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Muere Alfredo López Austin

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El doctor López Austin fue Investigador emérito del Instituto de Investigaciones Antropológicas y profesor de la Facultad de Filosofía y Letras, falleció este viernes 15 de octubre a los 85 años.

Investigador emérito del Instituto de Investigaciones Antropológicas y profesor de la Facultad de Filosofía y Letras, Alfredo López Austin formó numerosas generaciones de historiadores y antropólogos, tanto en los salones de clase como en los seminarios que dio en la UNAM. Una parte importante de sus actividades académicas fue dirigir tesis de licenciatura, maestría y doctorado.

El arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma lo considera como un ejemplo a seguir por las nuevas generaciones de investigadores.

Especialista en la cultura y mitos prehispánicos, López Austin nos dejó numerosos libros sobre la cosmovisión de los pueblos mesoamericanos, desde el primero que publicó, La constitución real de México Tenochtitlan, de 1961, su tesis de licenciatura, con prólogo de Miguel León Portilla, entonces Subdirector del Seminario de Cultura Náhuatl. En 1973 publicó su tesis de maestría, Hombre-dios, sobre la relación del poder y la religión relacionada con Quetzalcóatl. En 1980 apareció Cuerpo humano e ideología. Las concepciones de los antiguos nahuas, que fue su tesis de doctorado. Estas tres obras han sido muy influyentes en la comprensión de las culturas mesoamericanas.

Durante su vida académica, López Austin recibió numerosos reconocimientos, entre los que destacan el Premio de Estudio Cultural, del Instituto de Estudios Interculturales y Transdisciplinarios, de Tokio, Japón, de 1993; en 2007, el Premio Universidad Nacional en investigación en ciencias sociales; el reconocimiento del Centro Studi Americanistici Circolo Amerindiano, de Perugia, Italia; la Universidad de Texas en Austin lo condecoró con el premio Linda Schele, y la Universidad de Harvard le otorgó la Medalla H.B. Nicholson. En 2020 se le otorgó Premio Nacional de Artes y Literatura.

Para López Austin formar parte de la UNAM fue una manera de lograr sus metas de manera más eficiente porque la Universidad le permitió desarrollarse.
Días antes de cumplir 80 años, declaró en una entrevista que muchos le pedían que dejara de trabajar, pero expresó que si lo hiciera perdería uno de los placeres de su vida. “Tengo derecho a seguir disfrutando de mi trabajo”.
Además de ser un especialista en la cultura náhuatl, Alfredo López Austin fue un extraordinario profesor universitario y una persona comprometida con la realidad del país.

A continuación reproducimos una entrevista realizada al doctor López Austin publicada en Proyecto UNAM el 6 de marzo de 2015.

La historia del México indígena, mi gran pasión

Por las lecturas que hizo en la primaria de las mitologías griega y latina y sobre los dioses de otros pueblos, la historia de la religión le atrajo desde muy niño a Alfredo López Austin, investigador emérito del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

“Nunca he sido un hombre de credo. No fui formado dentro de una religión, pero las religiones como hechos culturales –en especial, las religiones politeístas– me atraen muchísimo. También me interesa la vida indígena. Al fin, mis dos inclinaciones se unieron en mi vida profesional”, dice.

Si bien la historia del México indígena fue la que lo llevó a relacionarse con Miguel León-Portilla, López Austin ya estaba metidísimo en ese tema desde antes, como autodidacto.

“Ya era mi gran afición de joven. Le dediqué muchísimas horas de lectura. Cuando estaba haciendo la carrera de Derecho, encontré la oportunidad de hacer estudios sobre el tema de una manera más formal. Bueno, al principio no tan formal: como oyente. De la Facultad de Derecho a la de Filosofía y Letras, en CU, hay unos cuantos pasos. Así pues, cuando me enteré de que se iba a impartir un curso de lengua náhuatl en la de Filosofía y Letras, inmediatamente acudí a él. El maestro era don José Ignacio Dávila Garibi. Fui uno de los pocos alumnos que asistieron a ese curso. En aquel entonces, el estudio de la lengua náhuatl no llamaba mucho la atención.”

Una mañana, López Austin leyó en el periódico que un joven profesor iba a impartir un curso de cultura náhuatl. Se trataba de Miguel León-Portilla. Desde el primer día estuvo presente, como oyente. Se cumplió el tiempo de su carrera y él seguía asistiendo a ese curso. Se hizo alumno eterno del curso de León-Portilla.

Años después, cuando dejó el ejercicio del Derecho para volver a la capital, invitado por León-Portilla para trabajar como historiador, López Austin descubrió que le era indispensable estudiar la carrera de Historia. Sin embargo, en la UNAM no lo dejaban cursarla: le decían que ya había tenido la oportunidad de hacer otra carrera en esa institución.

