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Relatos dominicales  

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Norma Lizbeth  

Miguel Valera  

Norma Lizbeth quería una fiesta de 15 años, pero encontró la muerte en la golpiza que le propinó una compañera de escuela, la Secundaria Oficial 0518 Anexa a la Normal ubicada en Teotihuacán, Estado de México. Más allá de la ficción, a los seres humanos nos sigue el destino bíblico de Caín y Abel, el golpe brutal del hermano, del ser humano, del otro, cuya presencia nos confronta siempre.  

Las reseñas periodísticas así lo refirieron: “Norma Lizbeth de 14 años de edad murió por un traumatismo craneoencefálico, luego de haber sido brutalmente golpeada por una de sus compañeras a escasos metros de su escuela, la Secundaria Oficial 0518 Anexa a la Normal ubicada en Teotihuacán el pasado 21 de febrero. Debido a las agresiones físicas, la adolescente perdió la vida dejando en evidencia lo que el bullying puede llegar a ocasionar”.  

Todo comienza como un juego, con una sonrisa burlona, con una palabra hiriente, con un latigazo de desprecio, para pasar a las agresiones físicas y a la pelea, como quedó grabado en el video que circula en redes sociales. Ahí, como si del Coliseo Romano se tratara y los excesos de Nerón al matar esclavos, se escuchan los gritos de los jóvenes, deseosos de sangre: “Fuerte”, “Dale uno en la cara”, “Le está saliendo sangre”, “Ja, ja, ja”, “Más fuerte”.  

Esto fue lo que sucedió después, según lo narró la hermana, Alma Delia: “Al tercer día ella se sintió mal, de hecho, mis papás la llevaron al hospital de Axapusco a atenderla, le dijeron que por lo mismo del golpe a lo mejor se sentía adolorida y todo eso, le dieron paracetamol y naproxeno para el dolor de cabeza. Se me acostó boca arriba y me dijo que ella sentía que se iba a desmayar, yo le dije que no se preocupara”.  

“Ella solamente se quejó tres veces, se me volteó de lado, intenté voltearla, la pegué a mí y vi cómo ella cerró sus ojos, pero yo pensé que se me desmayó”. Y ahí en sus brazos, se murió su hermana, la más pequeña de la casa, la que estudiaba con mucha dedicación porque quería estudiar Enfermería para ayudar a los enfermos.  

Le avisó a su madre y todavía tuvo la entereza de marcarle a la madre de la hija asesina, para decirle que su hija se sintiera orgullosa por haber acabado con la vida de su hermana. “La señora se quedó en shock, no me dijo nada, lo único que hice fue colgarle”, refirió a medios de comunicación. Así se cerró este capítulo de la vida de Norma Lizbeth, una chica con sueños, con deseos, con anhelos, cuya vida fue cegada por la locura de otra jovencita que no dimensionó sus acciones.  

Norma Lizbeth Ramos Pérez ya está en otra dimensión. Sus padres y sus hermanos aún lloran. Su agresora y la madre que intentó sacarla del país ya fueron detenidas. Ninguna sanción podrá regresarle la vida a la jovencita asesinada. Y nosotros, como espectadores deseosos de sangre, seguramente ¿estaremos esperando otra nueva agresión para grabarla y subirla a nuestras redes sociales?    

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