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Lo más importante que la humanidad ha hecho para frenar el cambio climático

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Gracias a los buenos resultados se evitará un calentamiento de 0.3 a 0.5 °C para 2100 en el promedio de temperatura global.

El anuncio no tiene precedentes: “La capa de ozono está en camino de recuperarse dentro de cuatro décadas, y la eliminación global de los productos químicos que la agotan ya beneficia los esfuerzos para mitigar el cambio climático”.

Esa es la conclusión a la que ha llegado un grupo de científicos que participa en el Panel de Evaluación Científica del Protocolo de Montreal sobre Sustancias que Agotan el Ozono respaldado por la Organización de las Naciones Unidas.

Su reporte –titulado “Scientific Assessment of Ozone Depletion”, el cual se publica cada cuatro años– apunta que de mantenerse las políticas actuales “se espera que la capa de ozono recupere los valores registrados en 1980 (antes de la aparición del agujero de ozono): para 2040, en casi todo el mundo; en 2045, en el Ártico, y alrededor de 2066 en la Antártida.”.

Eso significa, consideró Francisco Estrada Porrúa, coordinador del Programa de Investigación en Cambio Climático de la UNAM, que el Protocolo de Montreal –como se le conoce al esfuerzo diseñado para proteger la capa de ozono a finales de los años 80 del siglo pasado– es “lo más importante que se ha hecho para frenar el cambio climático” y recordó que todas estas acciones iniciaron gracias al trabajo de Frank Sherwood Rowland y Mario Molina hace más de cuatro décadas.

“Además fue un poco por casualidad. No es como el Protocolo de Kioto, que está centrado en atender el cambio climático. Su objetivo era atender otro problema y, sin embargo, resultó en la acción más importante que hemos hecho en cuanto a reducir la tasa de calentamiento del planeta. Es una cosa que se ve en los datos, no es una teoría, si se analizan las temperaturas ahí se puede ver su impacto”, subrayó el investigador.

Significado de su éxito

Estrada señaló que “en estudios realizados en la Universidad Nacional sobre atribución del cambio climático –¿qué tanto se debe a la parte antropogénica o a la natural el aumento de temperatura?–, hemos visto que el Protocolo de Montreal dejó una huella en la tasa de calentamiento del planeta. Para ser más preciso, cuando entra en vigor y poco después empiezan a reducirse los CFC, disminuyó la tasa de calentamiento del planeta. Son sustancias muy potentes que tienen una capacidad muy grande para calentar el planeta, muchísimas veces más que el dióxido de carbono (CO2)”.

El panel de científicos –provenientes de la Organización Meteorológica Mundial, Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Administración Nacional Oceánica y Atmosférica y la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio de los Estados Unidos, y la Unión Europea– estimó que gracias a estos resultados se evitará un calentamiento de 0.3 a 0.5 °C para 2100 en el promedio de la temperatura global.

Aunque la cifra podría parecer poco significativa, para Francisco Estrada es necesario destacarla por su importancia para el futuro. Así lo explicó:

“Imagina el impacto que tiene el Protocolo de Montreal que puedes ver su huella en la temperatura global y en las temperaturas hemisféricas. Se redujeron de manera considerable sus tasas de incremento. Publicamos un artículo en la UNAM que mostraba una diferencia de una décima de grado centígrado, ya para 2010, entre lo que hubiera ocurrido sin el Protocolo de Montreal y lo que ocurrió con él. Algo que ampliaron los estudios subsecuentes de otros grupos de investigación a nivel internacional”.

“De acuerdo con estas investigaciones, para 2050, el Protocolo de Montreal nos ahorrará un grado adicional de calentamiento. Es una cuarta parte de lo que esperaríamos para finales de siglo bajo un escenario de altas emisiones. Si el mundo no hace nada, el planeta está en trayectoria de calentarse entre tres y cuatro grados centígrados, por sí solo nos ahorró un grado que habríamos experimentado para ese año”, añadió el investigador universitario.

También recalcó que es necesario entender que “la temperatura global es un promedio de lo que pasa en todo el planeta y pequeñas variaciones en ese promedio implican cambios muy importantes en distintas regiones. Sube medio grado la temperatura global y no todo el planeta se calienta medio grado”.

“Hay regiones que se calientan mucho más rápido, por ejemplo, en el Ártico es cuatro veces la velocidad de la temperatura global. México se calienta más rápido que la temperatura global. Durante los últimos 150 años la temperatura global ha aumentado alrededor de 1.1 grados. Para México, un estudio que realizamos en el Programa de Investigación en Cambio Climático y el Instituto en Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático, la temperatura durante el mismo periodo ha aumentado alrededor de 1.7 grados centígrados. Depende mucho de dónde estás”, agregó.

¿Qué hacer a futuro?

Un aspecto que ha complicado la lucha contra el calentamiento global se relaciona con el actual sistema económico que rige la mayor parte del mundo, consideró Estrada Porrúa.

