Inicio POLÍTICA ¿La Guerra de las Teorías de Cuerdas: Es la Belleza Verdad?

¿La Guerra de las Teorías de Cuerdas: Es la Belleza Verdad?

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Tomado de:
Holt, Jim, When Einstein Walked with Gödel
Excursions to the Edge of Thought, United States of America, Farrar, Straus and Giroux, 2018, pp. 219-229.

Traducción: Carlos Becerril T.

*Hoy en día” una figura establecida en ese campo ha dicho, “si eres una joven celebridad de la teoría de cuerdas ya la hiciste.”
*Hoy, el reto de unificar la física requiere de otra revolución

Einstein camina con Gôdel.

Es el mejor momento de la física.
Los físicos están al borde de obtener la largamente ansiada teoría del todo.
En algunas pocas elegantes ecuaciones, tal vez lo suficientemente concisas como para engalanar una camiseta, ésta teoría revelará el comienzo del universo y cómo podría terminar.

La visión clave es que los pequeños componentes del mundo no son partículas, como ha sido supuesto desde la antigüedad, sino “cuerdas” —pequeñas hebras de energía. Vibrando de diferentes maneras, estas cuerdas producen los esenciales fenómenos de la naturaleza, de la manera en que el violín produce notas musicales.

Teoría de cuerdas
La teoría de cuerdas no es únicamente poderosa; es también matemáticamente hermosa. Todo lo que falta por hacer es escribir las actuales ecuaciones. Esto está tomando más de lo esperado.

Pero, con casi toda la comunidad de física-teórica trabajando en el problema—presidida por un sabio en Princetown, Nueva Jersey—el viejo
sueño—milenario de una teoría final, seguro se realizará en poco tiempo.

Es el peor de los tiempos en la física. Por más de una generación, los físicos han perseguido el fuego fatuo llamado teoría de cuerdas. El inicio de esta persecución marca el final de lo que han sido tres cuartos en una centuria de progresos.

Docenas de conferencias de teoría de cuerdas se han celebrado, cientos de nuevos doctorados han sido acuñados y miles de artículos se han escrito. Más, con toda esta actividad, ni una nueva predicción comprobable se ha hecho; ni un simple teorético acertijo se ha resuelto.

Teoría de cuerdas. UNAM

De hecho, hasta el momento no hay teoría—solo un conjunto de corazonadas y cálculos sugiriendo que una teoría puede existir. Y, aun sí es, esta teoría vendría en un desconcertante número de versiones que no serán de uso práctico: una teoría de nada.

Aun así la clase dirigente de los físicos promueve la teoría de cuerdas con irracional fervor, implacablemente elimina a los físicos disidentes de la profesión.

Mientras tanto, los físicos están pegados a un paradigma condenado a la esterilidad.

¿El mejor de los tiempos o el peor?
Entonces qué es: ¿el mejor de los tiempos o el peor de los tiempos? Esto es, después de todo, física teórica, no una novela victoriana.
Si es un casual lector de artículos científicos en los periódicos, probablemente esté más familiarizado con la visión optimista.

Pero la teoría de cuerdas siempre ha tenido unos pocos estentóreos escépticos.
Hace casi tres décadas, Richard Feynman la desestimó como una “locura”, “tontería”, en “dirección contraria” de la física.



Sheldon Glashow, quien recibió el Premio Nobel por haber conseguido uno de los últimos grandes avances en física antes de la era de la teoría de cuerdas, ha comparado la teoría de cuerdas como una “nueva versión de la teología medieval” y ha hecho campaña para mantener fuera de su departamento en Harvard a los teóricos de cuerdas. (Ha fallado).

Sheldon Glashow.

En 2006, dos miembros de la generación de teoría de cuerdas arribaron a exponer lo que ellos consideran el desorden en la física teórica.
”La historia que les voy a contar puede leerse por algunos como una tragedia,” escribe Lee Smolin en The Trouble with Physics: The Rise of String Theory, the Fall of a Science, and What Comes Next 1 .


Lee Smolin.

Peter Woit, en Not Even Wrong: The Failure of String Theory and the Search for Unity in Physical World 2 , prefiere el término “desastre”.

Peter Woit.

