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La corrupción hasta la fecha combatida en palabras

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*Arnoldo Martínez referente de la izquierda mexicana, hoy inexistente

ACONTECER DE LA SELVA

Ignacio Verástegui Alfonso

“Puedes irte de aquí durante cuatro días en el espacio. Pero cuando regresas, es el mismo lugar de siempre” – Barry McGuire*

**Combate a la corrupción solo en el discurso, no en los hechos

Después de unas pocas semanas sabáticas de ausencia, este Acontecer vuelve a las andadas, aunque constatando que los temas son los mismos y los problemas siguen en su mayoría sin visos de solución.

Uno de los temas lacerantes en nuestro país es el de la corrupción. El actual gobierno, un día si y otro también, se llena la boca hablando de la corrupción creyendo que con el solo hecho de enunciarla ya se le está combatiendo.

En su conferencia matutina, del martes de la semana pasada, el presidente Andrés Manuel López Obrador se aventó, como acostumbra, un rollo sobre la corrupción, a la que consideró “el principal problema de México”, ya que “Antes no se hablaba de eso, me siento de los precursores en poner este tema en la mesa del debate. Porque ni en los discursos se hablaba de corrupción, si ustedes hacen un análisis de los discursos de 50 años a la fecha no van a encontrar la palabra corrupción, como si no existiera, y en los medios de información lo mismo”.

Siendo el mero machuchón de México, AMLO teniendo asesores (por lo que se ve solo sirven para cobrar) sigue diciendo, y haciendo, dislates, una pequeña muestra es el párrafo antecedente. Basta recurrir a la información, y documentación, que se puede consultar en Internet y ver que el discurso anticorrupción ha formado parte de los usos y costumbres de los gobernantes en turno. Una pequeña muestra es la referencia que Miguel de la Madrid Hurtado, en su discurso de toma de posesión como Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, el 1 diciembre de 1982, aseguró que “… no es compatible servir en puestos públicos y simultáneamente operar negocios cuya actividad se funde en relaciones económicas con el Gobierno. Esta dualidad es inmoral. O se gobierna o se hacen negocios. Los puestos públicos no deben ser botín de nadie…El pueblo mexicano es profundamente moral, y me exige que persiga toda forma de corrupción. Así lo haré, gobernaré con el ejemplo”. Palabras que indudablemente le caen a la medida a los gobernantes morenistas en todos sus niveles, pero que les entra por un oído y les sale por el otro. El problema no es que del tema de la corrupción no se haya hablado antes, sino que también en este periodo gubernamental la lucha para combatirla siga siendo una gran farsa.

En la referida mañanera, AMLO prosiguió con su choro mareador: “Bueno, dicho esto, cuando se habla del modelo neoliberal yo he llegado a sostener que, si el modelo neoliberal se aplicara sin corrupción, no sería del todo malo. Es que se puede tratar del modelo económico más perfecto, pero con el agravante de la corrupción no sirve nada. Entonces, el fondo es ese, el que impera la corrupción.”

Raras palabras de Don Lesho, ya que en muchas ocasiones ha sacado su pañuelito blanco para decir que en este gobierno la corrupción se acabó, entonces, de ser así, que aplique las medidas de los gobiernos neoliberales -todos los que le antecedieron- que restablezca el seguro popular, que construya más carreteras, hospitales y escuelas y que haya más seguridad combatiendo a los delincuentes, de ahí un largo etcétera.

Como aquí, en este espacio, se ha comentado que López Obrador llegó a la Presidencia por el hartazgo que había generado la corrupción entre los ciudadanos y por la promesa de resolverla que hizo él como candidato. El asunto es que, hasta ahora, cuando vamos más de la mitad del sexenio, este gobierno nada puede presumir como resultado de ese compromiso. La lucha contra la corrupción sigue siendo, como ha ocurrido antes, una manera de cobrar los agravios cometidos por los rivales políticos. Para muestra, está Rosario Robles. En fin, seguiremos, una vez más, en la falsa expectativa de que se terminará con la corrupción y eso que el actual gobierno dice ser diferente.

