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¿Dónde quedó la clase mundial?

Por segundo día consecutivo la zona centro escolleras de Coatzacoalcos se quedó en tinieblas, aun cuando desde la tarde de este miércoles personal de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) comenzó a trabajar en la reparación de un desperfecto en la avenida Lázaro Cárdenas, en la esquina con la calle Bravo donde tuvieron que sustituir un transformador. Pero por causas desconocidas a la media noche todavía no se restablecía la energía eléctrica.

El martes el apagón se prolongó por más de cuatro horas y tanto comercios como oficinas y casas habitación de esta zona estuvieron sin electricidad y sin tener una respuesta clara de parte del personal autorizado de la CFE.

Todo indica que la otrora empresa de “clase mundial”, sigue de mal en peor y que aun cuando han declarado una y mil veces que ya no habrá apagones, la realidad es que no han dado el mantenimiento necesario a la red eléctrica y que con cualquier vientecito o aguacero hacen corto circuito y la luz se interrumpe por horas.

Cuando no es en una colonia del poniente es en una del centro o del sur donde los habitantes tienen que estar a oscuras y desconectando sus aparatos eléctricos para que no se fundan.

Desde hace años los funcionarios de la CFE han venido dando falsas promesas de que los cables aéreos se convertirían en subterráneos, para evitar los daños causados por los nortes y los efectos del salitre, pero hasta la fecha todo ha quedado en puras promesas.

Hay varios transformadores que se encuentran en muy mal estado y que requieren ser sustituidos o cuando menos reparados, sin embargo, no hacen más que poner remiendos y a la menor amenaza de lluvias o nortes viene el apagón.

La nueva política o reingeniería de la CFE ha comenzado por despedir al personal técnico calificado y desmantelar los equipos de mantenimiento con que contaban, por lo que el personal que queda no se da abasto con atender los desperfectos y tienen que hacer las reparaciones con remiendos o refacciones hechizas que duran tan solo unos cuantos días.

En el caso de la zona de Coatzacoalcos, anteriormente el superintendente era un funcionario de carne y hueso que se reunía con empresarios, con los dirigentes de las cámaras, con directores de los medios de comunicación y se les podía acercar la gente en algún restaurante o en un evento. Pero ahora nadie conoce al superintendente y no hay ningún jefe o funcionario a quien se pueda acudir en caso de una emergencia. Las cosas han cambiado, pero para mal. ¿Dónde quedó la clase?

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