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Si te trata mal, no es amor

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La pareja, lugar donde recurrentemente se ejercen violencias, por lo general de hombres hacia mujeres.

Aunque las relaciones de pareja suelen ser diversas y al día de hoy hay diferentes formas de generar acuerdos, desafortunadamente las de carácter sexoafectivo siguen siendo un lugar donde recurrentemente se ejercen violencias, por lo general de hombres contra mujeres. Las cifras lo muestran claramente: en México, 39.9 por ciento de ellas ha reportado haber sufrido violencia en la pareja (ENDIREH, 2021).

El amor romántico, al estar basado en una idea de posesión y exclusividad, puede conducir a conductas violentas que, por lo general, se confunden con muestras de un amor único e irrepetible. Los celos o señales de “interés” –que con el tiempo devienen en acciones de control sobre la vida de otra persona– son algunos ejemplos que aparecen constantemente en este tipo de relaciones.

Esas violencias suelen ser constantes y repetitivas, y se ejercen como en un círculo o una espiral. Este concepto fue desarrollado por la psicóloga estadunidense Lenore E. Walker (1942), quien en su libro El síndrome de la mujer maltratada (1979) planteó que la violencia de pareja es recurrente, es decir, se da de manera circular y aumenta, por lo general, en forma de espiral ascendente; aunque se ejerce principalmente en espacios domésticos, también tiene cabida en otras dinámicas.

Según Walker, el círculo o espiral de la violencia consta de tres fases: la acumulación de tensión, el estallido de la violencia y, finalmente, la reconciliación o luna de miel. Como las espirales, que parten de un punto del centro y sus líneas giran alrededor de él, este tipo de violencia mantiene una acción repetitiva, pero con una distinción preocupante: la gravedad siempre aumenta.

Durante la primera fase es común que la persona agresora dé señales de irritabilidad, intolerancia y se muestre con mucha frustración: insulta, aísla, critica, humilla, responsabiliza a su pareja de su estado de ánimo. También puede manifestar celos, retirar la palabra y discutir todo. Se presentan también cambios repentinos de estado de ánimo, así como agresiones verbales y descalificaciones.

La situación se agrava en ese punto porque la víctima trata de no expresar su opinión, evita conductas que causen molestia en la persona agresora y entra en un estado de inmovilidad. Dada la constante agresión psicológica de la que es objeto, suele ocurrir que la víctima justifique la conducta agresiva con frases como “yo lo provoqué” o “me cela porque me quiere”.

En la fase de explosión o agresión se pierde toda posibilidad de comunicación con la persona agresora. Es probable que la víctima se encuentre en negación o incredulidad. También, siente soledad, impotencia, dolor, vergüenza. Quizá durante esta etapa se plantee buscar ayuda y tomar decisiones para romper con la espiral de la violencia.

Finalmente, en la fase de la luna de miel no hay tensión o agresión, la persona agresora se muestra arrepentida, no tanto por el hecho de haber estallado, sino por haberse excedido en la manera de hacerlo, y pide perdón a la víctima, prometiéndole que no volverá a suceder.

Como lo establece Walker, aunque la tensión se disipa por un tiempo, esta violencia volverá y la persona agresora recurrirá, nuevamente, a mecanismos de agresiones y violencia para seguir manteniendo el control sobre su pareja. En efecto, la violencia no se ejerce todo el tiempo, ya que hay un periodo de reconciliación en el que todo aparenta ir bien. Pero como se trata de eventos que se repiten y van en aumento, el daño en la autoestima o la confianza de las víctimas tienen consecuencias negativas en su desarrollo personal y hacen que, muchas veces, se sientan culpables o crean que son ellas las que provocan los episodios violentos de su pareja.

Pensar entonces en el círculo o espiral de la violencia ayuda a entender por qué muchas veces las personas en situación de víctima que, como las estadísticas y la realidad lo muestran, suelen ser mujeres, llegan a soportar maltrato por parte de sus parejas durante muchos años. Es muy importante saber que la violencia ejercida por la pareja no es una conducta normal, aunque muchas veces se vea así. Se trata de una práctica que va contra los derechos humanos de las personas.

Si eres víctima de este tipo de violencia o conoces a alguien que lo haya sido, es importante que sepas que hay formas de romper con este círculo.

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