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Fronteras gruyere: no es chiste es un gran negocio y algo más

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A punto de iniciar las campañas electorales en Estados Unidos y en México, llama la atención que el escenario que prevalece en la frontera que comparten, no guarda el mismo orden de importancia en sus sendas agendas políticas y medios de comunicación. Lo que en un lado se le considera una crisis que requiere máxima atención, en el otro parece algo endémico que debe sobrellevarse como el reuma del abuelo que viene y va.

Esta reacción asimétrica ocurre pese a que el promedio anual de personas que han intentado cruzarla ilegalmente rebasó su marca histórica al triplicarse en los últimos tres años con respecto al trienio 2017 a 2019, previo la pandemia. Esto representó en 2023 un flujo que, descontando a los migrantes mexicanos, fue de 1.8 millones de personas que antes de intentar el cruce ingresaron a nuestro territorio y que cada vez llegan de más países. De hecho, la proporción de paisanos en el total ha descendido como se observa en la siguiente gráfica:

La magnitud de estos datos, su tendencia de crecimiento y recomposición indican claramente que el fenómeno migratorio ha mutado y escalado varios niveles. Esto nos debe obligar a reflexionar sobre las implicaciones que representa para nuestra seguridad nacional y pública, para la relación exterior más importante y compleja que tenemos y para el combate al tráfico de personas, cada vez más vinculado con el crimen organizado que lucra brindándole “protección”. No olvidemos que se trata de un negocio ilícito de gran tamaño que se extiende allende nuestras fronteras y que, en forma conservadora considerando un pago promedio por cruce de 7,500 dólares y sólo a las personas que fueron retenidas en la frontera, equivalió a 18,567 millones de dólares en 2023, monto que salió del bolsillo de los más necesitados.

En Estados Unidos, la inmigración está presente en la arena política de todo el País, desde contiendas electorales para elegir a un representante distrital al Congreso, como acaba de suceder en Nueva York, como en las elecciones primarias de las que saldrán los candidatos presidenciales.

Recién, cuando parecía que después de un larguísimo proceso de negociación se alcanzaría un acuerdo migratorio entre demócratas y republicanos, en el que este hizo una suerte de rehén para destrabar otros acuerdos relacionados con la ayuda militar de Estados Unidos a Israel, Ucrania y Taiwán, Trump azuzó a sus seguidores en el Congreso para que lo desecharan, como una burda maniobra para negarle un triunfo a Biden y, a la vez, para mantener vivo el problema con el fin de endilgarle la culpa.

Más aún, en distintos frentes políticos los republicanos están usando deliberadamente la cuestión migratoria para contrarrestar el tema del aborto, que les ha afectado en forma negativa desde que se dio el fallo de la Suprema Corte de Justicia en esta materia. Resulta obvio que su objetivo es rentabilizar la insatisfacción que, con distintos grados y matices, se observa en la sociedad estadounidense respecto a la forma como el gobierno de Biden ha manejado el control de la frontera sur.

Mientras en México ocurre lo contrario, la cuestión migratoria no es un tema prioritario en el debate político nacional. No se aprecia en el gobierno que exista un sentido de urgencia y preocupación para entender la profundidad, la dinámica y características de un negocio ilícito hecho a costa de los más pobres, que en los últimos años se ha triplicado en nuestras narices, que complica la agenda con Estados Unidos, y que expone serias deficiencias en la seguridad interna y en el control de nuestras fronteras. Lo único que ha habido es un señalamiento por parte de la Comisión Nacional de Derechos Humanos que resulta por demás obvio, dado el sustancial incremento en el flujo de migrantes, en cuanto a que las capacidades materiales y humanas del Instituto Nacional de Migración están rebasadas.[1]

¿Qué explica el incremento tan notable del flujo migratorio?

Empecemos por analizar cómo se integra. Con base en la información aduanal de los Estados Unidos las retenciones en la frontera durante el periodo 2021 a 2023, excluyendo a México, corresponden a veinte nacionalidades pertenecientes a cinco regiones geográficas.[2]

En primer término, resulta interesante que, en un escenario de crecimiento acelerado en el flujo migratorio, la dinámica y el peso relativo de cada una ha variado de manera importante en los últimos tres años, como se observa en la siguiente gráfica:

Por ejemplo, Centroamérica ha ido perdiendo peso en la medida que con respecto a 2021 ha disminuido el número de migrantes originarios de Guatemala, Honduras y El Salvador. Sólo Nicaragua registró un aumento.

En cambio, con relación a ese año Sudamérica ha aumentado su participación en forma importante, como consecuencia de un incremento significativo en el flujo de emigrantes de Venezuela, Colombia y Perú. Vale destacar que, respecto a los dos últimos, México no requiere visa a sus nacionales para ingresar al País.  

Por su parte, la región del Caribe representada por Cuba y Haití aumentó su participación de 8% en 2021 a 14% en 2023 como consecuencia de incrementos significativos en el flujo de migrantes originarios de esas naciones, en especial la primera.

Por último, se encuentran Europa y Asia que juntas representaron en 2023 el 8% de total. Pero, lo relevante de ellas no es su dimensión sino el acelerado crecimiento que han tenido desde 2021 cuando apenas equivalían al 1%. Destaca el caso de Rusia, India, Turquía y sobre todo China, que apenas en el primer trimestre del ejercicio fiscal de 2024 ya superó la mitad que tuvo en todo 2023.

