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Mediocridad y opinión pública en Sheinbaum

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KAIRÓS

Francisco Montfort

¿Por qué la señora Sheinbaum es la candidata de Morena? Porque representa todos los antivalores que le permitieron al señor López alcanzar la presidencia. Ella misma dijo una diferencia: no quiere la presidencia por ambición personal. Ella, dijo, quiere el poder para impartir justicia.

Equívocos: la justicia no se imparte desde la presidencia, en ninguna de sus modalidades.

Resulta imposible aspirar al cargo más alto del sistema político sin ambición de poder. En estas pocas palabras se encierra una respuesta más amplia del por qué el señor López la escogió como su sucesora.

La señora Sheinbaum es una persona sin cualidades políticas de liderazgo. Es antipática, sin carisma para acompañar la seducción de un discurso, cualidad de la cual tampoco hace gala. No tiene una lucha social acreditada. Ni siquiera conoce el país como su antecesor. En Morena no tiene corrientes auténticas que den la vida por ella. Sus acciones de gobierno en la CDMX apenas alcanzan el calificativo de mediocres.

Esta ausencia de cualidades políticas de liderazgo la reducen a comparsa del señor López. Sin fuerza para haber colocado a los candidatos de elección popular, sin fuerza para impedir que el señor López haya establecido su programa de gobierno, sin fuerza para rechazar las sugerencias del presidente de funcionarios para su gabinete, la señora Sheinbaum será, si acaso, una figura decorativa durante su mandato.

Su función de fondo será institucionalizar el tipo de gobierno diseñado por AMLO.

Implantar las reformas para cambiar la esencia libertaria y legal del gobierno surgido de la Revolución Mexicana, reformado durante los últimos 30 años para convertirlo en un gobierno democrático. Su éxito consistirá, si llega a triunfar en las elecciones, construir un nuevo Estado con un gobierno autoritario, fincado en un presidencialismo sin respeto a las leyes.

¿De dónde proviene la fama pública de la candidata oficial? Durante la campaña, la señora Sheinbaum no ha mostrado ninguna cualidad que la diferencie, que la haga ver como una persona merecedora de gobernar el país. Sin atractivos políticos ni intelectuales, su fama pública fue inicialmente construida a la sombre de la memoria del famoso y desprestigiado “tapado” de la era del PRI. Durante casi tres años el país fue
inundado con su imagen, pero nunca acompañada de alguna cualidad.

Formalizada candidata de Morena, desde Palacio Nacional iniciaron en los medios publicaciones de encuetas en donde ponían a competir a la señora Sheinbaum en contra de “posible opositores”: Alito Moreno, Santiago Creel, Beatriz Paredes, Marko Cortés, Enrique de la Madrid y otros. En esta “encuestas” la diferencia en preferencias era enorme y a favor de la candidata de Morena. De esta manera grabaron en la opinión
pública la condición de inalcanzable de la candidata oficial en las preferencias de la gente.

Después ha venido una campaña de propaganda política en medio de una elección de Estado en donde el factor principal es el presidente de la república que aparece con la doble figura de director de la campaña de la señora Sheinbaum y como “figura fantasma de candidato presidencial” en tanto él mismo fijó el programa de gobierno de la candidatura y ha convocado a hacer de esta elección un plebiscito sobre su proyecto político.

En estas circunstancias las encuetas de opinión han quedado como una herramienta del poder para establecer una verdad a priori: las preferencias electorales alcanzadas por la señora Sheinbaum son inalcanzables por la oposición. Esta falsedad olvida que las opiniones no son votos y que los ambientes o estados de la opinión pública son fluctuantes.

La palabra doxa “no significa meramente opinión sino también esplendor y fama” nos recuerda Hanna Arendt (La promesa de la política. Austral. España, 2015), pp. 52). La opinión es el discurso “de lo que me parece a mí” y no puede ni debe tomarse como “lo que voy a hacer, tampoco deben tomarse como “lo probable” ni así mismo las opiniones son “las verosimilitudes”, esclarece la filósofa alemana.

La doxa, inició en relación con el espacio público: “Declarar su propia opinión guardaba relación con ser capaz de mostrarse a sí mismo, de ser visto y oído por los demás” (Ibid.).

En las sociedades modernas la opinión pública no se toma como un saber, ni deseo de aparecer. Es una expresión particular que no incluye la voluntad de actuar. Es sólo una actitud pasiva de ofrecer una voz sobre algún tema en particular.

El estado de opinión actual no favorece a la señora Sheinbaum. Está volcado hacia Xóchitl Gálvez. Es algo que se siente, se vive, se expresa de diversas formas en las actitudes sociales, en las conversaciones cotidianas privadas y públicas. Tampoco son estas voces votos en potencia. Pero sí puede tomarse como proclividad hacia una persona política. Con nuestros votos podemos hacerla una actitud política a favor de la
libertad y la democracia.

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