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¿Votar o no votar?

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TIERRA DE BABEL

Jorge Arturo Rodríguez                         

Tal parece que muchos estamos hartos y no sólo por la violencia creciente –digan lo que digan los demás, o sea, ya saben quién-, sino por lo que día a día se va acumulando: un chingo etcétera, y más nos vale no abrir la boca o escribir demás porque… Estamos a la vuelta de la esquina para ir a votar. No veo por dónde ni pa’ dónde; el horizonte, si hay, es sombrío… ¿Cuál esperanza? Candidatas y candidatos tienen cola que les pisen, para qué hacernos “pénjamos”. Al mexicano le gusta chingar, no que lo chinguen, pero aguantamos esto y más. ¿Cuánto? ¿Hasta cuándo?

            Decía Jenofonte, en “Recuerdos de Sócrates”, que nos gobiernan quienes menos saben, “cuantos dirigen esas actividades tendrían que demostrar en qué lugar aprendieron aquello de lo que se encargan. Sin embargo, la mayoría de esos dirigentes improvisa”. ¿Qué hacemos, Quimosabi?

            Dicen, los optimistas, que ahí se verá después de las votaciones. Yo no creo nadita en que cambie el rumbo de lo que estamos viviendo, mucho menos si sólo nos la pasamos pensado en nosotros mismos y nos vale puritita… lo que a otros les pase.

            Montesquieu escribió: “Si yo supiese algo que me fuese útil y que fuese perjudicial a mi familia, lo expulsaría de mi espíritu. Si yo supiese algo útil para mi familia y que no lo fuese para mi patria, intentaría olvidarlo. Si yo supiese algo útil para mi patria y que fuese perjudicial para Europa, o bien que fuese útil para Europa y perjudicial para el género humano, lo consideraría como un crimen, porque soy necesariamente hombre mientras que no soy francés más que por casualidad”.

            Expresa un presidiario: “…y si todo los corruptos van a la cárcel, ¿quién va a gobernar este país? O lo que es lo mismo: en la próxima elección, vota por Alí Babá. Al menos estará seguro que serán sólo 40 ladrones.

Los días y los temas

Elocuente escribió Arnoldo Kraus, en “Hambre en México”: “Para quienes padecen hambre en 2024, o para los padres cuyos hijos pequeños murieron por diarreas o neumonías, poco importan las siglas y menos los nombres de los expresidentes o de López Obrador.

“Hambre, desnutrición, muertes a destiempo de niñas y niños, pobre desarrollo intelectual de los pequeños en situación de miseria, casas de lámina, servicios médicos ausentes o mediocres, indocumentados, ciudades fronterizas deshabitadas”. (elpais.com, 29/04/2024).

De cinismo y anexas

Bueno, como dice el refrán, a buen hambre no hay pan duro. ¿No les suena a conformismo, para no hablar de aspiracionismo?

Hasta la próxima.

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