Tanto Smolin como Woit son físicos compañeros de viaje cuando la teoría de cuerdas estuvo de moda a principios de los ochentas.
Ambos están proscritos:
Smolin, un teórico reformado de la teoría de cuerdas (escribió 18 artículos sobre el tema), ha contribuido con una suerte de célula menchevique de físicos en Canadá llamada el Perimeter Institute.

Woit abandonó la física por las matemáticas (es un profesor titular en el departamento de matemáticas en Columbia), lo que le da a él una perspectiva cruzada.
Cada uno de estos críticos de la teoría de cuerdas presenta un listado de acusaciones que es una mezcla de ciencia, filosofía, estética y,
sorprendentemente, sociología.

En su visión, la física ha sido tomada por una despiadada cultura que recompensa a los técnicos que trabajan en los oficialmente reconocidos
problemas y desanima a los visionarios en el molde de Albert Einstein.

Woit argumenta que a la teoría de cuerdas le falta la base empírica y rigor conceptual que ha dejado a sus practicantes incapaces de distinguir entre un engaño científico y una contribución genuina.

Smolin suma una dimensión moral a su demanda, uniendo la teoría de cuerdas a la comunidad de físicos en un “prejuicio evidente” contra mujeres y negros.
Ponderando el culto de un virtuosismo vacío matemático, se pregunta, “¿Cuántos de los físicos teóricos de avanzada fueron algunas vez inseguros, pequeños, con espinillas, que tuvieron su venganza superando a los atletas (que se quedaban con la chicas) en lo único que pudieron—la clase de matemáticas?

Es raro pensar que esos motivos sórdidos puedan afectar algo tan puro y objetivo como la física. Pero estos días son extraños en la disciplina.
Por primera vez en su historia, la teoría se ha puesto al día con el experimento.
La belleza puede ser una cosa algo resbalosa.

En la ausencia de nuevos datos, los científicos deben de dirigirse por algo más fuerte que la evidencia empírica en su búsqueda por la teoría final. Y eso es algo que ellos llaman belleza.

Pero en física, como en el resto de la vida, la belleza puede ser una cosa algo resbalosa.
El patrón de oro para la belleza en la física es la teoría de la relatividad general de Albert Einstein. ¿Qué lo hace bello? Primero, es su simplicidad. En una simple ecuación, explica la fuerza de la gravedad curvándose en la geometría del espacio-tiempo causada por la presencia de masa: la masa indica al espacio tiempo como curvarse; el espacio-tiempo le indica a la masa como moverse.

Entonces esa es su sorpresa.

Teoría de la relatividad, vigente. UNAM Global.

¿Quién hubiera imaginado que ésta teoría integral fluiría de la natural asunción de que todos los marcos de referencia son iguales, que las leyes de la física no deben cambiar cuando se monta en un carrusel.

Finalmente, ahí está su aura de inevitabilidad. Nada puede ser modificado sin destruir su estructura lógica.

El físico Steven Weinberg la ha comparado con la Sagrada Familia de Rafael en donde cada figura del lienzo está perfectamente ubicada y no hay nada que uno le hubiera pedido al artista que lo hiciera diferente.

La sagrada familia. Museo del Prado

Revolución dual
La teoría general de la relatividad es una de las dos innovaciones revolucionarias en los principios del siglo XX que inauguraron la era moderna en física. La otra fue la mecánica cuántica.

De las dos, la mecánica cuántica fue el más radical alejamiento de la vieja física newtoniana.

Al contrario de la relatividad general que trata con objetos bien definidos existentes en una suave (aunque curva) geometría espacio-tiempo; la mecánica cuántica describe una aleatoria, un entrecortado micromundo. donde el cambio ocurre en saltos, cuyas partículas actúan como ondas (y viceversa), y donde la incertidumbre reina.

En las décadas después de esta dual revolución, la mayoría de la acción estuvo de lado de lo cuántico.

Modelo estándar
Sumado a la gravedad, hay tres fuerzas básicas que gobiernan la naturaleza:
electromagnetismo, la fuerza “intensa” (que mantiene el núcleo de un átomo unido, y la fuerza “débil” (que causa la desintegración radioactiva).

