A raíz de la crisis económica que la iniciativa privada ha venido padeciendo
durante los años recientes, no nada más por culpa de la pandemia, sino también por la inseguridad y recesión económica, se han suspendido los programas de capacitación en las empresas, especialmente en las pequeñas y medianas.

Cuando menos la mitad de las empresas que operan en el país suspendieron los cursos de capacitación para el trabajo, dejando de invertir en sus empleados, sin tomar en cuenta que la falta de capacitación afecta su crecimiento y la calidad de los servicios o productos que ofrecen.

Por lo general el personal que llega a las empresas, aun aquellos que egresan de las universidades o escuelas técnicas, vienen muy mal preparados y los empresarios tienen que invertir en programas de actualización o en talleres para mejorar las capacidades de los empleados y desarrollar su talento.

La evolución de las empresas, sean grandes o pequeñas, de cadena o locales e incluso empresas familiares, deben trazarse las metas que pretenden alcanzar, pero para lograrlo es necesario que le inviertan a la preparación de su personal, tanto en el área de producción como en la atención al público o la venta de sus productos.

Destinar un presupuesto para la capacitación es imprescindible, especialmente en tiempos de recesión o crisis, porque la mejor manera de enfrentar a la competencia sin perder clientes es brindando un servicio de calidad y esto solamente se logra aprovechando las habilidades de los trabajadores y actualizando sus conocimientos.

DE LA TEORÍA A LA PRÁCTICA
Las escuelas no están haciendo lo que les corresponde, puesto que se están
concretando nada más a impartir la teoría entre sus alumnos, dejando en segundo plano la práctica y la realización de talleres, de modo que los profesionistas o técnicos salen muy mal preparados y le toca a la empresa enseñarlos a aplicar sus conocimientos en la práctica.

Es momento de enfrentar los problemas para que una empresa pueda sobrevivir, pero entre sus objetivos se tiene que plantear una reingeniería que contemple programas de entrenamiento y capacitación, porque de lo contrario la empresa se quedará atrás y los resultados del negocio serán negativos.

Tal vez ya no se pueda seguir un programa de capacitación como se venía
haciendo antes de la pandemia, pero sí se puede buscar la manera de capacitar con un intercambio de conocimientos, mediante talleres o pláticas motivacionales y con temas elementales que se vean reflejados en las preferencias del público.

Si el trabajador se ve rebasado en conocimientos, toda vez que el mercado de ahora es más dinámico y digitalizado, el negocio también se verá desplazado por su competencia y ya no podrá continuar en el mercado.

Hay empresarios que piensan que no es conveniente capacitar a sus empleados, porque creen que cuando saben más se vuelven más rentables y son pirateados por otras empresas del mismo rubro. Nada más erróneo que esto, porque cuando un empleado se capacita se siente más seguro en su empleo y siente deseos de seguirse superando, además de que da mejores resultados.

En resumen, la falta de capacitación de los empleados se refleja en una
disminución de la productividad de la empresa y es probable que, al no tener oportunidades de seguir aprendiendo, el trabajador busque un lugar donde crecer.

Es importante recuperar los programas de capacitación para no perder la clientela y para poder seguir creciendo. Los tiempos han cambiado y la tecnología va cambiando a un ritmo acelerado, de modo que muchas herramientas o programas se vuelven obsoletos en muy poco tiempo, de aquí la urgencia de actualizarse e innovar.

Hay que aprovechar las habilidades de los empleados, pero para esto hay que ejercitarlas y alimentarlas con nuevos conocimientos, con un entrenamiento adecuado y con cursos de superación para poder enfrentar los cambios.

No hay que olvidar que la capacitación es una inversión, no un gasto.

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