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Mi experiencia de salud en el IMSS

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Roberto Fuentes Vivar

A finales de noviembre, una noche me despertó un fuerte e insoportable dolor en el pecho, que no me permitía respirar. Tenía la mano derecha totalmente desguanzada y los dedos dormidos con esos piquetitos que se sienten cuando falta la circulación. En ese momento pensé que había llegado mi hora.

Me levanté para tomarme una aspirina (se supone que ayudan ante un evento cardiaco) y rompí un vaso porque la mano no podía sostenerlo. Finalmente ingerí el ácido acetilsalicílico y sentí cierta mejoría, pero el dolor continuó por varias horas. Incluso pasó por mi mente la posibilidad de quedar parapléjico.

Temiendo que fuera un episodio cardiaco fui a una clínica al área de urgencias. Ahí me atendieron de manera inmediata. Me tomaron signos vitales, estudios y placas de emergencia y descartaron un infarto. Los resultados fueron enviados directamente al doctor.

Al día siguiente me atendió el doctor (personalmente ya estaba yo más tranquilo por saber que no era una emergencia, aunque persistían los fuertes dolores y el adormecimiento de la mano izquierda y los constantes piquetes en los dedos). Me obligó a hacer varios movimientos y me hizo una revisión a fondo.

Conociendo mi historia de fumador por más de 55 años, ordenó que se me hicieran varios estudios (de sangre, orina, placas y demás) para descartar enfermedades (eventos cardiacos, artritis reumatoide, cardiopatía isquémica, neuropatía vascular).

Al día siguiente comenzaron a realizarme los estudios y el doctor me dio cita para la semana posterior. En esa segunda visita revisó los resultados de laboratorio, me recetó algunos medicamentos que me surtieron en forma inmediata y ordenó otros exámenes médicos más, que me hicieron los siguientes días. Uno de ellos un domingo a las ocho de la noche.

Ya con todos los resultados me citó para el 26 de diciembre y me dio un diagnóstico: tengo problemas de columna vertebral que están afectando a mi brazo derecho. Concretamente una hernia en una vértebra, tres vértebras perjudicadas por una enfermedad (malformación) llamada “pico de loro” y los huesos del cuello (que deberían tener una ligera curvatura) totalmente rectos.

Me explicó que se trata de una deformación en la columna que no tiene solución quirúrgica, pero que es perfectamente tratable para llevar durante muchos años (no sé cuántos me queden) una vida normal y con mínimas molestias.

Comenzó a medicarme con desinflamantes especializados (que me surtieron inmediatamente) y algunos para el dolor. Hoy siento que el peligro se ha alejado y cada día son menores los dolores y el adormecimiento de los dedos.

Y todo esto, con la celeridad correspondiente, no fue en Dinamarca, ni en un hospital particular (de esos que cobran hasta por respirar) sino en una pequeña clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en la calle de Orizaba, en la colonia Roma.

Concretamente en la Unidad de Medicina Familiar número 1, en donde fui atendido por mi médico, Rafael Amador Bañuelos Camacho.

Tengo cita a finales de enero para revisar la medicación y modificarla si es necesario. Es decir que en menos de un mes fui evaluado, estudiado, diagnosticado y medicado en una pequeña clínica del IMSS.

Quiero dejar testimonio de esta atención expedita por dos razones concretas.

Una, que en años recientes he sido crítico (a veces en demasía por cuestiones gremiales que no vienen al caso en este momento) del director general del IMSS, Zoé Robledo.

Otra, que desde hace años no acudía al Seguro Social porque desgraciadamente había caído en la percepción (creada por los medios y la oposición) de que esta institución estaba en una situación caótica, lo cual descubrí (por lo menos con mi experiencia personal) que no es más que una falsa leyenda que tiene orígenes oscuros.

La atención que recibí si no es como la de Dinamarca sí se acerca a los niveles de bienestar que merecemos los mexicanos. De hecho me acordé de un letrero que vi hace unas semanas en una marcha, refiriéndose a la IV Transformación y retomando a Pablo Milanés quien recién había fallecido: “no es perfecta mas se acerca lo que yo simplemente soñé”.

Pregunta el filósofo del metro ¿Voy bien, Camilo?

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