Eventualmente, los físicos lograron incorporar las tres en el marco de la estructura de la mecánica cuántica, creando el “modelo estándar” de la física de partículas.

El modelo estándar es algo así como un artilugio de un chicle bomba y una barra:
torpemente une diversas clases de interacciones, y sus ecuaciones contienen veinte números arbitrarios parecidos—correspondientes a las masas de varias partículas, los radios de intensidad de la fuerza, y así sucesivamente—que necesitan ser experimentalmente medidas y colocadas “a mano”.

Aun así, el modelo estándar ha probado ser espléndidamente útil, prediciendo los resultados de cualquier subsecuente experimento en la física de partículas con exquisita exactitud a veces abajo del onceavo lugar decimal.

Feyman alguna vez señaló que es como calcular la distancia de Los Ángeles a Nueva York con el ancho de un cabello.

El modelo estándar fue martillado a mediados de los años setenta y no ha sido revisado seriamente desde entonces. (Una confirmación suprema vino en 2012 cuando el bosón Higgs, la última pieza faltante, fue descubierta gracias al Large Hadron Collider en el CERN, la organización europea de investigación nuclear).

El modelo estándar señala como la naturaleza se comporta en la escala de moléculas, átomos, electrones y más abajo donde la fuerza gravitacional es suficientemente débil para ser pasada por alto.

La relatividad general señala como la naturaleza se comporta en la escala de manzanas, planetas, galaxias y más arriba, donde las incertidumbres cuánticas promedio se emparejan y pueden ser ignoradas.

El futuro del universo. UNAM

Entre las dos teorías, la naturaleza parece estar cubierta.
Pero muchos físicos no están contentos con esta división del trabajo. Después de todo, todo lo demás en la naturaleza interactúa con todo lo demás. ¿No debería haber un simple conjunto de reglas para describirlo, en lugar de dos conjuntos inconsistentes? ¿Y qué sucede cuando los dominios de las dos teorías se superponen—esto es cuando algo es muy masivo y también muy pequeño?

Por ejemplo, después del Big Bang la masa completa de lo que hoy es el universo observable estaba empacada en el volumen del tamaño de un átomo.

A esa pequeña escala, la incertidumbre cuántica causa que la suave geometría de la relatividad general se rompa y no hay manera de explicar como se comportará la gravedad.

Para entender el nacimiento del universo, necesitamos una teoría que “unifique” la relatividad general y la mecánica cuántica. Ese es el sueño de los físicos teóricos.

La teoría de cuerdas vino a existir por accidente. A finales de la década de los años 60, un par de jóvenes físicos, hojeando libros de matemáticas, se toparon con fórmula muy antigua, la función beta de Euler, que milagrosamente parecía encajar los más recientes datos experimentales acerca de las partículas elementales.

Leonard Euler. UNAM

Al principio, nadie tenía idea porqué debería de ser así. De cualquier manera, unos pocos años más tarde, el significado oculto de la fórmula emergió: si las partículas elementales fueran pensadas como pequeñas vibraciones retorciéndose como cuerdas, todo hizo sentido. ¿De qué se supone estaban hechas?

Realmente de nada. Como un físico lo puso, deben de pensarse como “pequeñas rasgaduras unidimensionales en la suave fábrica del espacio.”
Esta no fue la única manera en la que la nueva teoría rompió con el pensamiento previo. Parece que vivimos en un mundo que tiene tres dimensiones espaciales (al lado de una dimensión de tiempo). Pero para que la teoría de cuerdas tenga sentido matemático, el mundo debe tener nueve dimensiones espaciales.

¿Por qué no nos damos cuenta de las seis dimensiones extras?
Porque de acuerdo a la teoría de cuerdas, están enroscadas dentro de una micro geometría que las hace invisibles.

(Piensen en una manguera del jardín: a la distancia parece unidimensional, como una línea; de cualquier manera, más cerca, puede verse que tiene una segunda dimensión, enroscada en un pequeño círculo.)

Manguera.

La asunción de dimensiones escondidas algunos físicos la consideraron como un golpe extravagante. Aunque para otros, parecía un pequeño precio a pagar.

