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En México tenemos un sistema de justicia incapaz de procesar desapariciones: Claudio Lomnitz

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    • Bajo el título “La justicia y la verdad como horizonte para el análisis de contexto de las desapariciones”, Claudio Lomnitz, miembro  de El Colegio Nacional, ofreció la quinta lección del curso Antropología de “la zona de silencio”.
    • Desde la reflexión del antropólogo social, en México no tenemos un sistema de justicia capaz de procesar casos y, específicamente,  desapariciones.
    • “Los políticos y los partidos políticos prefieren siempre analizarlo como un  problema de gobierno y no como un  problema de Estado”.
    • Entender cuál es la vida social de una carpeta resulta fundamental para comprender la relación de justicia y zona de silencio, destacó Lomnitz.

La zona de silencio no pertenece exclusivamente a la esfera pública o a los medios de comunicación, sino también los efectos de silenciamiento en diferentes ámbitos, por ejemplo, “para usar este tipo de expresión medio católica, el tejido social, ya sea en la parte, digamos, de la economía lícita o en la parte de la economía ilícita”, señaló Claudio Lomnitz, miembro de El Colegio Nacional, al dictar la quinta lección del curso Antropología de “la zona de silencio”, bajo el título “La justicia y la verdad como horizonte para el análisis de contexto de las desapariciones”.

Impartida de manera presencial en el Aula Mayor de la institución, transmitida también a través de sus redes sociales, el antropólogo social se enfocó en una tercera dimensión “en la producción de zona de silencio” que hay que tomar muy en cuenta, la cual está estrechamente vinculada con la falta de justicia o el aparato de justicia, convertido en un espacio de construcción de verdades compartidas.

Si en un momento dado lo que existe es un aparato de justicia incapaz de procesar casos, significa que estamos en una situación en la cual no existe la capacidad interna de generar una verdad legal, una verdad que pueda convertirse en un terreno de verdad compartida.

El ejemplo más claro de lo anterior se encuentra en el caso del juicio a Genaro García Luna, de quien en la actualidad estamos convencidos —antes quizá lo estaba la mayoría también, pero no todo mundo— de que es culpable y, por ello, fue juzgado. El problema, desde su perspectiva, es que su juicio se realizó en Estados Unidos, donde sí cuenta con un sistema de justicia capaz, en un momento dado, “de generar una idea de verdad compartida”.

“Lo interesante de ese caso para mí es que en México muchos estaban de acuerdo de su culpabilidad, aunque ahora ya es una verdad indiscutible: lo que no tenemos en México es un sistema de justicia capaz de procesar casos, específicamente, desapariciones y esto no es un tema zacatecano, sino de trata de un tema nacional; hay una capacidad ínfima de resolver judicialmente casos de desaparición”. 

En ese sentido, hay una gran cantidad de desapariciones que no se han denunciado; por lo tanto, no están en el Registro Nacional de Personas Desaparecidas,  información que ha salido de manera constante en las entrevistas que el antropólogo social ha podido realizar: “en muchos casos no hay denuncia y la impresión que da esto es que hay, digamos, alicientes muy grandes para no denunciar”.

“Si tu hijo estaba trabajando en el crimen organizado y desapareció, el que lo vayas a denunciar puede ser muy riesgoso con la organización que lo mató y lo desapareció, pero también poco eficaz, porque de todas maneras esas organizaciones están funcionando desde hace rato y nadie ha hecho gran cosa al respecto”.

En los casos en que sí hay denuncias se encuentran casi siempre expedientes abiertos, investigaciones abiertas durante más de una década, mientras los familiares sólo están a la expectativa: “me desaparecieron a mi hija, me desaparecieron a mi hermano en el año 2010 y yo sigo haciendo trámites y de vez en cuando sale algún policía ministerial a hacer una indagación relacionada con el caso”, lo cual significa que el expediente a veces está totalmente frío, pero de vez en cuando sigue habiendo algunas diligencias que se hacen.

“Lo que tienes”, destacó el investigador, “es un expediente abierto y la sospecha de que seguirá abierto, porque normalmente no se terminan de ejecutar; entonces, esa situación en que hay una denuncia, hay una carpeta de investigación, pero no existe la capacidad de cerrar el caso, genera también una dinámica que es importante tomar en cuenta en la idea de la zona del silencio”.

El problema de Estado

Un segundo tema abordado por Claudio Lomnitz que poco se toma en cuenta es cómo acercarse al problema, en especial cómo entenderlo desde la parte más política: un problema de Estado versus un problema de gobierno, y las implicaciones que eso tiene para la zona de silencio.

