*Omar Páramo/Damián Mendoza

En el relato de la Conquista de México suele haber aseveraciones falseadas que, de tanto repetirse, terminan por asumirse como ciertas

Ni la capital mexica se fundó en 1321, ni Hernán Cortés quemó sus naves en un arrebato pirómano, ni la Malinche fue una traidora a los suyos ni la caída de Tenochtitlán significó la conquista definitiva de México, explica Eduardo Matos Moctezuma, quien añade que estos son tan sólo algunos de los relatos que debemos ir desmitificando.

“Incluso hay historiadores que dudan de si Aztlán —aquel lugar poblado por garzas de donde partieron en éxodo los mexicas—, fue real y piensan que, más bien, se trata de un enclave imaginario”.

Sobre si Tenochtitlán fue fundada hace 700 años, como viene repitiendo desde 2020 el gobierno actual, el arqueólogo sostiene que no existe ningún documento, códice o crónica que respalde tal dicho.

“Lo que sí hay y veo es un intento de tomar aquel lejano 1321 para empatarlo con el 1521 de la caída de Tenochtitlán, con el 1821 de la consumación de la Independencia y con el 2021 en que vivimos, ello para armar una suerte de sintonía centenaria. Eso es manipular la historia tan sólo para que los números cuadren”.

En contraste —señala el director del Proyecto Templo Mayor—, la mayoría de los documentos históricos señalan a 1325 como el año más probable de fundación y ninguno menciona a 1321, por lo que festejar en este año siete siglos de que los mexicas se asentaron en un islote del lago de Texcoco no tiene sustento en fuente alguna.

Para Eduardo Matos Moctezuma, en el relato de la Conquista suele haber aseveraciones falseadas que, de tanto repetirse, terminan por asumirse como ciertas, de ahí que considere necesario señalar todos estos hechos —sea que se expongan en los colegios o desde el Palacio Nacional— a fin de aproximarnos a la verdad.

¿Cuántas veces no hemos escuchado decir que Cortés quemó sus naves?, pregunta el arqueólogo. En realidad, lo que hizo fue encallarlas para luego llevarlas por partes hasta Tlaxcala y Texcoco —es decir, transportarlas a más de dos mil metros sobre el nivel del mar, entre bosques y selvas— a fin de construir los 13 bergantines con los cuales dominaría el lago de Texcoco y sitiaría Tenochtitlán.

¿Y en cuántas ocasiones no nos han pintado a la Malinche como alguien que traicionó a su gente en favor de los españoles?, plantea de nuevo el académico, quien responde que esto no es así, pues uno sólo traiciona a los suyos y Malintzin no era mexica, sino de un pueblo cercano a Coatzacoalcos que, además, era oprimido por los aztecas.

“Quedarnos con esa visión es perder de vista que hablamos de una mujer culta (hablaba maya, totonaca y nahua) y muy inteligente que defendió a su comunidad de un régimen azteca que, por la fuerza y las armas, los despojaba de sus bienes y los obligaba a dar tributo”.

Por todo ello, para Eduardo Matos Moctezuma es necesario ir desmontando falsedades para prestarle oídos a la historia real que, a su parecer, cuenta historias más interesantes que las de los mitos.

La caída de una ciudad invencible

¿Quién podría sitiar a Tenochtitlán? ¿Quién podría conmover los cimientos del cielo?”, dicen ciertos versos tomados de los Cantares mexicanos y grabados a la entrada al Templo Mayor, y es que con estas palabras los poetas prehispánicos describían lo inconcebible que les resultaba pensar en una ofensiva contra la capital azteca. Sin embargo, el 13 de agosto de 1521 los cimientos del cielo se cimbraron, Cuauhtémoc se rindió y, la ciudad invencible, al fin cayó.

“Hacer de Tenochtitlán una urbe lacustre y tener a Tlatelolco al lado parecía una excelente estrategia de defensa ya que ningún pueblo indígena estaba en condiciones de enfrentar a la numerosa flota de canoas que vigilaba la zona, pero Cortés ideó una estrategia que pondría en jaque a los aztecas: tomó control del agua. ‘Fue un gran ardid de mi parte’, le escribió al rey en su tercera carta de relación”.

A decir de Matos Moctezuma, fueron cuatro los factores que, al sumarse, dieron pie a esta derrota: el primero fue el psicológico, es decir, el estado mental de cada bando, en especial el del mexica después de que los españoles pusieran en estado de sitio a su ciudad, les cortaran el acceso al líquido potable, a los alimentos y a la posibilidad de reabastecerse de armas o recibir ayuda alguna.

“Parte del ardid de Cortés incluyó cortar el suministro de agua proveniente de Chapultepec y apostar a su ejército en las calzadas para impedir cualquier avituallamiento terrestre. La otra clave para establecer el cerco fue que los españoles aprovecharon el odio que le profesaban muchos pueblos indígenas a los aztecas y su dominio”.

Así, el segundo factor que propició esta caída fue el económico, pues no es cierto que 800 españoles sometieran al poderoso ejército de Tenochtitlán en solitario, como dicen algunos libros, ya que al lado de los europeos estaban decenas de miles de guerreros de deseosos de liberar a sus comunidades del implacable yugo mexica.

El tercer aspecto era el militar, ya que los españoles tomaron dominio de las aguas que rodeaban la ciudad con 13 bergantines, los cuales repelían con facilidad a las miles de canoas que defendían el lago, además de que contaban también con armas de fuego y caballos.

“Aquello fue un choque entre batallones mexicas armados con macuahuitls (piezas de madera con bordes de obsidiana), hondas, lanzadardos, porras de piedra y macanas, contra un ejército español provisto de espadas, lanzas, arcabuces, ballestas y cañones. Además, esta desventaja se acentuaría por el hecho de que, mientras los aztecas capturaban enemigos para sacrificarlos a su dios, los europeos liquidaban sin miramientos a sus adversarios”.

Y por último está el factor salud, pues los mexicas fueron diezmados por una epidemia traída de Europa contra la cual no tenían anticuerpos. “Las gentes se acaban con prisa, no tanto por los malos tratos como por las pestilencias que Dios envía. En 1520, cuando echaron de México por guerra a los españoles, hubo una pestilencia de viruelas donde murió gente casi infinita”, escribía fray Bernardino de Sahagún en su Historia general de las cosas de la Nueva España.

A decir de Matos Moctezuma, aunque se nos enseña que Tenochtitlán cayó el 13 de agosto de 1521 y que con ello se consumó la Conquista, la realidad es que la resistencia indígena continuó hasta 200 años después. De hecho, la Sierra de Nayarit no fue conquistada sino hasta 1722, como señalan los estudios Raquel Güereca.

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