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La estatura, otro indicador de un país contrastante

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Los académicos María Elena Sáenz y Federico Navarrete analizan factores genéticos, de mestizaje y condiciones socioeconómicas.

Es difícil establecer con exactitud cuánto medían los mexicanos de hace dos siglos, entre otras razones porque la cantidad de restos con los que se cuenta para hacer estudios son pocos o están muy fragmentados; ese es el caso también para la época prehispánica, aseguró María Elena Sáenz Faulhaber, del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA).

México es un país de contrastes; antes, como hoy, tiene una población heterogénea. El desarrollo físico es un ejemplo; desde la Independencia y aún antes, hay marcadas diferencias en la estatura de los habitantes del norte y del sur. En general, los norteños han sido más altos que los sureños, apuntó.

En Mesoamérica se desarrollaron una serie de grupos étnicos distintos y con carga genética característica de cada uno. Queda claro, abundó la universitaria, que en general la población del México antiguo era más baja de estatura que la actual.

Redefinición de las identidades

Y fueron esos mismos indígenas quienes conformaron 70 por ciento de la población al final del Virreinato. Así, al momento de la Independencia de México, en 1821, siete de cada 10 personas hablaban una lengua originaria, según Federico Navarrete Linares, del Instituto de Investigaciones Históricas.

Para el historiador, en el siglo XVI inició un proceso de intercambios culturales y de redefinición de las identidades y las culturas que permanece hasta nuestros días. “Llamarlo mestizaje es insuficiente; ya Mesoamérica era un mundo plural y con la Conquista esa pluralidad se potenció”.

Al proseguir, Sáenz Faulhaber explicó que de nuestros padres heredamos una tendencia a una estatura, un canal de crecimiento para llegar, en la etapa adulta, a una cierta altura. Pero dependerá del entorno en el que se crezca para alcanzar el máximo o quedarse en el mínimo.

La población indígena tenía una alimentación distinta a la que actualmente tenemos. El alimento básico era el maíz, pero también consumían frijoles, calabaza, semillas, tubérculos, tomate, chile y frutas tropicales, que complementaban con insectos, pescado, aves, conejos, liebres o venados, comentó.

La desnutrición durante la infancia tiene impactos negativos en el resto de la vida, como tallas bajas y desarrollo insuficiente del sistema inmunológico. Asimismo, sobrepeso y obesidad favorecen la aparición de enfermedades como diabetes, problemas circulatorios, del corazón o los riñones, repercusiones graves que afectan la calidad y la esperanza de vida.

Actualmente, en nuestro país, uno de cada ocho niños menores de cinco años padece desnutrición crónica. Este fenómeno se presenta principalmente en los estados del sur de México y en las comunidades rurales más que en las urbanas; los más afectados son los hogares indígenas.

Hace 200 años el problema de la obesidad no lo había, o al menos así lo señalan los restos óseos donde no se detectan males cardiacos ni circulatorios. Sin embargo, en la actualidad la población es una de las más obesas del mundo.También en el desarrollo físico, una población heterogénea. Foto: Archivo General de la Nación.

Contrastes

Con base en cálculos “muy subjetivos”, la diferencia de estatura entre la población indígena de hace dos siglos y la población promedio actual es de unos 10 centímetros, aunque una vez más depende de qué región se trate. Los habitantes de Yucatán, Oaxaca o Chiapas siempre, desde la antigüedad y hasta hoy, tienen las estaturas más bajas del territorio, dijo la integrante del IIA.

Desde luego, añadió, el mestizaje tuvo que ver con que poco a poco fuera aumentando la estatura de los mexicanos. “También hay que tomar en cuenta que la española no era de las poblaciones más altas en Europa. Hasta la fecha lo es la del norte del viejo continente”. Las regiones españolas que más hombres aportaron al Nuevo Mundo durante el siglo XVI fueron Andalucía, Castilla y Extremadura.

Así, la mezcla de genes y el cambio de condiciones socioeconómicas y alimentarias (de higiene, nutrición, entre otras) permitieron aumento de la estatura “pero no más allá”, mencionó María Elena Sáenz.

La diferencia entre la población actual del norte y del sur puede ser de ocho a 10 centímetros, “lo mismo que la que existía entre la población prehispánica y nosotros”. En México, los hombres de 19 años de edad tienen una altura media de 1.70 y ellas aproximadamente 1.57.

En todas las especies hay una diferencia sexual en la talla, refirió la antropóloga física; en la nuestra, las medidas de los hombres, por ejemplo, peso y estatura, son más grandes, y las mujeres tienden a ser más pequeñas.

Por supuesto, nuestra población no ha llegado al límite de su estatura, como ocurrió entre los holandeses, por ejemplo. En México nos falta mucho, porque las condiciones sanitarias y de alimentación no son las óptimas para toda la población, reiteró Sáenz Faulhaber.

Varias de las comunidades indígenas y rurales de nuestro país poseen las condiciones mínimas para sobrevivir. Por eso, debemos luchar para que haya mejores posibilidades de desarrollo para todos, concluyó.

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