Al parecer, aunque de manera aproximada, puede decirse que una proporción importante de los nacionales de estas cuatro naciones que ingresó a México por vía aérea con visa de turista se dirigió a la frontera con los Estados Unidos, donde fueron retenidos como se observa en la siguiente gráfica:

De hecho, los migrantes originarios de Europa y Asia suelen tener una capacidad económica más alta que los provenientes de América Latina. Situación que, con toda probabilidad, se traduce en mayores beneficios para quienes se dedican al tráfico ilegal de personas, al poder cobrar cuotas más altas, con la ventaja adicional de que muchos de ellos no buscan internarse clandestinamente en territorio estadounidense, sino apenas pisarlo para forzar el inicio de su proceso migratorio.

Obvio, que este tránsito de personas se hace al amparo de un negocio internacional que inicia muy lejos de nuestras fronteras y donde México es sólo la fase final, aunque sea la más importante.

¿Qué se puede concluir?

  1. A medida que en Estados Unidos se acerquen las elecciones el debate sobre asuntos fronterizos se hará más intenso. En especial, la cuestión migratoria y el tráfico de drogas cobrarán mayor relevancia.
  2. Esta presión se trasladará a la agenda bilateral porque para Biden resulta crucial anotarse puntos y recuperar terreno. Más aún, por la imposibilidad de lograr un acuerdo migratorio con los republicanos.  La reciente remoción de Juan González, asesor del presidente de EUU para América Latina y el nombramiento de Daniel P. Erikson apuntan en este sentido.
  3. El gobierno de México debe entender que el escenario migratorio ha mutado. Si el rompecabezas ya era difícil de ensamblar ahora se han agregado muchas piezas más, sobre todo porque el entorno internacional se ha transformado.
  4. Antes, la participación abrumadora de mexicanos y centroamericanos en los flujos migratorios de sur a norte hacía que estos se entendieran simplistamente como la consecuencia de factores económicos. A partir de lo cual, el discurso se trasladaba a recomendar inversiones en sus países de origen para retenerlos, cuando en realidad existen otras razones que los estimulan como el cambio climático, la inseguridad, el desplazamiento por bandas criminales, la persecución política y la gestión de gobiernos ineficaces y corruptos. 
  5. Destaca que en 2023 una tercera parte del total de migrantes retenidos en la frontera corresponden a las tres dictaduras latinoamericanas: Cuba, Nicaragua y Venezuela, países con los que el actual gobierno de México mantiene una relación cercana y de apoyo, cuando en 2021 apenas equivalían al 13%.
  6. Si lo anterior ya complica nuestra agenda diplomática con Estados Unidos, peor resulta ahora que decenas de miles de rusos, chinos, indios y turcos estén intentando ingresar en forma ilegal a su territorio por la frontera sur. Sobre todo, cuando la relación entre el gobierno estadounidense y los de Rusia y China están en máxima tensión, y porque la tendencia de crecimiento de los últimos tres años hace suponer que en México se han establecido canales para conducirlos a la línea divisoria.  No debe olvidarse que, en paralelo, el gobierno mexicano ha permitido que casi se duplicara la plantilla del personal diplomático en la embajada rusa[3] y que ahora su canal oficial se anuncia en el Metro de la Ciudad de México.

¿Qué podemos esperar?:

Pese a que la proporción de mexicanos en el total de migrantes retenido en la frontera con Estados Unidos ha descendido, la cuestión migratoria con este país se ha hecho más compleja por dos razones:  el flujo de personas ha crecido más de tres veces y abarca ahora un mayor número de nacionalidades que incluyen a países muy distantes de México con los que el gobierno estadounidense mantiene, en especial por razones de seguridad, una relación tensa.

De este escenario se desprenden argumentos muy vendibles políticamente en amplios sectores de la sociedad estadunidense, que explotan, y lo harán cada vez en mayor medida, los legisladores que quieren una política migratoria más restrictiva. Esto afecta a los inmigrantes que llevan años en ese país tratando de regularizar su situación, aumenta la presión en la frontera, e introduce elementos que le pueden servir al gobierno de Estados Unidos como cuña para negociar otros asuntos en la agenda bilateral, como ya lo hizo Trump que amenazó con subir aranceles si México no imponía un mayor control en su frontera sur.

Es evidente, que la cuestión migratoria, tan ligada a nuestra seguridad nacional y a la pública, no escapa al deterioro y rezago que en este gobierno ha sufrido toda la Administración Pública Federal, producto de la gestión de amigos tan incompetentes como irrenunciables, pese a lo gravoso de sus yerros que incluso han costado vidas humanas. A lo que se sumaron recortes presupuestales para financiar obras faraónicas.  

A plazo inmediato estemos preparados para el embate que se nos viene al calor de las campañas electorales en Estados Unidos. En el corto, empecemos a pensar cómo reconstruimos y volvemos a recuperar el camino en los temas migratorios en su más amplia expresión. En este afán, no podemos perder de vista los derechos humanos de todos los migrantes, ni dejar de entender las razones que los hacen abandonar sus países de origen, pero eso no justifica ignorar a quienes lucran con su miseria.

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