texto sobre La Mariposa el desayunadero y fábrica artesanal de dulces regionales, situado en el centro de Querétaro, muy al paso se menciona el ate de membrillo.

Originario y orgullo moreliano, el ate de membrillo se importaba de tierras tarascas. El camino lo conocí no hace demasiados años, corría a lo largo de un río canrarino con un bello muérete colonial.

Esto era al ingresar a Jerécuaro. Del otro lado flanqueaban enormes árboles, en eterna humedad, las ramas hasta el piso y un intenso olor vegetal que acompañaba al viajero hasta los límites con Acámbaro, sin T, enfilado a la capital purépecha.

Curioso, pero siendo el membrillo uno de los ates preferidos, lo comían en trozos con queso, a mordida limpia en insuperables que terminara las orillas o tiras. Siempre, sin embargo, imponiendo el guayabate

En Morelia y vale visitarlo hasta por curiosidad, una calle abajo de la Calle Real, de la Biblioteca y San Nicolás, hay un portal colonial donde expenden dulces artesanales, gusanos de leche, borrachitos y desde luego el chocolate de metate, dulce o amargo.

Claro, los chongos zamoranos, las golas de mezcal hervidas en miel de piloncillo, charamuscas y hasta las changungas enmieladas, saladas y la incomparable fruta en vinagre.

Para ilustrar ignorantes. Los pueblos, las etnias sometidas de los alrededores, colimotes, guerrerenses y guanajos, ante la dificultad de pronunciar una palabra tan larga, la dejaron en nanches. Los jalisquillos aparte, felices gritando ay, ay, ay, pum, pum, pum.

Un sueño imposible para cualquier persona diabética, pero al igual que con el membrillo, por allí metió la cola el Diablo y descompuso todo.

Tengo dos semanas intentando escribir esto; las letras van y vienen y no alcanzo a concretar mi teoría del fruto prohibido. Lo dejaré para tiempos más claros en lo visual perdonanza y todo bien, sin problemas. Saludos y abrazos.

Apunte de salida, desde Ia primera infancia, hacíamos las nieves de frutas en casa. Era tradición tan arraigada como hacer la cajeta y los agresores, igual el chocolate.

El poblado donde se afincó industria y costumbre, se llama Tocumbo. Puede recorrer del Pacífico al Atlántico y de Sonora a Yucatán y puede apostar que en cada poblado habrá muy a la vista, una Michoacana, una Flor de.. etcétera, con el emblema característico: una “GUARE” ofreciendo un barquillo.

Y con toda seguridad atrás del mostrador y del bote con las nieves, un tocumbense lo auxiliará.

Amigo lector, los errores de mi ceguera son. Vale…

Artículo anteriorLos ciber informadores ¿ya personifican al nuevo periodismo?
Artículo siguienteAlejandra la valiente, Delfina la resistente
Periodista antediluviano, corresponsal en el exterior y reportero en méxico.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario
Por favor ingrese su nombre aquí