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Raúl Prieto Río de la Loza (primo hermano de mi padre)

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Raúl Prieto Río de la Loza. Nació el 21 de noviembre de 1918 en México, D.F. y murió el 20 de septiembre de 2003 en la misma ciudad. Fueron sus padres Sotero Prieto Rodríguez e Isabel Río de la Loza Salazar.  Fue escritor y periodista, colaborador de los mejores periódicos y revistas de México. Desde 1949 publicó su columna Perlas Japonesas, bajo su más famoso seudónimo: Nikito Nipongo, en la que escribía duras críticas a la Real Academia Española (la Santa Madre Academia, solía llamarla). 

Como hijo del gran matemático, maestro de muchas generaciones, que fue Sotero Prieto Rodríguez, Raúl heredó su espíritu analítico y mordaz y sobre todo su rigor. Exacto en sus comentarios, Raúl Prieto nos hacía reír a todos. Su ingenio cortaba mucho más que los cuchillos de su casa.

El 14 de julio de 1978, Elena Poniatowska le hizo una entrevista para Novedades, dividida en cuatro partes, en cuyas fotos él ríe a mandíbula batiente, quizá porque se acuerda de que dibujó en calzoncillos a Agustín Yáñez (que era muy solemne) para su libro Madre Academia. También pintó a otros funcionarios en situaciones grotescas y declaró que Dámaso Alonso, presidente de la Real Academia Española, no era un buen académico.  Son de la señora Poniatowska los párrafos siguientes.

Raúl Prieto se dio a conocer como Nikito NipongoNik NipGonzalo Sánchez GonzálezDarío LeozalArturo LepiEl abogado PatalargaDon HechounperroEl doctor Keniké. Nadie conocía mejor que él la lengua española. Lexicógrafo, cuentista, caricaturista, dibujante de sabrosas curvas trazadas con pericia y cazador de perlas.  Según el periodista Arturo Jiménez de La Jornada, su sentido del humor se mantuvo hasta el fin de su vida (el 20 de septiembre de 2003), porque rió a carcajadas cuando los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional corrieron al ex canciller Jorge G. Castañeda de su plantel.

Intelectual ferozmente independiente, cáustico, Raúl Prieto no duraba mucho tiempo como colaborador de un solo periódico. En el que más tiempo lo hizo fue en Excélsior. Calificaba con brío y coraje a los directores o dueños de periódicos de »ratas», »zopilotes», de »burros» o de »vendidos». Cuando bien les iba eran simplemente »tontos».

Tenía razón Nikito Nipongo, la mayoría de ellos eran empresarios que usaban el periódico para defender sus negocios. Colérico, se peleaba con los jefes de redacción si cambiaban una frase o le cortaban una palabra. Protestaba a grandes voces. Raúl era un solitario. También se reía de los intelectuales y les señalaba sus errores.La obra de Nikito Nipongo abarca cuento, novela, crónica, ensayo y reportaje, en los que se burló de la ampulosidad, la demagogia y la vanalidad y criticó con inteligencia y valentía a los funcionarios públicos. Su columna podría ser un antecedente de Por mi madre, bohemios, de Carlos Monsiváis y Alejandro Brito en La Jornada, aunque ellos fueran más benignos. Escogía lo mal dicho dentro de los discursos (que era casi todo) y -de modo totalmente despiadado- señalaba pifias, contradicciones, falsedades o simples burradas. Diputado o senador que hablaba mal, era diputado o senador que Nikito guillotinaba entre sonoras carcajadas. Todos le temían porque no dejaba títere con cabeza. Los abusos de poder, las chicanas, las transas lo sacaban de quicio y las denunciaba un día sí y otro también. Sus dieciocho libros abarcan cuentos y novelas como Hueso y carne publicado en 1956 y La Virgen murió en Chichicateopan (1988) hasta ensayos como Pemex muere (1981), sobre la situación del petróleo en México, sus deudas, empréstitos y corrupción. Pero su caballito de batalla fue la academia de la lengua a la que llamó Madre Academia y a la que puso como lazo de cochino. En ella analiza satíricamente varias ediciones de las más de 500 páginas del Diccionario de la lengua española, recopilando errores, barbarismos y omisiones para señalar el carácter tendencioso, elitista, «clerical» y arcaico de sus definiciones. Museo nacional de horrores, ilustrado por Alejo Vázquez Lira, publicado en 1986, se compone de crónicas de los dos terremotos de la ciudad de México en 1985. Nikito analiza las consecuencias de la tragedia y descubre a los responsables. En su libro Si ya estás muerto, qué te importa, lanzado en 2003, poco antes de su muerte, Nikito se burla de las funerarias, de los cadáveres, de los familiares que chillan a moco tendido, de la farsa que es exaltar a quienes no tienen méritos, de los intelectuales cercanos al poder, de los periodistas ineptos y de muchas cosas más. Su crítica siempre resultó descarnada.

