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No te hagas que la virgen te habla

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En las dos semanas más recientes, en las redes sociales, con insistencia me han llamado “Pendejo” (aunque no precisamente con P mayúscula).

También me han dicho idiota, imbécil, deserebrado (sic), cretino, chairo, acólito del peje, periodista trasnochado, güevon, pejezombi, bobo, tonto, morenista ignorante, priista añoso y muchos epítetos más que repetirlos significaría llenar varias cuartillas.

Pero de todos los motes, me quedo con el de “pendejo” (así con minúscula). Y no precisamente porque mi barba se asemeje a los pendejos (etimológicamente hablando del latín ectinicŭlus, de pecten, -ĭnis ‘vello púbico’), que en, una de sus acepciones, la Real Academia Española de la lengua (nada pendeja, por cierto) dice que los pendejos son los “pelos que nacen en el pubis y en las ingles”. Me quedo con los otros significados que impone la RAE a la palabra pendejo: .1. adj. coloq. Tonto, estúpido. U. t. c. s.; 2. adj. coloq. Cobarde, pusilánime. U. t. c. s.; 3. adj. coloq. De vida irregular y desordenada. U. t. c. s. 4. adj. coloq. Perú. Astuto y taimado. U. t. c. s. 5. m. y f. vulg. Arg. y Ur. Muchacho, adolescente. (Para quienes no estén acostumbrados -como este pendejo que escribe- a usar el diccionario de la RAE: adj. significa adjetivo; coloq, coloquial y U.t.c.s. quiere decir “Úsase también como sustantivo”.)

Así que, como adjetivo y sustantivo confiésome pendejo. Como quienes me tildan de pendejo en las redes sociales no creo que se refieran a mí como un “muchacho o adolescente”, seguramente utilizan el adjetivo para pintarme como “tonto, estúpido, cobarde, pusilánime o de vida irregular y desordenada. Pero sobre, creo, usan las acepciones número 1, 2 y 3 de la RAE. Pues así las cosas, manifiéstome pendejo. Y confiésome pendejo por múltiples razones:

1.- Soy pendejo porque no me refiero al presidente mexicano como el KKs, el presidente gorgojo, el anciano, el viejo, el decrépito, el resentido, el loco, el orate u cualquier otro mote de los muchos que le han adjudicado algunos, quienes son una minoría dentro de la enorme heterogeneidad de la sociedad. Simplemente lo menciono por su cargo y su nombre: el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Así me referí también a los presidentes anteriores, por su nombre y cargo. Creo que he ahí deriva mi pendejez. Lamentablemente, soy tan pendejo que creo que en sexenios anteriores era imposible, por lo menos en los medios, referirse a un presidente con adjetivos como los que hoy circulan en las redes sociales para mencionar al actual primer mandatario.

2.- Confiésome pendejo también porque, a pesar de ser un clasemediero clásico y orgulloso de este sentido de pertenencia, no me he dado por aludido por lo que algunos llaman “los ataques del presidente a la clase media”. Por el contrario, opino que hay muchas variantes de las clases medias y algunas de ellas son hipócritas, arribistas, desclasadas y hasta aspiracionistas, como los llamó López Obrador.

Lamentablemente, por una característica personal atribuible a mi pendejez, entiendo que el aspiracionismo mencionado por el presidente no es precisamente el que humanamente tenemos todos los ciudadanos (no solo de México sino del mundo), sino uno muy especial que incluye a quienes están dispuestos a perder la dignidad o pisotear la dignidad de los demás, sin reconocer la otredad, para obtener ganancias económicas o beneficios de clase.

3.-Solemnemente declárome pendejo porque, como periodista no me siento aludido, ni amenazado, ni agredido por lo que algunos, (incluyendo unas asociaciones de periodistas) llaman “estigmatizaciones de López Obrador contra la prensa” e incluso “amenazas desde el poder contra los periodistas”. Por el contrario, no me siento amenazado, ni hostigado, ni intimidado, sino que por primera vez en casi 50 años de ejercer esta profesión, puedo escribir libremente sin tener que temer a despidos o a represalias por parte de los directivos de los medios, porque, afortunadamente, en este sexenio (el año pasado) se incluyó legalmente ya la cláusula de conciencia, mediante la cual el periodista no está obligado a participar en la elaboración de informaciones contrarias a sus principios ideológicos, éticos o de conciencia.

4.- Confieso que soy pendejo porque creo en la verdadera democracia, en la cual todos los ciudadanos tienen la misma oportunidad de elegir libremente a sus gobernantes y en la que la mayoría debe ser respetada y tomada en cuenta en las decisiones públicas. De hecho itero mi pendejez porque no considero que algunos mexicanos tengan más derechos que otros y mucho menos las empresas, que durante años erigieron (junto con los medios) al Poder Económico, como un poder fáctico por encima de los Poderes Constitucionales, para influir en las políticas públicas, sin importarles la mayoría de los ciudadanos y convirtiéndose en grandes electores mediante campañas permanentes de odio e intimidación, en las que incluyeron frases como “es un peligro para México”.

5.-Me declaro pendejo por estar consciente de que en julio de 2018 la población mexicana votó por un cambio de fondo y no de forma como lo hizo en 2000, 2006 (aunque no se reconoció) y 2012. Por estar consciente de que un cambio no se puede lograr en tres años (el último cambio de modelo económico llevó por lo menos dos sexenios consecutivos: Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari).

Por estar consciente de que vivimos una pandemia que ha ocasionado la mayor crisis económica de la historia reciente (no sólo en México sino a nivel global). Por estar consciente de que las grandes mayorías de nuestro país fueron excluidas durante al menos seis sexenios. Por estar consciente de que durante décadas poderes fácticos se apoderaron del país, por lo que eliminar su preponderancia no es inmediato ni puede lograrse en solo tres años. Por estar consciente de que México es un país maravilloso pero sus beneficios deben permear hacia toda la sociedad y no quedarse en los 200 mil connacionales que concentran más de 10 billones de pesos (cifra casi dos veces el presupuesto de Ingresos de la Federación).

Por estar consciente de que la iniciativa privada carece de representatividad (sólo afilia a 500 mil de los más de cinco millones de unidades económicas del país). Por estar consciente de que los medios (a través de sus propietarios) promueven la autocensura de los periodistas (sólo 6.1 por ciento de los periodistas encuestados por la UNESCO están seguros de que los medios dicen la verdad).

Por estar consciente de que este sexenio ha sido el más golpeado por las redes sociales y algunos medios convencionales.Por todas estas razones (además de no haberme enriquecido -aunque pude hacerlo- mediante el periodismo, de leer por lo menos un libro a la semana, de consultar las fuentes directas de la información) declárome pendejo.

Dice el filósofo del metro: El insulto injuria más a quien lo profiere que a quien lo recibe.

POR: Roberto Fuentes Vivar

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