“Si tú piensas que las desapariciones son principalmente deficiencias de un gobierno, por ejemplo, de un gobernador, de un presidente municipal o de un procurador, el nivel de escándalo casi siempre está al nivel de la ley, de su ineficacia, o de la corrupción del individuo tal, del despacho, de una institución o del director o directora de una oficina.

“Pero si resulta que el problema es de Estado, la dinámica del análisis es muy diferente: los políticos mismos y los partidos políticos prefieren siempre analizarlo como problema de gobierno y no como problema de Estado, porque al verlo como problema de gobierno, la desaparición tiene una cierta productividad política y si tú eres partido oposición es un problema de gobierno, entonces ‘si yo estuviera en el gobierno lo haría mejor que la otra persona que está aquí’”.

Así, cada desaparición es un escándalo que potencialmente me favorece en mis posibilidades de llegar al puesto tal o a una diputación, con lo cual se genera la imagen de que se trata más bien de un problema de corrupción, “el abordaje que yo quisiera tomar en esta investigación busca realmente partir del otro punto de vista: verlo ciertamente  como un problema de Estado y no como un problema de gobierno”.

Desde su ingreso a El Colegio Nacional, Claudio Lomnitz ha apostado por transformar el acercamiento a los problemas de violencia e inseguridad que se viven en México, como fue el primer ciclo, convertido en el libro El tejido social rasgado (2022), en donde se ofrece ese alegato: “Este es un problema de Estado, incluso tenemos un nuevo tipo de Estado que surgió a partir de las reformas neoliberales”.

“En este caso también considero que no hay duda, por ejemplo, de que hay relaciones ocasionales entre desapariciones y gobiernos, lo que se puede ver en el caso de Zacatecas; incluso, a nivel estadístico, esto se puede ver si uno analiza los números de desaparecidos que salen en el Registro Nacional de Personas Desaparecidas, donde aparece el año en que fueron desaparecidos y el lugar de donde eran originarios.

“Con esta información se pueden hacer gráficas y constatar, por ejemplo, que cuando hay años electorales, ya sea a nivel de gobierno local o del gobierno federal, suceden cosas con las desapariciones que quizá, no son súper dramáticas, pero sí pueden ser medidas y esto sugiere que las desapariciones no son un fenómeno que esté totalmente separado, por ejemplo, de consideraciones electorales y, por lo tanto, de cuestiones específicamente de gobierno”.

El hecho de que la clase política tenga un interés en presentar este problema no como un asunto de Estado, sino como de gobierno, en sí mismo genera cierta clase de retórica y cierto tipo de política, sobre todo de las declaraciones políticas, incluso la falta de las mismas que, en un momento dado, sirven para silenciar una situación.

“A veces, los gobiernos no quieren que se sepa la verdad, prefieren ocultarla con políticas públicas y, si queremos hacer una antropología de la zona de silencio, resulta importante entender cuál es la vida social de una carpeta de investigación; es decir, cómo sucede y qué sucede desde el momento de inserción, cuando se presenta una denuncia, cuáles son las cosas que va pasando en la historia de una carpeta de investigación que queda abierta para desaparecidos”.

Para el colegiado, entender cuál es la vida social de una carpeta resulta fundamental para comprender la relación de justicia y zona de silencio; con ello, se necesita regresar a la idea de un Estado extrañado de sí mismo, tema analizado en su segundo ciclo de conferencias, cuando desde una institución estás en conflicto franco con lo que está haciendo otra institución del mismo Estado.

“Uno de los ejemplos grandes de esto es el extrañamiento de una serie de instituciones federales respecto de la operación de las policías preventivas en todo el país, las cuales operaban de un modo totalmente desconectado de otras instituciones; el segundo sentido tiene que ver con el Estado con una imagen fetichizada, donde existe la idea de que el Estado representa la soberanía popular”.

Así, Claudio Lomnitz reconoció que, para tener una visión más general del tipo de Estado de que se ha hablado tiene que estar relacionado con la zona de silencio, sobre todo, con el interés de la clase política por verlo “siempre como un problema de gobierno y no como un problema de Estado”.

“Eso genera cierto tipo de dinámica de silenciamiento: declaraciones o formas para minimizar o esconder las desapariciones de parte de los gobiernos, porque se sienten responsables como gobierno, en lugar de verlo como un tema de Estado, para tratar de no pagar, por ejemplo, el costo electoral o el costo político de tal desaparición o de tal escándalo”.

“La justicia y la verdad como horizonte para el análisis de contexto de las desapariciones”, título de la quinta lección de Claudio Lomnitz, miembro  de El Colegio Nacional, ya se encuentra disponible en las transmisiones en vivo a través de las plataformas digitales de esta institución.

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