Raúl Prieto se resistía a los homenajes y lo que más le atemorizaba era que algún político o funcionario le pusiera su nombre a alguna calle. Le pregunté qué pasaría si él mismo quisiera ser académico de la lengua y le entró un ataque de hilaridad que por poco lo lleva a la apoplejía.

El periodista Antonio Cantú, de la revista Ahí, hizo una analogía de Nikito con Heine, ambos dueños de un humor negro. Como la salud de Prieto decaía lentamente, Cantú comentó lo que dijo Nikito: «La ventaja es que aquí me queda muy cerca el panteón Francés. Me puedo ir caminando, y ahí me echaré de cabeza en cualquier agujero».Una muestra de su ironía la constituyen algunas de sus frases, que recuerdan algunas de las frases de su padre:

1. Debería haber más barrenderos y menos diputados.2. Generalmente engañar es lo que se entiende por informar al pueblo.

Nikito Nipongo:
«Soy un crítico de la estupidez»

Por Hugo García Michel/ El Castellano

El periodista Raúl Prieto, más conocido como Nikito Nipongo, es sin duda el crítico más feroz, tanto de la Real Academia Española como de su correspondiente mexicana. Además de su columna semanal sobre temas del lenguaje, Nikito Nipongo ha publicado varios libros:El diccionario, Madre academia, ¡Vuelve la Real Madre AcademiayMuseo Nacional de los horrores. Reproducimos esta entrevista del semanario mexicano Milenio
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¿Cuál ha sido su experiencia como crítico de la lengua?Ha sido muy agradable. Yo me he dedicado a pescar lo que llamo «perlas» del idioma. Es decir, errores idiomáticos. Pero no lo hago solo. Hay muchos amigos y conocidos a quienes llamo «coperladores», que me ayudan a pescar perlas para mi columna. Como crítico me ha ido bastante bien. Claro, ha habido personas a quienes he criticado y que me ponen del asco. Pero han sido muy pocas. En general aguantan la vara. Desde chico, tengo la virtud o el defecto de que si veo un cuadro mal colgado, un poco chueco, voy y Ic enderezo. Lo mismo me pasa con el idioma: cada vez que veo una perla, la pesco. En eso me impulsó mucho el maestro Gutierre Tibón. Gracias a él, en 1949 empecé con mi columna «Perlas Japonesas». Yo soy un crítico de la lengua y del diccionario de la Real Academia, perc también de la estupidez nacional e internacional y de otras cosas, como de la nomenclatura urbana, es decir, de los nombres de las calles. Hay cosas monstruosas, como las de la colonia Reforma Política, en Iztapalapa. Dado que hay muchas calles en esa colonia y pocas reformas en la historia, entonces las autoridades inventan nombres como Reforma Deportiva, Reforma Terrestre o Reforma Fotográfica. Ya me imagino al pobre diablo que vive en una de esas calles de nombres idiotas, al tener que poner su dirección. Entonces, no me limito a los textos hablados o escritos, sino a toda clase de imbecilidades.¿De dónde salió el nombre de Nikito Nipongo? ¿Usted lo inventó?Recuerdo una de las primeras cartas que me mandaron y que decía: «Lo felicito, porque a cesar de ser usted iaconés. escribe bastante bien el escañol». Muchas veces me ha casado después. Lo chistoso és que Nikito Nipongo sí tiene un significado en japonés. Niki es «diario», To es «en», Nipon es «Japón» y Go es «lengua». O sea que quiere decir: «Diario en japonés». Ahora, la historia del origen de mi sobrenombre es la siguiente: hubo un soldado mercenario francés, Bertrand Du Guesclin, que se alquiló para pelear al servicio de un español llamado Juan de Trastamara, en contra de su hermano Pedro El Cruel, rey de Castilla. En la batalla, don Pedro estuvo a punto de darle en la chapa a su hermano, pero intervino el mercenario y mató a don Pedro. Entonces dijo Du Guesclin: «Ni quito ni pongo rey, sólo sirvo a mi señor». Y se quedó la frasecita: «Ni quito ni pongo». Ya en 1930, una revista cómica española presentó en broma al emperador japonés Nihikito Nihipongo. Me gustó el nombre y lo adopté como seudónimo. Como se ve, no es algo original. Lo que sí descubrí, gracias a unos amigos japoneses, es que el nombre tenía un significado en su idioma original.Acaba de salir una nueva edición