En palabras de Smolin, “la teoría de cuerdas prometía lo que ninguna otra teoría había hecho antes—una teoría cuántica de la gravedad que es también una genuina unificación de fuerzas y materia.”

La teoría de cuerdas ha pasado por dos “revoluciones.”
¿Pero cuando podría hacerse buena esa promesa? En las décadas desde que sus posibilidades fueron por primera vez vislumbradas, la teoría de cuerdas ha pasado por dos “revoluciones.”

La primera tuvo lugar en 1984, cuando algunos potenciales pliegues fatales fueron resueltos. En los talones de este logro, cuatro físicos en Princeton, denominado el Cuarteto de Cuerdas de Princeton, mostraron que la teoría de cuerdas podría de hecho abarcar todas las fuerzas de la naturaleza.

En pocos años, los físicos alrededor del mundo han escrito miles de artículos científicos sobre la teoría de cuerdas. La teoría también atrajo el interés de la figura líder en el mundo de los físicos teóricos, Edward Witten.

El trabajo de Edward Witten muestra una única combinada visión de poder matemático y física, y sus contribuciones han enriquecido significativamente ambos campos. Ha contribuido enormemente al moderno interés en las súpercuerdas como un candidato a la teoría de la unificación de todas las interacciones físicas conocidas. Ha explorado las simetrías de las teorías de campo y las teorías de cuerdas, obteniendo nuevas perspectivas significativas en la física de partículas, la teoría de cuerdas y la topología.

Witten, ahora en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, es visto con asombro por sus compañeros físicos, lo han comparado con Einstein.

De adolescente, estaba más interesado en política que en física. En 1968, a la edad de diecisiete años, publicó un artículo en The Nation alegando que la Nueva Izquierda no tenía estrategia política. Se graduó en historia en Brandeis y trabajo en 1972 en la campaña presidencial de George McGovern. (McGovern le dio una carta de recomendación para una escuela de posgrado.) Cuando decidió hacer una carrera en física, demostró rápido estudio: Doctorado en Princeton, post doctorado en Harvard, catedrático en Princeton a la edad de 29 años, Beca
MacArthur, “beca genios”, dos años más tarde.

Los artículos de Witten son modelos de claridad y profundidad. Otros físicos atacan los problemas haciendo complicados cálculos, el los resuelve razonando desde los principios básicos.

Witten alguna vez dijo que “la más grande emoción intelectual de mi vida” fue aprender que la teoría de cuerdas puede abarcar gravedad y mecánica cuántica.

Sus investigaciones en teoría de cuerdas han llevado a impresionantes avances en matemáticas puras, especialmente en el estudio abstracto de los nudos. En 1990, fue el primer físico premiado con la medalla Fields, considerada el Premio Nobel de las matemáticas.

Fue Witten quien condujo la segunda revolución en teoría de cuerdas abordando una adivinanza que se había erigido, en parte, por todas esas dimensiones extra.

Tenían que haberse enroscado para que fueran invisiblemente pequeñas, pero resultó que había varias maneras de hacer esto, y los físicos continuamente encontraban nuevas.

¿Sí había más de una versión de la teoría de cuerdas, como podríamos decidir cuál versión era la correcta?

Ningún experimento podía resolver el tema, porque la teoría de cuerdas se interesa por energías mucho más allá de aquellas que pueden obtenerse por aceleradores de partículas.

Teoría M
A principios de los años 90’s, no menos de cinco versiones de la teoría de cuerdas se habían diseñado. El desaliento estaba en el aire. Pero el ambiente se mejoró notablemente cuando, en 1995, Witten anunció ante un auditorio de estudiosos de la teoría de cuerdas, en una conferencia en Los Angeles, que esas cinco parecidas teorías eran meras facetas de algo más profundo, que él llamó la “Teoría M”.

Sumado a las cuerdas vibrantes, la Teoría M permitía membranas vibrátiles y burbujas. Por el nombre de la nueva teoría, Witten estaba evasivo; dijo que “M permitía, magia, misterio, o membrana de acuerdo al gusto” Después mencionó “murky” 3 como una posibilidad, porque “nuestra comprensión de la teoría es, de hecho, muy primitiva.”

