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Muere el sacerdote Manuel Velázquez Hernández, pionero de las cajas de ahorro popular

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Roberto Fuentes Vivar

La Confederación de Cooperativas de Ahorro y Préstamo de México confirmó una triste noticia: el pasado martes murió el sacerdote Manuel Velázquez Hernández, pionero de las cajas de ahorro populares y cuya divisa fue desde hace seis décadas “por un capital en manos del pueblo”.

El Padre Manuel, como le llamaban sus seguidores, fue, por decirlo en pocas palabras, un luchador social, seguidor de la teología de la liberación que veía a sus héroes en el pueblo pobre y bueno, que participó en el Secretariado Social Mexicano cuando ese brazo de la Iglesia Católica dio un viraje a la izquierda (mediante la pastoral social esbozada en Medellín, Colombia) y que dedicó su vida a tratar de que el dinero de los marginados no fuera a parar a los bancos sino que se repartiera en instituciones sociales como las cooperativas de ahorro popular.

Su deceso llegó en un momento curioso: dos días después de la muerte del gran sacerdote y escritor Ernesto Cardenal. Desconozco si se conocieron en vida el poeta y Velázquez, pero seguramente en el cielo de los católicos que exigían justicia en la tierra, ambos tendrán mucho de qué platicar.

Otro dato sobre el momento de la muerte del Padre Manuel, es que llegó unos días antes de que se realice la 83 Convención Bancaria en Acapulco, en donde los banqueros hablarán de los dos dígitos de crecimiento en sus utilidades. Velázquez fue precisamente la voz de quienes se sintieron excluidos por los bancos. Por eso lucho abiertamente por evitar el agiotismo, el anatocismo y otras execrables prácticas financieras. Y por dotar de instrumentos financieros a la población más pobre

Quizá el periodista que más cercano estuvo de él fue Francisco Ortiz Pinchetti, quien lo entrevistó en varias ocasiones y quien el año pasado escribió un artículo para deslindar el movimiento del Padre Manuel, del escándalo en la Caja Libertad, que dio origen a la detención del abogado Juan Collado. En lo personal, lo conocí poco. A través de esas reuniones que se realizaban con sacerdotes en la escuela de periodismo Carlos Septién García, cuando estaba -a principios de los setentas- en la calle de Goldsmith en Polanco.

Las cooperativas de ahorro que fundó (o ayudó a fundar) el sacerdote católico tienen una dimensión social muy lejana a los movimientos financieros de la Caja Libertad y a los escándalos de otras instituciones financieras supuestamente populares. De hecho, fundó la Confederación de Cooperativas de Ahorro y Préstamo de México, que actualmente agrupa a más de 20 federaciones, que a su vez congregan a más de 620 cooperativas de ahorro y préstamo.

La historia de las cooperativas populares comenzó cuando, invitado por su hermano Raúl (también sacerdote y quien fue director del Secretariado Social Mexicano hasta que murió en 1968) lo invitó a integrarse a las actividades sociales de la iglesia. Incluso dejó su parroquia (curiosamente en Atlacomulco, estado de México) para irse a estudiar en la Catholic University of America Washington, hasta terminar el Master of Arts in Sociology y  para conocer, en 1950, el movimiento Antigonish, de Nueva Escocia, Canadá, el cual entremezcla educación para adultos, cooperativismo, micro financiamiento y desarrollo de comunidades rurales, para ayudar a comunidades pequeñas y basadas en sus propios recursos a mejorar desde un punto de vista social y económico.

En 2013, el Poder Legislativo (encabezado en ese momento por Francisco Agustín Arroyo Vieyra y Fernando Bribiesca Sahagún, representantes de la región de El Bajío, la zona de la República Mexicana que, dentro de la Iglesia Católica, más se enfrentó a la teología de la liberación) le impuso la Medalla al Mérito Cooperativista y la Economía Social.

En la entrega del reconocimiento el padre Manuel recordó que cuando regresó a México, “el primer trabajo que se nos encomendó en el Secretariado, fue el de escribir unos folletos y comenzar el trabajo de organización de cooperativas de ahorro y crédito en tres barrios diversos del Distrito Federal; la colonia América Tacubaya, Santa Julia, en la colonia Anáhuac, y San Simón Tolnahuac. Ahí brotaron las primeras cooperativas de ahorro y crédito, que tuvimos que llamar cajas populares, para evitar la suspicacia de la Comisión Nacional Bancaria que, por cierto, no faltó”.

También desde la tribuna legislativa como promotor microfinanciero, Manuel Velázquez Hernández, reiteró su lema: “Por un capital en manos del pueblo”  y concluyó su discurso con otras palabras que también repitió en varias ocasiones: “el héroe de esta historia ha sido el pueblo pobre que captó la idea” de las cooperativas de ahorro y préstamo.

Para conocer más de este personaje, retomo una frase que le dijo al periodista Ortiz Pnchetti, en una entrevista que le hizo en una parroquia de Atzcapotzalco, con motivo del asesinato del arzobispo salvadoreño Oscar Arnulfo Romero (también inspirado en la teología de la liberación) en 1980: “Allí hay un mártir de una fe comprometida; allí hay un campeón de los pobres Allí hay un pequeño David que no vaciló en salir al encuentro del gigante Goliat con una carta en lugar de piedra. Si no cae ahora el gigante, ciertamente seguirán multiplicándose los Davides”.

El padre Manuel también lucho contra los Goliats y ayudo a multiplicar los Davides, a través de sus enseñanzas en la economía popular. Dice el filósofo del metro: hay sotanas que no hacen ruido, pero expelen luces.

filosofodelmetro@yahoo.com.mx

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