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¡Que vivan las madres!

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Por Gilberto Peralta Baltazar

Yo era un rapazuelo con siete u ocho primaveras encima. Cursaba el segundo año de primaria en aquel mágico pueblo de techos inclinados y calles empedradas ubicado al pie de la montaña. El nueve de mayo, al atardecer, casi todos los niños de la escuela hacíamos los preparativos para elaborar nuestros faroles de carrizo que utilizaríamos esa misma noche en la serenata a todas las madres del poblado. Acudiamos a la casa-taller de don Gabriel, uno de los dos coheteros del pueblo, para que nos vendiera o regalara pedaceria de carrizo que era una de las materias primas que utilizaba para fabricar sus cohetes de luces, toritos y castillos.

Ya en casa, con una navaja, cuchillo de cocina u otra herramienta filosa, maquilabamos las diversas partes que habrían de servir para armar nuestro vistoso farol. El papel de china de variados colores y el engrudo o la fruta de guacebo, eran otros de los materiales indispensables. Nos debíamos asegurar que el grosor del carrizo central fuera del tamaño justo como para que embonara perfectamente una vela de veinte centavos y que su otro extremo tuviera el tamaño adecuado para sostenerlo con la mano.

Ya para las ocho, aproximadamente, a oscuras por las calles de los barrios, bajo el manto de las estrellas, caminabamos alegremente cantando nuestro himno a las madres y gritando vivas efusivamente, demostrando asi, el cariño hacia las madres, no solo de uno, sino de todos.

Este es el canto, la serenata que entonabamos una y otra vez hasta el cansancio:

«Bendita seas, madre querida tesoro inmenso de todo bien
tú que me diste, con tu amor, vida
¡Bendita seas, santa mujer!
En los jardines de la ilusion florecen rosas por la mañana, rosas fragantes, rosas tempranas que aqui te entrega mi corazón.
Recibe un beso, recibe un canto recibe un himno lleno de amor que en esta noche llena de encanto aqui te entrega mi corazón.
!Bendita seas, madre querida tesoro inmenso de todo bien!
Tú que diste con tu amor, vida!
¡Bendita seas, santa mujer!
!QUE VIVAN LAS MADRES!
!QUE VIVAN!
!QUE VIVAN LAS MADRES…

Y asi, por toda la noche y todas las calles de mi pueblo se iba repitiendo ese himno y esas vivas de un verdadero amor para todas las madres de mi añorado pueblo, iluminado con los faroles.

!FELICIDADES MAMÁ!
DONDEQUIERA QUE ESTÉS.

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