Otros físicos habían sugerido “matriz”, “madre” (como en madre de todas las teorías), y “masturbación”. El escéptico Sheldon Glasshow sugirió si la M no estaba de cabeza por W de “Witten”.

3 Turbio, en español, N.T.

Hoy a más de dos décadas después de la segunda revolución, la teoría anteriormente conocida como cuerdas permanece en una seductiva conjetura en lugar de un actual conjunto de ecuaciones, y el problema de la no-unicidad ha crecido en ridículas proporciones.

En el último recuento, el número de teorías de cuerdas es estimado en algo así como seguido de 500 ceros. “¿Por qué no tomamos esta situación como un reductio ad absurdum?” 4 Se pregunta Smolin.

Pero algunos teóricos de las cuerdas están imperturbables: cada miembro de este vasto ensamble de teorías alternativas, señalan, describen un diferente posible universo, uno con su propio “clima local” e historia.

¿Qué tal sí todos estos posibles universos existen actualmente? Tal vez cada uno de ellos burbujeo a ser tal y como nuestro universo lo hizo.
(Los físicos que creen en tal “multiuniverso” algunas veces lo describen como un vaso cósmico de champagne espumando como universo de
burbujas.)

La mayoría de estos universos no serían bio-amigables, pero algunos de ellos tendrían precisamente las condiciones adecuadas para la emergencia de formas de vida inteligentes como la nuestra.

Si nuestro universo no fuera de la manera en como es, no estaríamos aquí para observarlo
El hecho de que nuestro universo parezca bien afinado para engendrar vida no es un asunto de suerte. Más bien, es consecuencia del “principio antrópico”: si nuestro universo no fuera de la manera en como es, no estaríamos aquí para observarlo.

Partidarios del principio antrópico dicen que puede ser usado para eliminar todas las versiones de la teoría de cuerdas que son incompatibles con nuestra existencia, y entonces rescatar la teoría de cuerdas de su no-unicidad.

Copérnico pudo haber desalojado al hombre del centro del universo, pero el principio antrópico parece restablecerlo a esa privilegiada posición.
Muchos físicos la desprecian; uno la ha descrito como un “virus” infectando las mentes de compañeros teóricos.

Otros, incluido Witten, aceptan el principio antrópico, pero provisionalmente y en un espíritu sombrío.

4 Reducción al absurdo.

Otros todavía parecen tener un placer perverso en él. La controversia en estas facciones ha sido equiparada por un participante “como una pelea de comida en un cafetería de escuela preparatoria”.

En sus libros contra la teoría de cuerdas, Smolin y Woit ven el enfoque antrópico como una traición a la ciencia. Ambos están de acuerdo con la afirmación de Karl Popper de si una teoría es científica, debe estar abierta a la falsificación. Pero la teoría de cuerdas, señala Woit, es como el Alice Restaurant, donde, como Arlo Guthrie lo dice, “puedes tener todo lo que quieras.” Viene en tantas versiones que predice nada y todo.

En ese sentido, la teoría de cuerdas es, en las palabras del título de Woit, “ni siquiera equivocada.” Por su parte, partidarios del principio antrópico, se oponen contra los “Poperistas” e insisten sería tonto para los físicos rechazar la teoría de cuerdas porque lo que un filósofo señala el cómo debe de ser la ciencia.

Steven Weimberg, quien bien puede afirmarse, es el padre del modelo estándar de la física de partículas, ha sostenido que el razonamiento antrópico puede abrir una nueva época.

“Muchos avances en la historia de la ciencia han sido marcados por los descubrimientos acerca de la naturaleza,” ha señalado, “pero en ciertos momentos cruciales ha hecho descubrimientos por la ciencia misma.”

¿La física se está convirtiendo en posmoderna? (En Harvard, Smolin destaca, que el seminario de la teoría de cuerdas por un tiempo fue llamado “Física Posmoderna.”)

La era moderna de la física de partículas era empírica; la teoría se desarrolló en concierto con el experimento. El modelo estándar puede ser feo, pero funciona, entonces presumiblemente es al menos una aproximación a la verdad.

En la era posmoderna, se nos ha señalado, que la estética debe de tomar el lugar cuando el experimento termina. Porque la teoría de cuerdas no se digna ser comprobada directamente, su belleza debe de ser garantía de su verdad.

