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La vida detenida/ 94

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Mauricio Carrera

Mi mundo, ahora, se llena de mensajes.

Vivimos un autoritarismo textual que implica la obligación o la voluntad de leer lo que los demás publican. Lo hacemos por ocio, chamba, relaciones públicas, gozo, interés, inercia, por comunicar, por estar informado o desinformado, porque sí. Es nuestro estar a la moda. Las redes sociales como vida cotidiana.

Muchas cosas pueden decirse de nuestro yo profundo y superficial, de nuestras fortalezas y debilidades, de nuestros derroches y carencias, por la índole de lo que publicamos.

Diré una, que es evidente: ignorancia escritural. Enormes faltas de ortografía y redacción. Las comas donde deberían ir, inexistentes; los acentos, es decir las tildes, para qué si son una lata inútil; las confusiones entre ver y haber, recurrentes y sin remedio.

Las redes sociales nos han mostrado el gran analfabetismo de sintaxis y ortográfico en que vivimos. Se le puede echar la culpa a la prisa, pero también a la abulia y a lo rústico de nuestra escritura. En algunos casos, el autocorrector es el responsable; en la mayoría de los casos, el autocorrector sirve pero no hace milagros.

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