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Frente al conservadurismo, el habla popular dio la cara por el español mexicano en el siglo XIX”

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  • El lingüista Luis Fernando Lara, miembro de El Colegio Nacional, inició la segunda parte de su curso Historia del español de México 2023.  
  • La primera lección, dictada en el Aula Mayor, llevó por título “La lengua nacional en el siglo XXI”.  
  • La idea de que tras la Independencia el español se «desviaría» en México de la raíz ibérica correspondía más a una derrota política del bando conservador, dijo.  
  • La conciencia del desvío de la lengua sigue dejando «medio mudo» al mexicano, quien cree necesitar del aval de la Academia Española para validar su forma de hablar, en palabras del colegiado.  

       El “desolador” siglo XIX “dio al traste” con las posibilidades de fortalecer “un español plenamente mexicano” y, aunque algunas voces pugnaban por regresar al “estado colonial”, el habla popular se convirtió en la forma de expresión “más apreciada”, sostuvo el filólogo Luis Fernando Lara, miembro de El Colegio Nacional, al inaugurar la segunda parte del curso “Historia del español de México 2023”.  

    En el Aula Mayor de la institución, y de manera virtual a través de sus redes sociales, el colegiado impartió la lección “La lengua nacional en el siglo XIX (1)”, donde expuso los intentos de un grupo de escritores como José María Luis MoraMelchor Ocampo o Guillermo Prieto, por mexicanizar la literatura y crear una literatura nacional.  

    Sin embargo, señaló, personajes como Lucas Alamán emplearon la palabra conservador “en el sentido de conservar lo más posible las instituciones políticas heredadas de España”. Otros, como Justo Sierra, desde el bando liberal, se opusieron. Esta lucha ideológica, entre liberales y conservadores “marcó al siglo”.  

    Lara citó a José Luis Martínez y su capítulo ‘México en busca de su expresión’: «En esta sucesión de enfrentamientos ideológicos y generacionales, el triunfo de uno de los bandos y la consiguiente toma del poder originaba, fatalmente, un cambio radical en la vida del país y, en consecuencia, en el campo de la cultura».  

    Todas estas luchas que hubo entre centralistas y federalistas, agregó, “en donde participaba uno de nuestros peores presidentes de la República, que fue Santa Anna, por supuesto que dieron al traste con las posibilidades de México en ese siglo”, y los escritores liberales se encargaron de dejar un “testimonio magnífico” sobre una de las épocas “más desoladoras de la nación”.  

    “Incluso se temía que México dejara de ser una nación independiente y retornara al Estado colonial —como dice José Joaquín Blanco en su prólogo a la edición queretana de Viajes de Orden Suprema, de Guillermo Prieto—, sino también de perder un español plenamente mexicano, y no como mero dato folclórico, sino como una manifestación de sus propias maneras de hablar”.  

    En ese panorama, “el poema popular de combate político que se distribuía en hojas volantes por las ciudades es un dato del español mexicano de esa época, y de cómo su carácter popular era lo que más se apreciaba”, dijo el lingüista. Lara citó, por ejemplo, La marcha de los cangrejos escrita por Guillermo Prieto para burlarse de la orden del gobierno de Santa Anna de hacer un concurso para componer un himno nacional.  

    El colegiado insistió en que “para los mexicanos que vivieron la coyuntura de la desaparición de la Nueva España y la Independencia de México, la lengua era la misma, no había lugar para pensar que tuviera unas peculiaridades que pudieran constituir un desvío de la tradición culta española, como puede uno comprobarlo en las obras de Lizardi y de sus contemporáneos”.  

    Y más aún, fueron personajes como el conde José Justo Gómez de la Cortina (1799-1860) “quienes comenzaron a insistir en que la lengua nacional de los mexicanos tendía a desviarse de los usos correctos de la lengua en España, o dicho con más precisión: de los usos que los académicos españoles consideraban correctos”.  

    La idea del desvío del español mexicano, sin embargo, «correspondía más a la derrota política que habían sufrido los mexicanos, proclives a conservar la herencia colonial, que a la observación cuidadosa del estado de la lengua en México durante el siglo XIX».  

    En la defensa del español mexicano se ubicó también Ignacio Manuel Altamirano, quien escribió: «Los creadores de la literatura deben tener su fuente de inspiración en su país y en su propio corazón. Si para esto fuera necesario romper las ligaduras de las reglas para crearse una lengua propia en qué expresar sus sentimientos, en qué dar nombre y cabida a objetos de su país, no importaría si la lengua refleja la naturaleza, el espíritu y costumbres de un pueblo”.  

    Ocampo, el primer defensor  

    Un “hombre culto, quien había nacido en Maravatío, Michoacán, en 1814, y formaba parte de la primera generación nacida en el México independiente” fue también “quien hizo la primera defensa del modo de hablar de los mexicanos”. Ese personaje fue Melchor Ocampo y su trabajo llegó al grado de emprender la recopilación de un diccionario sobre la manera de hablar del nativo.  

    “De mente clara, interesado por los conocimientos científicos, fue el primero en considerar al español mexicano como una variedad legítima de la lengua española. Sin duda, su amplia visión de la política y de la cultura, acrecentada por un largo viaje a Europa que le permitió leer muchas de las obras más importantes de la época, contribuyó a que sus observaciones sobre las maneras de hablar de los mexicanos se concretaran en su proyecto de escribir un Idioticón Hispano-Mexicano”, explicó Luis Fernando Lara.  

    El trabajo de Ocampo, agregó el colegiado, fue un primer intento de posicionar la forma de hablar del mexicano frente al español ibérico, incluso con reverberaciones en la actualidad que dejan al mexicano “medio mudo” al pensar que si una palabra o expresión no está aprobado por la Academia Española de la Lengua es incorrecta.   

    “Los idiotismos hispano-mexicanos de Ocampo fueron el primer intento congruente de elaborar un diccionario del español mexicano que no se redujera al mero contraste y a la imposición de la conciencia del desvío que comenzó a predominar en toda Hispanoamérica, y se manifiesta en los llamados diccionarios de provincianismos o regionalismos, en nuestro caso, mexicanismos”, señaló.  

    Con conciencia del desvío, puntualizó, “me refiero a una educación mexicana de la lengua, que durante dos siglos nos ha hecho creer que en efecto el español de México da lugar a constantes desviaciones de uso respecto del español peninsular, considerado como modelo de la lengua y que toda nuestra expresión requiere una corrección definida por la Academia”.  

    “De ahí toda esa pregunta constante de la gente: ¿esta palabra la tiene el diccionario de la Academia? No, no está, no existe. Entonces, naturalmente, si estamos todo el tiempo sospechando de que nuestras palabras, porque no están en el diccionario académico, y no existen, nos quedamos medio mudos”, afirmó.  

    La segunda parte del curso Historia del español de México 2023, que coordina Luis Fernando Lara, continuará el 25 de abril con la nueva parte de La lengua nacional en el XIX; el 2 de mayo el colegiado impartirá El español mexicano moderno 1 y el 6 de junio El español mexicano moderno 2, y terminará el 4 de julio con la lección El español mexicano en la globalización.  

    La sesión inaugural del curso, “La lengua nacional en el siglo XXI”, se encuentra disponible en el Canal de YouTube de la institución: elcolegionacionalmx.  

     

     

     

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