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La muchacha que mira desde lo alto del barandal

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José de la Colina 

Revista de la Universidad UNAM

En una tarde del año 1931, una muchacha, acodada en el barandal del quizá segundo piso de una casa-vecindad (de cualquier barriada del Centro de la ciudad capital mexicana), está mirando hacia abajo, posiblemente hacia un patio del que nunca sabremos de cuál acontecimiento es el escenario, pero es de suponer, por el aspecto cotidiano de la imagen, que ésta fue tomada en una de las vacías tardes de domingo propicias al ensimismamiento, a la melancolía, a la esperanza, a la desesperanza y a la anticipada nostalgia de lo que podría ocurrir o posiblemente no ocurrirá.

Esa imagen, mi favorita entre las de su autor, y una de las que me han acompañado desde la pared de mi cuarto de escribir y de a veces dormir, pertenece a un breve y selecto “estampario” de algunas de mis imágenes favoritas, ya sean debidas a la pintura, el dibujo, el grabado o la fotografía.

La foto fue tomada de un álbum impreso: se titula El ensueño y se debe a la doble mirada, la del ojo, la de la lente, de Manuel Álvarez Bravo (Ciudad de México, 4 de febrero de 1902-19 de octubre de 2002), un artista fotógrafo que, en el momento de tomarla, tenía 29 años y ya era un maestro en el arte de hacer atinadamente sonar ese clic que detiene el tiempo y convierte un instante y una parte del mundo en, precisamente, una imagen.

Muchacha sin nombre, y desde luego sin apellido, porque el nombre se puede imaginar, ¿será Rosa o Josefina o María o…?, pero un apellido aproximaría a la retratada al estricto género del documento visual.

La desconocida muchacha habrá sido o será tan transitoria como lo somos cualquiera de nosotros, pero aquel clic de la cámara, aquel latido apenas audible en la tarde abrileña, quiso hacerla inmortal en lo visible, y la hizo. Es una foto ya celebrada y famosa: en 1977 la museógrafa Susan Kismaric la eligió como una de las principales piezas de la exposición del arte de Álvarez Bravo en el Museo de Arte Moderno de Nueva York y desde entonces da vuelta al mundo.

¿Y quién era esa muchacha ensoñadora? ¿Cuáles eran su nombre y su apellido? ¿Cuál su edad, tal vez entre los catorce y los diecisiete años? ¿Cuántos años tiene ahora, en el caso de que aún exista? ¿Y qué estaba ocurriendo allá abajo, en el patio al que se asomaba con la vaga mirada de quien piensa en otra cosa de lo que ve, de lo que mira? No lo sabemos, pues el fotógrafo ya no está para darnos esa información, si acaso la tuvo.

Yo encuentro misteriosa esa imagen de la muchacha “vecindariana” que está mirando sin mirar hacia un patio o un corredor de más allá abajo y que no vemos ni veremos nunca, pues el fotógrafo poeta decidió solamente que fuesen sugeridos por la mirada única e irrepetible de ella, esa muchacha innombrada pero inolvidable que está viviendo, mirando tal vez la dominical tarde de lentitud y melancolía, la tarde en que te faltaban tres años para nacer, pero que a la vez es una que en cierto modo recuerdas, porque tú has sido, años después, un habitante de algún vecindario de la Ciudad de México, y esa muchacha, de la que te hubieras enamorado o al menos amistado, podría haberte sugerido el motivo de un cuento que titularías “La muchacha del barandal” o “Muchacha mirando al patio” o meramente “El ensueño”, u otros bonitos títulos sin cuento que ponerse (como diría Simón Otaola).

Y no has escrito ese cuento, no sabes por qué, tal vez porque sientes que ya está escrito en esa imagen de la muchacha, que con la mejilla en la mano, con el hombro acariciado por la fatigada luz dominguera, calla el secreto profundo o trivial que la tiene pensativa en la tarde ya interminable de un domingo de 1931.

Baudelaire, gran poeta de la modernidad, gran adelantado de la crítica de las artes visuales, dijo que la fotografía no era arte, pues si estaba destinada a usos prácticos y documentales, no podía “adentrarse en el dominio de lo impalpable, de todo lo que sólo vale porque el hombre le añade el alma”. Creo que se desmentiría si al menos hubiera conocido esa foto de la muchacha del barandal. Revista de la Universidad UNAM.

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