**Arnoldo Martínez, referente de una izquierda mexicana que ya no existe

Un 24 de mayo de 2013 falleció Arnoldo Martínez Verdugo, quien fue Secretario General del Partido Comunista de México de 1963 a 1981. Durante el sexenio de López Portillo, Martínez Verdugo fue una de las figuras destacadas en las negociaciones con Jesús Reyes Heroles, secretario de Gobernación, para la primera reforma electoral del régimen priísta. En 1979, el PCM se alió con el Partido del Pueblo Mexicano, el Partido Socialista Revolucionario y el Movimiento de Acción y Unidad Socialista para formar la Coalición de Izquierda, con la cual participó por primera vez con registro condicionado en un proceso electoral. En 1981 para ampliar la influencia de la izquierda con la integración de nuevas fuerzas disuelve el PCM y cristaliza el Partido Socialista Unificado de México (PSUM) que lo hace su candidato a la Presidencia de la República en 1982. En 1987 de nueva cuenta para lograr conjuntar a más fuerzas de izquierda el PSUM se une al Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT) y se crea el Partido Mexicano Socialista (PMS) que participó únicamente en las Elecciones de 1988, en las cuales su candidato a la Presidencia de la República, Heberto Castillo, un mes antes de las elecciones declina en favor de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y se integra al Frente Democrático Nacional, que lo postulaba a la Presidencia de la República. En 1989 el PMS se integró junto con la antigua Corriente Democrática del PRI y constituyó el Partido de la Revolución Democrática con el propio registro legal del PMS, lo que en la práctica constituyó un cambio de nombre sobre un mismo registro.

Esta breve reseña sobre los logros de Arnoldo Martínez Verdugo lo retrata como uno de los pocos políticos de izquierda que nunca le dio por caer en el culto a la personalidad, que es un distintivo de la mayoría de quienes comulgan con dicha corriente ideológica. Que fue gente de suma y no de división y que con su participación, abanderando los ideales de la izquierda, contribuyó de manera importante a la democratización de México junto con Demetrio Vallejo, Valentín Campa y Othón Salazar, entre otros. Dentro de sus conceptos destaca el que escribió para un homenaje que le hicieron en el entonces Distrito Federal: “Nuestro proyecto político tiene que ir más allá de la política… Queremos promover una profunda transformación intelectual y moral de la sociedad”. El historiador Enrique Semo lo definió como: “Un hombre de honestidad a prueba de balas… Figuras como la suya hacen falta, porque hay una verdadera pudrición de la élite política”, Alejandro Encinas, entonces senador del PRD y destacado militante, en su momento, del PSUM, afirmó: “Su gran aportación es una vida de congruencia que nunca se embelesó con las mieles del poder”.

Hay que reconocer a Martínez Verdugo, como una de las personas, mas allá de etiquetas ideológicas, que dedicó su vida a hacer de esta nación un país mejor, que se mantuvo firme en la defensa de sus ideas hasta el final, de manera honesta y congruente. Esas ideas, su ética y su capacidad para unificar criterios logró formar a numerosos cuadros que en 2018 hizo posible el triunfo de AMLO. Desafortunadamente el actual gobierno que se dice de “izquierda” y revolucionario, en su lenguaje, no es más que una caterva de políticos acomodaticios en busca de poder, en busca de chamba, si no vea a Bartlett, Monreal, Muñoz Ledo y la mayoría de legisladores, gobernadores (La y da, y Durazo, encabezan esa larga lista), candidatos a gobernadores y presidentes municipales cobijados por MORENA y sus partidos satelites.

A los nueve años del fallecimiento de Arnoldo, sus restos fueron trasladados a la Rotonda de las Personas Ilustres.

*Tomado de la canción Eve of Destruction

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