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Especial Dolor ¡Una punzada en la muela!

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Por Elisa Domínguez Álvarez Icaza, Ciencia UNAM-DGDC

Es probable que recuerdes un dolor de muelas punzante y particularmente incómodo, o la ocasión en la que sentías los músculos alrededor de la boca tensos. Es porque nuestro sistema orofacial es muy sensible.

Esta zona está llena de terminaciones nerviosas, dientes, músculos y huesos que pueden ser la causa detrás de las molestias.

El doctor Fernando Ángeles, de la Facultad de Odontología de la UNAM, estudia este sistema, conformado por todos los órganos y tejidos que tienen que ver en los procesos de respiración, succión, alimentación, habla y fonación.

Si somos víctimas de un dolor penetrante y molesto, lo debemos tomar como señal suficiente para prestarle atención inmediata y hacer lo posible para prevenirlo en un futuro.

Molestias intensas

Un gran porcentaje del dolor tiene su origen en las caries. De acuerdo con el Sistema de Vigilancia Epidemiológica de Patologías Bucales, 93.3% de los adultos presentó prevalencia de esta enfermedad  en el censo del 2020.

La nutrición y la higiene dental juegan un papel fundamental en su proliferación. La ingesta de azúcares refinados estimula la acción de microorganismos que destruyen  los esmaltes. Los alimentos muy ácidos, como el vino o los cítricos, también debilitan esta capa.

La Asociación Dental Estadounidense recomienda esperar cerca de una hora para cepillar nuestros dientes después de haber comido esos alimentos, porque justo después de la ingesta es cuando el esmalte se encuentra más débil.

Las caries siguen una ruta muy clara: al generarse, pueden llegar hacia el esmalte y destruirlo; deterioran la dentina (el tejido subsecuente),  y continúan hacia la pulpa. El proceso bacteriano conlleva problemas de la encía; pérdida de hueso y movilidad;  inflamaciones; y fracturas dentales. Y sobre todo, son profundamente molestas.

El dolor en la pulpa, el tejido blando que alberga todas las terminaciones nerviosas, se conoce como “pulpitis”. Aparte de las caries, los traumatismos o golpes también pueden manifestarse como terribles pulsaciones intensas en esa zona.

La sensibilidad dental es otro problema. Sucede cuando las ramificaciones quedan expuestas al perder la protección de cemento dental, de la dentina o ante la retracción de las encías.

Asimismo, los desequilibrios entre los distintos elementos de la boca son fuentes de dolor, menciona el académico. Por ejemplo, cuando hay una mala relación dental; es decir, si una pieza se ha perdido. Otra causa es el bruxismo, ese rechinamiento de los dientes sin ningún propósito funcional. Algunos lo hacen durante el día y otros en la noche.

Cuando nuestras defensas están bajas, sufrimos llagas en la boca, las llamadas aftas. No tienen un origen específico pero están ligadas a pacientes con temperatura alta o a una deficiencia inmunológica.

Problemas que escalan

El dolor dental no sólo remite a problemas en la boca. Cuando las infecciones no son tratadas adecuadamente pueden propagarse y afectar otros órganos. Se han hecho estudios sobre la asociación entre la mala salud bucal y los problemas del corazón, debido a la propagación, mediante el torrente sanguíneo, de bacterias y otros gérmenes de la boca.

No hay cifras sobre problemas dentales asociados a males mayores, pero se estima que durante 40 años de carrera profesional un dentista puede toparse con una docena de casos que expresan esta relación, asegura el doctor.

El malestar también puede ser un síntoma de problemas en otras partes del cuerpo. Hay enfermedades como el lupus que pueden desencadenar problemas en las articulaciones, incluyendo las mandibulares.  

En la búsqueda del alivio

El doctor Ángeles es jefe del laboratorio de Fisiología Oral de la División de Estudios de Posgrado e Investigación en Odontología. Para determinar qué tipo de tratamiento necesita cada paciente, se evalúa su situación inmediata y las causas detrás del problema. Por ejemplo, un factor asociado al bruxismo es el estrés. Una solución que se limite a los dientes no es suficiente.

Primero se hace una historia clínica estandarizada, que ayuda a revelar anomalías en los aparatos y sistemas del paciente. Otra herramienta auxiliar es la imagenología, que permite obtener registros visuales del interior de la boca como las ortopantomografías, radiografías panorámicas de las estructuras dentales y la boca.

En el laboratorio se llevan a cabo estudios para ir más allá del diagnóstico inmediato. Hay investigación alrededor de los trastornos de la articulación temporomandibular; cuando las personas sienten que truena su mandíbula; tienen dolor al masticar; o son hipersensibles en esa parte.

Las nuevas tecnologías han contribuido mucho a mejorar los resultados y la experiencia al acudir al dentista.

El especialista cuenta con cuatro patentes de electrofisiología aplicada a la oclusión, definida como el alineamiento y el contacto entre los dientes. Son registros electromiográficos, es decir, registran la actividad eléctrica de los músculos y las células nerviosas a través de un software. Elaboran alrededor de 3,000 registros al año que permiten ver la evolución de los pacientes.

Por una cultura de la prevención

“Sólo acudimos al dentista cuando sentimos dolor, no antes”, enfatiza el doctor. En general, hace falta formar hábitos más constantes de higiene y atención.   

El miedo al dentista también juega en nuestra contra. “Es importante no considerar a este profesional como la última solución, sino como un medio preventivo”, agrega Ángeles.

Una visita cada cierto tiempo puede evitar la generación de nuevos problemas. Se recomienda acudir cada seis meses.

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