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El mejor químico mexicano del siglo XX

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Incursionó en el estudio de los productos naturales, y llevó a cabo trabajos sintéticos de alto nivel.

Jesús Romo Armería (1922-1977) fue, sin duda, el mejor químico mexicano del siglo XX, como lo muestra su trayectoria académica, y orgullosamente formó parte del Instituto de Química (IQ) de la UNAM, donde se le recordó con motivo de los 100 años de su natalicio.

William Lee Alardín, coordinador de la Investigación Científica, destacó que Romo “trabajó mucho para que ustedes tengan hoy lo que nos rodea”.

Hace décadas, durante las que trabajó el doctor Romo, la investigación en general, y la química en particular no eran lo que son hoy. “Si nos rodean bibliotecas como esta que lleva su nombre, laboratorios, infraestructura y posibilidades para los estudiantes que vienen a aprender la química de primera mano, es justamente por personas como él”.

Vale la pena apreciar eso de vez en cuando, y este es un momento en que se puede reflexionar al respecto, sobre la contribución que hicieron tales personas. “Ya pasó un buen número de años desde que el doctor Romo falleció, pero su legado queda; no se ha ido, sigue con nosotros en la medida que podamos continuar su ejemplo y aprendizaje”. Lo que dejó al IQ y a la Universidad va a seguir acompañándonos.

Para alguien que se dedica a la academia, expresó Lee, “me puedo imaginar pocos homenajes tan sentidos como que el nombre de uno esté puesto en una biblioteca, porque vivimos aprendiendo”. Ese es el caso de Jesús Romo Armería.

Luis Demetrio Miranda Gutiérrez, director del IQ, recalcó que se celebra el natalicio de Romo Armería, “uno de los pilares fundamentales de nuestro Instituto del siglo pasado y de este, porque la semilla que nos heredó sigue floreciendo a través de científicos y líneas de investigación, y vive en este maravilloso recinto que lleva su nombre”.

El homenajeado no sólo incursionó en la química de los productos naturales, sino también llevó a cabo trabajos sintéticos de altísimo nivel, e incluso, estudios mecanísticos físico-químicos, mucho de ese trabajo en vinculación con la compañía privada Syntex.

Romo fue un químico hecho fundamentalmente en México, quien desarrolló investigación de punta, también desde nuestro país, en los años 60 y 70 del siglo pasado, destacó el director.

En este evento, refirió Miranda, aprovechamos también para reconocer y homenajear a tres distinguidos académicos del Instituto: Cecilio Álvarez y Toledano, Francisco Yuste López y Raúl Enríquez Habib, que este año cumplen 50 años de trayectoria en nuestra Universidad; medio siglo de investigación al más alto nivel, y quienes también son pilares fundamentales del Instituto, formadores de generaciones de investigadores distribuidos por todo el país.

Felipe León Olivares, profesor de la Escuela Nacional Preparatoria, al dictar la conferencia Jesús Romo Armería: una vida ejemplar en la investigación química, recordó que el homenajeado nació en la ciudad de Aguascalientes en 1922, donde realizó sus primeros estudios.

A Romo se le recuerda como interesado en formar a las futuras generaciones de químicos e investigadores; algunos de sus discípulos aún laboran en la industria e instituciones educativas. Fue fundamentalmente un académico que vinculó magistralmente la docencia y la investigación científica, que incursionó en la administración de la investigación, y que nunca abandonó sus actividades habituales, refirió León Olivares.

Cecilio Álvarez y Toledano explicó que Jesús Romo tenía “el don de la química, y muy buenas manos”. Era un observador del mundo y sus cambios. “La tarde del 10 de enero de 1967 colgó un termómetro en el exterior de una ventana y lo revisaba frecuentemente; estaba haciendo frío y llovía. Aquel día nos fuimos ya de noche, y al otro día Ciudad Universitaria y la Ciudad de México estaban cubiertas de nieve. Él ya presentía que iba a nevar”.

Era un hombre culto. Amaba y cultivaba todas las artes, tanto la literatura como la historia y la música. “Nos motivaba y formaba por medio de amenas charlas. Estábamos trabajando y él platicaba de cualesquiera de esos temas. Como buen profesor, quería formarnos más allá de ser químicos y educarnos como seres responsables a nivel profesional. Se hacía respetar mostrando siempre prioridad por el trabajo”.

Pero en el Instituto, Romo Armería no estaba solo; era uno en un grupo de científicos, todos líderes en sus áreas, quienes han sido los pilares de la entidad y “gracias a ellos ha tenido las sólidas bases que le permiten ser lo que es ahora”. Ellos, concluyó Álvarez, tuvieron una importancia trascendental en el desarrollo de la disciplina, no sólo en la UNAM, sino en los ámbitos nacional e internacional.

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