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Oscuridad y luz difusa(2).

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del teatro Tayita al segundo objeto en el anular-

Manuel Zepeda Ramos.

Viene de lejos.

«Ayude un poco, aflojando un foco». Así decía el slogan publicitario en tiempos del presidente Echeverría, cuyo Director General de la CFE era el que fue su sucesor: José López Portillo.

Ya había en México carencia de energía, no obstante existir el Infiernillo en el río Balsas recién inaugurada, Mal Paso y, terminándose, La Angostura, ambas en Chiapas, hidroeléctricas de gran tamaño, todas con cortinas de materiales graduados que son orgullo de la ingeniería mexicana ante el Mundo. Laguna Verde, la primera y hasta hoy la única nucleoeléctrica en nuestro país, era un proyecto definitivo que ya no se paraba. Se sumaría Chicoasén y Peñitas, ahora en funciones y cercanos ya al límite de su vida útil.

El sucesor del yerno de don José Guadalupe Zuno llegó a «administrar la abundancia», literalmente dicho. Terminó con el peso «archisúperdevaluado». Gran tragedia nacional.

Chiapas se puso de moda con Cactus, que poseía grandes yacimientos de gas natural y que le mereció a don «José, el de la Colina» la construcción del gasoducto que habría de ir desde Cactus a Reinosa para llevarle gas natural a los gringos y que habríamos de vendérselo a precio de oro. Yo mismo hice una historieta para conmemorar la visita del presidente venezolano Carlos Andrés Pérez que fue a Cactus a constatar el portento del desarrollo.

En ese tiempo, ya en la Universidad Veracruzana, había fundado la revista Extensión, órgano de divulgación del conocimiento que se convirtió en documento importante de consulta para los estudiosos de ese asunto que empezaba a surgir en México a partir de que las universidades del país habían considerado a la divulgación de la ciencia un asunto sustantivo formando parte ya de la tercera función, aprobada en Córdoba, Argentina, desde 1918: la difusión de la cultura.

Recuerdo una entrevista en Extensión a don Alfonso Medellín Zenil, el gran arqueólogo veracruzano, maestro de generaciones y fundador del Instituto de Antropología de la UV y de su Museo de Antropología orgullo de la casa de estudios más importante de Veracruz. Recuerdo, decía, aquella entrevista, lapidaria, en donde el valiente antropólogo lamentaba la destrucción de buena parte de la memoria prehispánica contenida en los restos de las grandes culturas del golfo por la introducción arbitraria del gasoducto sin ninguna consulta especializada que arrasó con cuanto vestigio arqueológico se encontró a su paso el gasoducto de marras. conforme pasaba el tiempo, se empezaron a ver casas habitación construidas con piedras muy bien labradas y ventas clandestinas de materiales a precio de regalo, como el precio del gas natural: el escombro resultante de la destrucción de los vestigios se estaba dando en venta clandestina, como ahora es el huachicol. Otra tragedia nacional.

Jamás le vendimos un pie cubico a nuestros vecinos del norte, que yo sepa. Si alguien está enterado de lo contrario, agradeceré me lo digan por este conducto. Tampoco sé si ya nos acabamos las reservas de gas natural de Cactus. Ojalá y se hayan consumido dentro de México para la industria del norte que parece que así fue o sigue siendo.

La conclusión es muy fácil: nunca hubo precio para el gas natural porque todavía no se cotizaba como fluido importante y rentable para el desarrollo.

La aparición del yacimiento de Cantarell en el Golfo de México frente a las costas de Campeche, el más grande de que se tenga memoria en la historia petrolera en nuestro país y que ya está prácticamente agotado, tampoco volteó a ver al gas natural que la explotación del crudo trajo consigo. A toro pasado, el gas emanado de los yacimientos al extraer el crudo, fue consumido por grandes mecheros que por años consumieron y consumieron el gas natural que nunca se aprovechó. Quienes pudimos volar por la noche sobre el Golfo de México, vimos un espectáculo de luces amarillas y azules sobre el océano: Era PEMEX y sus contratistas deshaciéndose de un gas natural, contaminando el ambiente, por supuesto, al no interesarse en su comercialización por su bajo precio que hacia incosteable beneficiarlo, como sí estuvo la comercialización del crudo -y qué bueno-, que tanto dinero y desarrollo nos proveyó.

Los viejos habitantes de la ciudad de México habrán de recordar los mecheros de Azcapotzalco, que quemaban gas natural, o los habitantes de Minatitlán, Veracruz; o de Salamanca, Guanajuato, que todavía pueden ver las grandes cantidades de pies cúbicos de gas, consumiéndose y contaminando.

El gas natural y su precio ante el Mundo, hoy el gran tema para México.

Eso se los cuento en el tercero.

Ya quiero platicarles de las vacunas, pero este tema importantísimo no me deja. Ya vendrá.

6 de junio no se olvida.

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