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Una vida tranquila

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TIERRA DE BABEL

Jorge Arturo Rodríguez                        

Aperitivo 1: “Vota a aquel que prometa menos. Será el que menos te decepcione”. (Bernard M. Baruch). Pero acordémonos, no sólo de promesas vive el hombre.

Aperitivo 2: “Yo no voto personas, voto ideas. ¿Y si te doy un millón de pesos? Pues voto a quien sea, porque la idea no es tan mala”. Me recuerda lo que dijo el General Álvaro Obregón: “Nadie aguanta un cañonazo de 50 mil pesos”.

Aperitivo 3: “¿Qué sería de los políticos, que mienten hasta cuando duermen, si no sobrevivieran los pobres?”. (Pregunta de un amigo de origen cubano, vía X). Esto también va para empresarios depredadores y zánganos y vividores y…

Cierto, no es lo mismo ser feliz a estar feliz. Por mucho que celebremos el Día Internacional de la Felicidad cada 20 de marzo, sabemos que la felicidad siempre viaja de incógnito. Sólo después que ha pasado, sabemos de ella. Como la salud, sólo cuando nos enfermamos, lloriqueamos por ella. Pasa lo mismo con la paz, con el amor… Pero he aquí que no con la vida, pues ésta una vez que pasa, ¿cómo la podríamos lamentar? Al menos que creamos en una vida después de la muerte, etc. Lo que nos hace sufrir, en todo caso, es la muerte del ser querido y lamentamos no haberlo querido más o, mínimo, darle un apapacho cada mes.

            José Gaos escribió que hay personas con tan escaso sentido de dignidad que fácilmente encuentran la felicidad. Ante un mundo atroz y en un México a todas luces a oscuras –hay aún oasis y gente que lucha por que salgamos del túnel-, para mí la felicidad no se mide con el termómetro del amor, si no del dolor.

Estoy con Haruki Murakami: “Prefiero una vida tranquila. Estoy feliz solo con tener libros, música y gatos”. Desde luego, de contar con mi esposa, mi familia, mis amigos, mis compañeros, mis… No piensen mal, con poesía. El pasado 21 de marzo fue el Día Mundial de la Poesía y, claro, muchos ni por enterados, engolosinados que estamos con la violencia y la vida autómata.

Sergio Golwarz escribió que a cierta edad se descubre la poesía, más tarde se siente la poesía y, por fin, se asombra uno de que exista la poesía. Recuerdo el poema de José Gorostiza “El faro”: “Rubio pastor de barcas pescadoras”. ¡Encantador!

Octavio Paz hizo volar estas palabras: “La poesía debe ser un poco seca para que arda bien, y de este modo iluminarnos y calentarnos”. Entonces me viene a la memoria el poema “Elegía”, de José Gorostiza: “A veces me dan ganas de llorar,/ pero las suple el mar”.

Van estas lágrimas alegres a quienes se nos han adelantado y a quienes quieran recibirlas. Bien, bien, bien, ‘tons las siguientes lágrimas negras:

Aunque tú me has echado en el abandono
Aunque ya han muerto todas mis ilusiones
En vez de maldecirte con justo encono
En mis sueños te colmo
En mis sueños te colmo de bendiciones.

Sufro la inmensa pena de tu extravío
Siento el dolor profundo de tu partida
Y lloro sin que sepas que el llanto mío
Tiene lágrimas negras
Tiene lágrimas negras como mi vida.

            Tan tan.

Los días y los temas

Mi admirable Arturo Pérez-Reverte escribió: “Viviréis en un territorio hostil, peligroso, poblado por malvados y estúpidos. Pero en este territorio hay que vivir, y por lo tanto deberéis saber identificar quiénes son los malvados y quiénes los estúpidos, para sobrevivir. Y sólo hay una manera de conseguirlo: la cultura”. Ahí ‘ta: la cultura.

            Juan Villoro señaló que si cada político de fuste creara un espacio cultural tendríamos otro país. ¿Cómo lograrlo en un país perdido en naderías?

            Hace años lo dijo Bertrand Russell: “¡Qué agradable sería un mundo en el que no se permitiera a nadie operar en bolsa a menos que hubiese pasado un examen de economía y poesía griega, y en el que los políticos estuviesen obligados a tener un sólido conocimiento de la historia y de la novela moderna!”

            Mejor cantamos: “A qué le tiras cuando sueñas mexicano…”

De cinismo y anexas

No sé quién lo dijo: “Este gobierno es como un bikini, nadie sabe cómo se sostiene, pero todos quieren que se caiga”. Dicen que Karl Marx escribió que la peor pesadilla de cualquier sociedad es que los ignorantes y los idiotas lleguen al poder. ¡Nooo!

        Ya que estamos por estos lares, Thomas Macaulay escribió que cuando la lucha entre facciones es intensa, el político se interesa, no por todo el pueblo, sino por el sector a que él pertenece. Los demás son, a su juicio, extranjeros, enemigos, incluso piratas. ¡Uf!

        Bueno, Robert Louis Stevenson sostuvo que la política es quizá la única profesión para la que no se considera necesaria ninguna preparación. ¿Será? ¿Sólo honestidad?

        Hasta la próxima.

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