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La magia de los espejos de Borges

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Por Gabriel Gamar

Siempre he pensado que Jorge Luis Borges, a quien siempre se le negó el Premio Nobel de Literatura, es mejor poeta que cuentista; pero eso es solamente una opinión muy personal. Uno de los libros que más atesoro es precisamente la Obra Poética de Borges, libro que leo una y otra vez cuando quiero leer buena poesía.

Al abrir este libro en cualquiera de sus páginas, me encuentro con sus poemas grandiosos llenos de poesía y de ingenio, como el poema Los Espejos, que con su magia te mantiene entrando y saliendo del reflejo de un espejo.

LOS ESPEJOS
Yo que sentí el horror de los espejos
No sólo ante el cristal impenetrable
Donde acaba y empieza, inhabitable,
Un imposible espacio de reflejos
Sino ante el agua especular que imita
El otro azul en su profundo cielo
Que a veces raya el ilusorio vuelo
Del ave inversa o que un temblor agita.
Y ante la superficie silenciosa
Del ébano sutil cuya tersura
Repite como un sueño la blancura
De un vago mármol o una vaga rosa,
Hoy, al cabo de tantos y perplejos
Años de errar bajo la varia luna,
Me pregunto qué azar de la fortuna
Hizo que yo temiera los espejos.
Espejos de metal, enmascarado
Espejo de caoba que en la bruma
de su rojo crepúsculo disfuma
Ese rostro que mira y es mirado,
Infinitos los veo, elementales

Ejecutores de un antiguo pacto,
Multiplicar el mundo como el acto
Generativo, insomnes y fatales.
Prolonga este vano mundo incierto
En su vertiginosa telaraña;
A veces en la tarde los empaña
El hálito de un hombre que no ha muerto.
Nos acecha el cristal, si entre las cuatro
Paredes de la alcoba hay un espejo,
Ya no estoy solo, hay otro, hay el reflejo
Que arma en el alba un sigiloso teatro.
Todo acontece y nada se recuerda
En esos gabinetes cristalinos
Donde, como fantásticos rabinos,
Leemos los libros de derecha a izquierda.
Claudio, rey de una tarde, rey soñado,
No sintió que era un sueño hasta aquel día
En que un actor mimó su felonía
Con arte silencioso, en un tablado.
Que haya sueños es raro, que haya espejos,
Que el usual y gastado repertorio
De cada día incluya el ilusorio
Orbe profundo que urden los reflejos.
Dios, he de pensar, pone un empeño
En toda esa inasible arquitectura
Que edifica la luz con la tersura
Del cristal y la sombra con el sueño.
Dios ha creado las noches que se arman

De sueños y las formas del espejo
Para que el hombre siente que es reflejo
Y vanidad, por eso nos alarman.

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