En el siglo pasado, los físicos que han seguido su sentido estético en la ausencia de datos experimentales parece lo han hecho bastante bien.
Como Paul Dirac dijo: “Cualquiera que aprecie la armonía fundamental en como la naturaleza se conecta con los principios generales matemáticos debe de sentir que una teoría con la belleza y elegancia de la teoría de Einstein debe de ser sustancialmente correcta.”

Belleza y verdad
La idea de que “belleza es verdad, verdadera belleza” puede ser algo hermoso, pero ¿hay una razón para pensar que es verdad? Verdad, después de todo, es una relación entre una teoría y el mundo, mientras belleza es una relación entre teoría y mente.

Tal vez, algunos hayan conjeturado que una clase de Darwinismo cultural se ha incrustado entre nosotros para obtener placer estético en teorías que son más probables de ser ciertas.

O tal vez, los físicos están de alguna manera inclinados a escoger problemas con bellas soluciones en lugar de las desordenadas.
O tal vez, la misma naturaleza a su nivel más elemental, posee una abstracta belleza que una teoría verdadera está obligada a reflejar.
Lo que hace todas estas explicaciones sospechosas es que los estándares de belleza teórica tienden a ser efímeros, rutinariamente derrocadas en las revoluciones científicas.

“Cada propiedad que en algún momento ha sido estéticamente atractiva en teorías ha sido en otros tiempos juzgada desagradablde o estéticamente neutra”. James W. McAllister, filósofo de la ciencia, lo ha hecho notar.

Lo más cercano a una perdurable marca de belleza es simplicidad; Pitágoras y Euclides lo han apreciado, y los físicos contemporáneos continúan alabándola.

Todo lo demás sigue igual, mientras menos ecuaciones, más grandiosa la elegancia.

¿Y qué hace la teoría de cuerdas con este criterio?
Hasta el momento, el número de ecuaciones producidas permanece en cero, burlonamente ha señalado uno de sus partidarios.

Al principio, la teoría de cuerdas parecía el mero Tao de la simplicidad, reduciendo todas las partículas y fuerzas a notas de una cuerda vibrando.

Como uno de sus pioneros comentó: “la teoría de cuerdas era una estructura matemática tan hermosa para ser completamente irrelevante a la naturaleza.”

Sin embargo, al paso de los años, ha tenido que ser repetidamente improvisada de frente a nuevas dificultades, entonces se ha convertido en una complicada máquina Rube Goldberg—o mejor dicho, un vasto paisaje de ellas. Sus defensores ahora arremeten contra lo que ellos llaman “el mito de la unicidad y elegancia.”

La naturaleza no es simple, sostienen, entonces ninguna teoría final debe serlo.

“Una buena, honesta mirada al mundo real no sugiere un patrón de minimalidad matemática.”, señala Leonard Susskind, físico de Stanford, lo que parece es que no tenemos remordimientos sobre la teoría de cuerdas de haberse ido de “ser la Bella a la Bestia.”

Si ningún valor predictivo o belleza explica la persistencia de la teoría de cuerdas ¿entonces qué lo hace? Desde fines del siglo dieciocho, ninguna teoría científica ha permanecido por más de una década sin aprobación o reprobación.

Teorías correctas siempre triunfan rápidamente.
Pero la teoría de cuerdas, de una u otra forma, ha permanecido balanceándose inconclusa hasta ahora por casi medio siglo.

La propia búsqueda de Einstein por una teoría unificada de la física en las últimas tres décadas de su vida ha sido frecuentemente citada como un estudio de caso de su futilidad. ¿Los miles de las cuerdas lo han hecho mejor?

La usual excusa ofrecida por mantenerse apegado a lo que crecientemente parece un fallido programa es que nadie viene con mejores ideas para la unificación de la física.

Pero los críticos de la teoría de cuerdas como Smolin y Woit tienen una diferente explicación, una que puede resumirse en la palabra “sociología”.

Les preocupa que los físicos académicos sean peligrosamente convertidos en lo que los constructivistas sociales por mucho tiempo han acusado de ser: una comunidad que no es más racional y objetiva a cualquier otro grupo de humanos.

