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La responsabilidad de los influencers


En estos tiempos en que la forma de comunicación ha cambiado tanto, la mercadotecnia ha tenido que ponerse al día y entrar a la moda del marketing digital para optimizar la promoción de productos y servicios.

A través de internet se han abierto nuevos canales de comunicación que han desplazado a los medios tradicionales de difusión y promoción de productos. Ahora es tan fácil tener un blog o un canal de YouTube que cualquier persona con habilidades para expresarse, con un cierto carisma y simpatía, con solo tener una computadora y una conexión a internet podrá crear un sitio, sea un blog o un perfil en una red social, para lanzar un canal de comunicación propio.

Lo de hoy es convertirse en blogger o youtuber, para mediante videos digitales llegarle a la gente, pero lo que más atrae a los seguidores de los influencers es la libertad que demuestran, tanto en la forma como se expresan como en el sitio y horario que eligen para hacerlo.

Sin embargo, no es suficiente con abrir un blog, porque se debe convertir en una disciplina para subir contenidos interesantes con cierta frecuencia; es decir no dejar solos a los seguidores que se acostumbran a ver nuevos contenidos de manera regular, en ocasiones todos los días, de manera que aquellos que suben contenidos con poca frecuencia son abandonados de inmediato.

Un youtuber se dedica a crear videos y a subirlos a la plataforma de YouTube y del mismo modo debe estar al día, en contacto permanente con sus seguidores. Lo importante es que haya acceso a la información de manera periódica.

Las nuevas generaciones exigen un contenido más ligero, una especie de cápsulas de información que les permitan ocuparse de otras cosas, por esto los youtubers se han convertido en ídolos de la juventud.

Pero para convertirse en un buen influencer hace falta tener conocimiento de las cosas, actuar con rapidez y darles a los seguidores información inmediata, con facilidad de palabra y una simpatía innata que haga conexión con los seguidores.

En todas las plataformas abundan los influencers: Instagram, Facebook, YouTube y Twitter. Muchos han intentado ser admirados por los jóvenes, pero no todos lo han logrado, por falta de capacidad para entretener y comunicar con el lenguaje que sus seguidores exigen y entienden.

Los influencers, como su nombre lo indica, se han convertido en personajes influyentes, superando a las campañas publicitarias implementadas por las agencias y logrando posicionar mejor una marca con sus recomendaciones y consejos.

Un buen influencer tiene que responder a las necesidades de la gente que le sigue, mediante artículos, videos o podcasts, donde lo más importante es el mensaje que se envía para atrapar a la audiencia. Unos escriben un texto, otros elaboran un guion y otros graban un video, pero todos buscan un mismo objetivo: llegarle a la gente con su mensaje.

Ahora que han acaparado la atención, lo que queda a los influencers es cumplir con la responsabilidad social de no fallarle a la audiencia, echando mano de la honestidad, el esfuerzo, la constancia y la determinación, evitando el lenguaje impropio, no cayendo en lo vulgar y corriente. Evitar la frivolidad y las palabras ofensivas, porque son referentes de miles o millones de seguidores que los imitarán o los verán como un modelo a seguir. Y un influencer debe entender que no es dueño de la verdad, que solamente es una especie de editorialista digital que da su punto de vista sobre un tema o un producto, pero que bien podría estar equivocado, porque nadie es perfecto, ni siquiera los influencers.

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