del Diccionario de la Real Academia Española, ¿qué le parece?Se dice que es una edición revolucionaria. Son puras mentiras. Si lee la definición de «bañar», dice: «Meter en el agua el cuerpo o parte de él u otra cualquier cosa para limpiarla y lavarla, ya sea por limpieza, ya sea por necesidad y medicamento o por cualquier otro motivo». Eso deriva de una definición que aparece en el Diccionario de autoridades ¡de 1726! y se repite tranquilamente hasta el 2001. ¿Dónde está lo revolucionario? Puras mentiras. Le agregaron algunas porquerías y ya. Además cometieron otra vez el disparate de hacerlo en dos tomos. Un diccionario es un animalito que tiene uno para consultarlo, pero en un solo tomo, aunque sea un tomo grande, como el diccionario Webster.Pero esta vez se aceptaron muchos mexicanismos.Hace unas semanas se presentó el Diccionario de mexicanismos del español Guido Gómez de Silva. El autor merece respeto, pues es autor de varios otros diccionarios -tecnológicos, geográficos, etcétera. La Academia se había echado encima la tarea de hacer un diccionario de mexicanismos, pero resulta que se le acumularon diez mil o más términos y no supo qué hacer. Entonces recurrió a don Guido, quien estudió esos mexicanismos y desechó la mayor parte, porque eran en realidad españolismos y americanismos, pero no mexicanismos. Con lo que quedó, hizo su diccionario. Pero ahora resulta que la Academia naca, es decir, la Academia Mexicana, se para el cuello y se dice «autora» del diccionario, cuando el autor es Gómez de Silva, él solito. Lo sé porque es amigo mío. Ahora, yo estoy en contra de eso de los mexicanismos. ¿Por qué no hablamos de los españolismos, de los madrileñismos? En el Diccionario de la Real Academia aparecen americanismos e incluso filipinismos, pero cero españolismos. Por ejemplo, una palabra que se usa en Madrid y que es un anglicismo: «esnifar», que es aspirar cocaína en polvo por la nariz. Está literalmente tomado del to snif inglés. Pues en su definición, la Academia no pone «madridismo», nada, a pesar de que sólo se usa allá. Se considera que el español es el español de España y los demás son arrimaditos: el mexicanismo, el cubanismo, el argentinismo, en fin.¿Quiere eso decir que la Real Academia sigue siendo una entidad retrógrada?Bueno, sencillamente el diccionario se presenta como algo muy moderno y, sin embargo, vuelve la tontería de que los nombres de los académicos -o subacadémicos, como yo los lIamo- de México, Argentina, Chile, Filipinas, Estados Unidos, etcétera, aparezcan en las listas de créditos del diccionario como «Señor don». En cambio, los académicos españoles, con tipo de letra un poco mayor, aparecen como «Excelentísimo Señor Don». ¿Qué es eso? Otro ejemplo: hablan de modernismo y siguen con la imbecilidad de presentar voces griegas con caracteres griegos, en lugar de usar letras latinas. Es pura pedantería grosera. O la definición que trae de dos palabras, «pepino» y «pene». Para «pepino», la academia da todos los pelos y señales al definirlo; y de «pene» sólo dice: «órgano masculino del hombre (sic) que sirve para miccionar y fecundar». y se acabó, no hay más. Esa es la Real Academia. Lo malo es que muchos le creen. Su diccionario es el aceptado en las oficinas gubernamentales, incluso en las culturales. Es un desastre.Continúa a años luz del diccionario Webster…iAh, sí! Pero es natural. ¿Quiénes hacen el diccionario de la Academia? los señores académicos de Madrid, que se reúnen una vez a la semana, presentan algunas cosillas, leen algunas cartas y avanzan lentamente en la formación del diccionario. En cambio, el Webster es una compañía editorial que tiene trabajadores con un salario, con horarios definidos y con especialistas que no son «académicos de la lengua», sino etimólogos, entomólogos, físicos, etcétera, y aparte tiene un cuerpo de redactores. Es una compañía bien hecha.¿Siguen siendo más avanzados los diccionarios Corominas y Moliner que el de la Real Academia?Sí, por supuesto.¿Y la Academia Mexicana de la Lengua sirve para algo?Para nada, en absoluto.

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