En el ambiente hipercompetitivo de hoy, la mejor esperanza para un joven físico teórico es ganarse el favor resolviendo un problema de la teoría de cuerdas.

“Hoy en día” una figura establecida en ese campo ha dicho, “si eres una joven celebridad de la teoría de cuerdas ya la hiciste.”

Algunos detectan un aspecto de culto en la comunidad de la teoría de cuerdas, con Witten como gurú. Smolin deplora lo que considera la mala calidad de los estándares científicos que prevalecen en la comunidad de la teoría de cuerdas, donde prolongadas conjeturas sin probar son asumidas como verdaderas porque “ninguna persona sensible”—esto es, ningún miembro de la tribu—duda de ellas.

El más divertido síntoma de la falta de rigor de la teoría de cuerdas es el llamado asunto Bogdanov, en donde dos hermanos gemelos franceses Igor y Grichka Bognadov lograron publicar egregios artículos sin sentido sobre la teoría de cuerdas en cinco revistas revisadas por pares.
¿Fue el reverso de la broma Sokal? (En 1996, el físico Alan Sokal engañó a los editores de Social Text, revista posmoderna publicando un ingenioso trozo de mentiras sobre la “hermenéutica de la gravedad cuántica”) Los hermanos Bognadov indignados lo negaron, pero hasta en el grupo de teoría de cuerdas de Harvard se dijo de estar inseguro, alternando entre la risa por lo obvio del fraude y titubeante concesión de que los autores pudieran ser sido sinceros.

Asumamos que la situación de la teoría de cuerdas es tan mala como los críticos Smolin y Woit dicen. ¿Qué deben de hacer los que no son físicos al respecto?

¿Debemos de hacer una cruzada infantil para capturar la tierra santa de la física de los usurpadores de la teoría cuántica? ¿Y, a quien pondremos en ese lugar?

El problema actual de la física, de acuerdo con Smolin, es básicamente un problema de estilo.

Los iniciadores de la revolución dual de hace un siglo—Einstein, Bohr, Schrödinger, Heisenberg—fueron profundos pensadores o “visionarios”.

Ellos confrontaron preguntas acerca del espacio, tiempo y materia de una manera filosófica. Las nuevas teorías creadas por ellos fueron esencialmente correctas.

Pero “el desarrollo de estas teorías requirió una gran cantidad de trabajo técnico, y entonces para varias generaciones de físicos fueron “ciencia normal” y estaba dominada por artesanos muy competentes,” señala Smolin,.

“La paradójica situación de la teoría de cuerdas—mucha promesa, poco cumplimiento—es exactamente lo que se obtiene cuando muchos artesanos altamente calificados tratan de hacer el trabajo de los “visionarios”.

Hoy, el reto de unificar la física requiere de otra revolución, una en la cual los calculadores virtuosos están mal equipados de llevarla a cabo. Y la solución, presumiblemente, es la de cultivar una nueva generación de visionarios.

“¡Que extraño podría ser que la teoría final fuera descubierta en nuestra época!”

Steven Weinberg observó alguna vez:
“Tal descubrimiento marcaría la más aguda discontinuidad en la historia intelectual desde el inicio de la ciencia moderna, en el siglo diecisiete. Desde luego, es posible que una teoría final nunca se encuentre, que ni la teoría de cuerdas ni ninguna de las alternativas promovidas por los oponentes de la teoría de cuerdas lleguen a nada. Tal vez la más fundamental verdad acerca de la naturaleza está simplemente más allá del intelecto humano, de la manera en que la mecánica cuántica está más allá del intelecto de un perro. O tal vez, como Karl Popper cree,
se probará que no hay fin en la sucesión de profundas y profundas teorías. Y, aun si una teoría final se encuentra, dejará preguntas, sin tocar, acerca de la naturaleza de lo que más nos concierne—cómo el cerebro da lugar a la conciencia, cómo estamos constituidos por genes—. La física teórica terminará, pero el resto de la ciencia difícilmente se dará cuenta”.

Gran Colisionador de Hadrones
(Large Hadron Colider)

(Imagen: Anna Pantelia/CERN)
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