En Europa asimiló las principales tendencias de la época, amplió y perfeccionó técnicas, expuso Sandra Zetina, de Estéticas.

Diego Rivera fue uno de los grandes artistas plásticos y dentro de su obra realizó pinturas para Henry Ford, Los murales industriales, y para los Rockefeller el mural El hombre en la encrucijada. Es considerado el artista continental de la década de 1930, dijo Sandra Zetina Ocaña, académica del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE).

Al participar en el Mes de México en la Sorbona. Esplendores de Ayer y Hoy, organizado por la Sorbonne Université y la Sede UNAM-Francia (Centro de Estudios Mexicanos), la universitaria hizo un recorrido por la trayectoria del muralista guanajuatense en su viaje a Europa, donde amplió y perfeccionó sus técnicas y conocimientos pictóricos en España, Francia e Italia, y donde permaneció hasta 1921.

Durante ese tiempo, indicó, Diego Rivera asimiló las principales tendencias de los movimientos artísticos como el impresionismo, posimpresionismo y cubismo.

En la conferencia virtual, La Importancia del Aprendizaje de las Vanguardias en París de Diego Rivera, mostró la manera en que las culturas mexicana y francesa del siglo XX se intersecaron en la figura del pintor, “en particular lo que he llamado el aprendizaje de las vanguardias, lo que tomó de las vanguardias parisinas, pero también lo que él aportó”.

Sandra Zetina resaltó la calidad de las aportaciones de Rivera al arte mexicano y mundial, principalmente por sus pinturas en los muros de la Secretaría de Educación Pública, época en la que tomó plenamente un estilo y comenzó a crear ese potente imaginario sobre la Revolución y la población indígena en México.

Además, abundó, como muchos otros artistas retomó festividades y tradiciones indígenas, “pero en esta fórmula plástica que integran las tradiciones prehispánicas, indígenas, el arte popular y el europeo, y todo lo que aprendió de las vanguardias”.

Recordó que, junto con José Clemente Orozco, Diego Rivera fue parte de una vanguardia que creó un imaginario de la posrevolución; en realidad “esta generación se atrevió a imaginar una nueva perspectiva, la historia de México que, como muchas otras de América Latina, había cargado el peso de una historia colonial, pero también la única que se había cimbrado por una revuelta popular”.

Por ello, es importante pensar en Rivera como esa gran figura que creó todas estas imágenes sobre el pasado y presente mexicano, que cubrió los muros de México con imágenes de los tintoreros o la maravillosa pieza que plasmó en el Palacio Nacional, “donde se atrevió a volver a pensar la Conquista de México y cómo había ocurrido”.

Cometido político y social

Expuso que el muralista, famoso por plasmar obras de alto cometido político y social en edificios públicos, fue sumamente anticolonialista, en ello influyó mucho lo que vivió en París. Sus nexos con el surrealismo los plasmó en una imagen del mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, donde se mezclan figuras del porfiriato con iconografías que aparecían en la gráfica de José Guadalupe Posada, como La Catrina.

Asimismo, la especialista subrayó que a Diego Rivera hoy se le conoce más por haber sido esposo de Frida Kahlo, figura femenina que ha tomado mucha relevancia por su forma tan subversiva de autorrepresentarse, de autovivir su dolor, mostrar su vida y su relación con Diego Rivera. Ambos recuperan mucho del arte antiguo y tuvieron una fuerte colaboración creativa que partía, en gran medida, de su militancia comunista.

Detalló que Diego Rivera estudió entre siete y ocho años en la Escuela Nacional de San Carlos. En 1907, a los 21 años, viajó a Europa, en 1909 pasó por París; en 1910 regresó a México por una exposición y en 1911 volvió a París, donde conoció a Pablo Picasso para quedarse allá hasta 1921, durante este tiempo pasó por muchas corrientes vanguardistas que hubo en ese momento en Europa. Comenzó a experimentar con el cubismo y transitaría por una serie de etapas diversas en relación con el trabajo y los círculos artísticos con los que se mezcló.

Por último, mencionó que así como Picasso miró hacia la cultura griega para crear un nuevo clasicismo, el aprendizaje que Diego Rivera tuvo en las vanguardias parisinas le sirvió para reinventar su cultura y volver a mirar el arte prehispánico y crear imágenes en sus murales.

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