“Argumenté que estaba trabajando como historiador aquí mismo, en la UNAM, y que creía que mi trabajo sería de mayor calidad si hacía la carrera y obtenía mi título. A fin de cuentas gané y comencé mis estudios de Historia en 1965.”

Tesis sobresalientes

Anteriormente, en la Facultad de Derecho, López Austin, se había planteado estudiar el derecho de los antiguos nahuas para su tesis.

Presentó su proyecto al doctor Mario de la Cueva, quien le dijo que podía dirigirlo pero sólo si lo dirigía previamente el doctor Ángel María Garibay K., dado que sus conocimientos en la materia no eran suficientes.

“Acudí con el doctor Garibay. Fue amabilísimo conmigo, pero me dijo que él no podía dirigirme día a día, porque trabajaba en su casa. ‘Yo lo oriento si lo dirige primero León-Portilla’, añadió. Fui con León-Portilla y éste accedió. Tuve tres directores de tesis.”

Así surgió La constitución real de México Tenochtitlan, que se publicó en 1961. Después, para su maestría, escribió Hombre-dios (1973), tesis en la que abordó la relación entre el poder y la religión en torno a la figura de Quetzalcóatl. Su tesis doctoral, Cuerpo humano e ideología. Las concepciones de los antiguos nahuas, se publicó en 1980. Los especialistas han visto en ella una explicación de la relación entre el cuerpo humano en la concepción prehispánica, la sociedad y el cosmos. Las tres obras han sido fundamentales en el desarrollo de una nueva concepción del mundo prehispánico.

Un libro incómodo

En 1988, a petición del pintor oaxaqueño Francisco Toledo, López Austin escribió Una vieja historia de la mierda, libro que hizo a más de uno levantar las cejas.

“Mucha gente me dejó de hablar. Ese libro fue idea de Toledo. Me da coraje que la idea no haya sido mía. La historia de ese libro es muy sencilla: cuando Francisco empezó a hacer unos cuadros referentes a la mierda, tuvo la idea de publicarlos en un libro con el texto de otro autor, y me pidió que yo lo escribiera. Ni él se proponía  ilustrar mi escrito, ni yo iba a escribir sobre su obra pictórica. Serían dos trabajos totalmente independientes sobre el mismo tema. De todos modos, ambos estaríamos enterados del curso de nuestras respectivas tareas. El proyecto no pudo realizarse como una unidad, pero Francisco editó mi texto. En la última edición (2009), mi texto ya pudo aparecer acompañado por las pinturas de Toledo, y ambos firmamos la obra”, señala.

De acuerdo con Alfredo López Austin, la mierda es un tema sumamente importante en todas las culturas.

“Pensemos en su sentido simbólico, en todo lo que en la vida cotidiana representa, en cuántos campos se utilizan distintas palabras que la designan para jugar, insultar, burlarse… Vivimos inmersos en su simbolismo, pero es un simbolismo tabuado.”

La UNAM

Esencialmente, López Austin ve a la UNAM como su casa, una casa donde comenzó sus estudios profesionales y donde hasta el día de hoy imparte clases, investiga y está en contacto estrecho con sus colegas y alumnos.

“Por lo que se refiere a los compañeros, al estar todos en un cambio conjunto, éste no es notorio y el tiempo pasa como la normalidad cotidiana. En cambio, frente a los alumnos, la dinámica histórica es mucho más notable, la transformación del país se refleja en ellos, cada día hacen una UNAM nueva.”

El investigador universitario considera que, en estos momentos, en la Universidad Nacional hay mucha curiosidad, mucho empeño, muchas ganas de aprender, investigar y debatir.

“Actualmente, los muchachos son mucho más alegadores. En las clase es muy vivo y muy interesante el diálogo que los profesores podemos entablar con ellos. De cualquier manera extraño de otros tiempos el debate intenso que viví cuando hice mi carrera de Historia, cuando había las grandes discusiones entre el materialismo y el idealismo.”

Según López Austin, el antiguo diálogo estaba inflamado por la esperanza del cambio. Hoy, la triste situación del país y la falta de oportunidades para los jóvenes en su futuro inmediato lo empañan todo de pesimismo.

“En cuanto a este punto, antes imaginábamos un futuro promisorio. En la actualidad, la carencia de un futuro para ellos y la perspectiva histórica de un México que está siendo destrozado implacablemente día a día marcan una profunda diferencia. Los jóvenes son demasiado conscientes de ello; en gran medida están desesperanzados, pero conservan un sentido realista de la vida. Nosotros creíamos que las grandes carencias de un país sumergido en injusticias y desigualdades iban a desaparecer. Queríamos ser el motor de la transformación. Ahora, el panorama es desolador”, finaliza.

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