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Los rurales del Porfiriato

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Ricardo Del Muro / Austral

A principios del siglo XIX, los caminos del México recién independizado eran inseguros y estaban bajo el acecho de bandoleros.

En aquella época, tan semejante a la que hoy padecemos, eran asaltadas casi todas las diligencias que salían de la Ciudad de México, principalmente aquellas que transitaban la ruta al puerto de Veracruz. Los viajeros, temerosos y prudentes, se vestían en forma modesta y llevaban sus joyas menos valiosas, además de poner al día sus testamentos antes de partir.

Desde el bandolero noble y caballeroso que besaba la mano del cura y se negaba a maltratar a una mujer, hasta el ladrón que encarnaba la desesperación y rencor de las clases oprimidas y no tenía empacho en matar a sus víctimas, el bandolerismo puso a prueba la capacidad del Estado mexicano para traer orden y hacer valer su autoridad, señala el historiador José Francisco Vera Pizaña.

La manera en que se comportaban los bandidos ante sus víctimas y el gobierno, así como la forma en que eran representados, temidos y valorados por la sociedad, se volvió un tema recurrente entre viajeros, periodistas y políticos del siglo XIX, además de ser fuente de inspiración de tres novelas clásicas de la literatura mexicana: Astucia, el jefe de los Hermanos de la Hoja (1865) de Luis G. Inclán, El Zarco (1900) de Ignacio Manuel Altamirano y Los Bandidos de Río Frío de Manuel Payno, publicada por entregas entre 1889 y 1891. Uno de los personajes de la novela de Payno es Relumbrón, inspirado en el coronel Juan Yáñez, un militar que operó en la década de 1830 y se decía que tenía un estrecho vínculo con Antonio López de Santa Anna, lo que le permitió construir una red delictiva en el centro de México, con la que atracaba diligencias y asaltaba a los hacendados de la zona. Al final, fue apresado y condenado a muerte por garrote en 1839, pero su figura pasó a la posteridad como ejemplo de la corrupción del gobierno de la época.

Durante buena parte del siglo XIX, estos bandidos tuvieron poder. En algunas regiones eran ellos quienes dictaban las condiciones del comercio; en la segunda mitad de ese siglo, tenían fuerza suficiente para tratar de imponer sus exigencias al propio gobierno de la nación.

Sin embargo, las dificultades económicas y la necesidad de atraer capital extranjero y promover el comercio, obligó al gobierno federal a crear una fuerza policíaca, los Rurales, que mantuvieran a salvo las rutas comerciales.

La Policía Rural fue una institución que tuvo su mayor esplendor durante el Porfiriato, pero Paul J. Vanderwood (FCE, 1981) rastreó sus orígenes en la Guardia de Seguridad creada el 16 de enero de 1857. Años más tarde, ya iniciada la guerra de Reforma, el conservador Félix Zuloaga creó, con base en la Guardia de Seguridad, una fuerza de policía rural para el resguardo del camino de Veracruz a México. Por su parte, Edgar Sáenz López (INAH, 2016) señala que fueron creados en el régimen de Benito Juárez mediante el decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el 5 de mayo de 1861, siendo ministro de Guerra el general Ignacio Zaragoza.

Iniciado el Porfiriato, los rurales recibieron mayor apoyo, pues el presidente Díaz había quedado impresionado por su actuación durante la ocupación francesa. Así, los Rurales del Porfiriato fueron los primeros en establecer condiciones de seguridad en un ambiente de relativa “paz social”, señala Sáenz.

La intención de Díaz fue crear un cuerpo de seguridad totalmente leal a su persona. En los hechos, desde su reglamentación en 1880, fueron una institución que seguiría únicamente los designios del general; sus vínculos se establecieron directamente con la Secretaría de Gobernación y no con la de Guerra, lo cual implicó que en su funcionamiento se estableciera una relación directa con el jefe de Estado.

A partir de entonces el gobierno porfirista encaró el problema de la inseguridad con los rurales, quienes enfrentaban por igual a los abigeos que a los asaltantes profesionales, a lo cual se agregó la aplicación de la ley fuga. Sus funciones fueron de represión, persecución de bandidos, y en ocasiones de ayuda a la sociedad, pero cuando llegó la Revolución, su papel fue defender la dictadura.

Incluso uno de sus miembros, el mayor Francisco Cárdenas tuvo un papel protagónico en el asesinato del presidente Francisco I. Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez el 19 de febrero de 1913.

Luego de la disolución del Ejército Federal en 1914,varios estados organizaron Cuerpos de Defensa Rural, formados originalmente como grupos armados de autodefensa o defensa civil de los pueblos durante la Revolución y la Guerra Cristera de la década de 1920 y 1930.

Estos cuerpos pasaron a ser ordenados bajo la jurisdicción del Ejército Mexicano de acuerdo a su Ley Orgánica de 1926, pasando a depender totalmente de una oficialía militar luego de las reformas de 1947, hasta el año de 1955 los alistados se preferían entre los campesinos pertenecientes a los ejidos, para después ampliarse a campesinos independientes y obreros.

Hacia 1970 se contaba con 120 mil elementos mismos que fueron reduciéndose hasta unos 14 mil en 1996 (Wikipedia). En la actualidad, hay 26 Cuerpos de Defensas Rurales (CDR) que dependen el Ejército. En 2023, el doctor Rubén Aguilar, articulista de Animal Político, buscó saber cuántos efectivos tienen ahora los CDR, pero no obtuvo la cifra. Sin embargo, estimó que podrían ser entre 7 mil 280 y 26 mil efectivos, pero “no se enfrentan directamente al crimen organizado, no tienen capacidad para eso, pero si recogen información sobre su accionar, que luego entregan al Ejército”, señaló Aguilar.

En Chiapas hay dos cuerpos de Defensas Rurales integrados por más de mil elementos, ubicados en Tuxtla Gutiérrez y Tapachula, informó recientemente el coronel de Infantería, Ángel Villanueva Argomaniz, comandante del VII Cuerpo de Infantería de las Defensas Rural (Diario del Sur, 22 de enero de 2024).

Son principalmente ejidatarios y campesinos que ayudan a resguardar la seguridad en sus comunidades, además de operaciones de auxilio en casos de desastres o emergencias, “pero no perciben un salario, todo su trabajo y esfuerzo lo hacen de manera voluntaria”, sostuvo el coronel. RDM

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