“Cuando hablamos de cambio climático podemos mitigar distintos gases que tienen menor peso en la economía, como puede ser el metano u otras sustancias que alteran el equilibrio radiativo de la Tierra. Pero el más importante a largo plazo es el dióxido de carbono y éste se encuentra íntimamente vinculado a la economía como la conocemos ahora”, apuntó y sentenció:

“Uno puede decir que si la economía va a crecer tanto por ciento, las emisiones van a aumentar tanto por ciento. Con el sistema actual y la tecnología que utilizamos es mucho más difícil poner de acuerdo a todos los países sobre algo que no sólo afecta a un sector o algunas industrias, sino a la economía en general. Es una visión muy limitada, porque se ha demostrado que combatir el cambio climático más que causar un daño a la economía puede crear nuevas oportunidades, y al atenderlo evitamos afectaciones mucho mayores”.

A lo que sumó: “En estudios que hemos efectuado en la UNAM sobre cuánto le costaría a México no hacer nada por el cambio climático, el impacto que tendríamos durante este siglo sería el equivalente a perder hoy hasta cinco veces el Producto Interno Bruto. Es una cantidad enorme. Cuando ves lo que nos costaría no atender ese problema y las oportunidades de otro tipo de crecimiento económico basado en otras tecnologías –descarbonizar la economía, crecimiento en energías renovables–, no es un mal negocio, pero todavía están muy claros los intereses de las compañías de combustibles fósiles”.

Por lo anterior, consideró el especialista, necesitamos muchas acciones de adaptación a largo y mediano plazos: “Es muy importante recordar que uno no se puede adaptar o reducir riesgos si no sabe qué es lo que se le viene. Cuanto más se conozcan, más se puede pensar en cómo enfrentarlos y tomar las acciones adecuadas. Ahí es donde entra la investigación, una de las primeras y más fundamentales acciones de adaptación al cambio climático”.

Y argumentó: “Como país se han hecho esfuerzos muy grandes en investigación, muchos de ellos se han realizado en la Universidad Nacional, pero como país nos debemos muchísimo más respecto a la investigación del cambio climático. Pensemos que tenemos que adaptarnos a cosas que no conocemos, no sabemos cómo vienen; la investigación es lo que nos permite ver hacia el futuro y actuar de una manera que nos deje tener menos daños”.

La capa de ozono: el origen de la preocupación

Filtra la mayoría de los rayos UV del Sol, que afectan la salud; se prevé que en los próximos 40 años se cierre el hoyo gracias a las medidas que se han tomado

Hugo Maguey

El hoyo de la capa de ozono se volvió una gran preocupación a mediados de los años 80 del siglo pasado. Científicos de todo el mundo comenzaron a alertar sobre la disminución de la concentración en los niveles de ozono de la ozonósfera, especialmente en la zona de la Antártida, donde la concentración era tan pobre que se le denominó como un agujero.

Gabriela Jiménez, del Instituto de Ecología, recuerda que la atmósfera siempre ha estado monitoreada y el descubrimiento se dio cuando se notó un gran incremento en los rayos ultravioleta, los cuales detienen la capa de ozono (O3) cuando la concentración del O3 se encuentra en niveles óptimos: “Se dieron cuenta que la principal causa entre los factores para su adelgazamiento eran los compuestos clorofluorocarburos (CFC)”.

Antes de la firma del Protocolo de Montreal, que prohíbe el empleo de esas sustancias, hubo grandes campañas para evitar su utilización; los productos que los usaban empezaban a identificarse en las etiquetas y se promovía que no se compraran aquellos que dañaban la capa de ozono.

Jiménez comenta que los CFC estaban presentes “sobre todo en los aerosoles para refrigeración y los aires acondicionados, así como productos de cosmética, como desodorantes y productos para el cabello. Hay que aclarar que los componentes son lo relevante”.

¿Para qué sirve?

La capa de ozono, u ozonósfera, se encuentra en la estratósfera, entre los 15 y 50 mil kilómetros de altitud. Es donde está 90 por ciento del O3 de la atmósfera. Esta capa absorbe de 97 a 99 por ciento de la radiación ultravioleta (UV) de alta frecuencia. Ésta es su mayor utilidad: filtrar los rayos UV del Sol.

Cuando los rayos del Sol no se filtran, la radiación UV tiene graves consecuencias en la salud, que van desde el cáncer de piel hasta cataratas oculares, supresión del sistema inmune en humanos y en otras especies. También afecta a los cultivos sensibles a la radiación ultravioleta, además que contribuye al calentamiento global.

Para la investigadora es importante saber que las medidas implementadas en el Protocolo de Montreal siguen vigentes y dando resultados, pues se prevé que el agujero se cierre completamente en los siguientes 40 años y contribuya a disminuir el calentamiento global.

Sobre lo que podemos hacer en lo individual, Gabriela Jiménez dice: Podemos dejar de utilizar aerosoles y usar focos LED con menor producción de dióxido de carbono, que además no sólo ayuda a que la capa de ozono se regenere, sino a evitar contaminación.

La principal causa para su adelgazamiento eran los CFC de algunos productos, como aerosoles de aires acondicionados y refrigeradores.

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