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A cuatro años de su surgimiento, la ciencia comenzó a develarlos misterios del Covid

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Cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró al COVID-19 como una pandemia global en marzo de 2020, casi todo acerca del nuevo coronavirus era una pregunta sin respuesta: ¿cómo se propagaba con tanta rapidez? ¿Qué tanto enfermaría a las personas? ¿Un solo contagio daría protección contra casos futuros?

En los cuatro años que han pasado, los científicos han desentrañado algunos de los misterios más grandes sobre el COVID. Ahora sabemos mucho más sobre cómo se propaga (no, guardar una distancia de 2 metros no es una protección garantizada), por qué no parece enfermar a los niños tanto como a los adultos y qué hay detrás de los síntomas poco comunes que puede causar. A continuación, una mirada a lo que hemos aprendido.
Para este momento, la mayoría de los estadounidenses se han contagiado de COVID-19 al menos en una ocasión. Mientras que la mayoría de esos infectados han sufrido síntomas parecidos a los de la influenza, algunos han sido hospitalizados con problemas respiratorios graves y otros no han tenido ningún síntoma.

Parte de esto se puede explicar por la cantidad de virus a la que estén expuestos, pero nuestro cuerpo también desempeña un papel muy importante. Las personas mayores o que tienen problemas de salud suelen exhibir síntomas más graves debido a que su sistema inmunitario ya está debilitado. En algunos casos, el organismo puede combatir el virus antes de que se replique lo suficiente para causar síntomas o eliminarlo con tal rapidez que una persona nunca da positivo. También hay evidencia sólida de que la vacunación hace que la enfermedad sea menos grave.
Los expertos afirman que lo más probable es que las personas que nunca se han contagiado tengan todas las dosis de la vacuna, sean cautelosas sobre no exponerse (usan cubrebocas y evitan multitudes) o trabajan desde casa.
Los científicos han intentado investigar si hay algo único en términos biológicos sobre las personas que nunca se han contagiado de COVID que les dé una inmunidad contra la infección. Sin embargo, lo más cerca que han estado de descubrirlo es cuando encontraron que mutaciones en los antígenos leucocitarios humanos (los cuales mandan la señal al sistema inmunitario de que las células están infectadas) puede ayudar a eliminar el virus de manera tan rápida que una persona podría ser completamente asintomática.
En los primeros días de la pandemia, todos pensábamos que el COVID era como un ninja que saltaba de superficie en superficie. Frenéticamente, desinfectábamos los víveres, nos lavábamos las manos al ritmo de nuestra canción favorita e intentábamos girar los pomos de las puertas con los codos.
No obstante, estudios posteriores han mostrado que las superficies contaminadas en pocas ocasiones son las culpables de la propagación del virus. Es más probable que se esparza a través del aire que respiramos, como a través de grandes gotículas que se producen cuando alguien tose o estornuda, que es la razón por la cual los funcionarios de salud pública recomendaron al principio de la pandemia que mantuviéramos 2 metros de separación con otras personas.

INMUNIDAD
No obstante, las investigaciones después indicaron que el virus también podía ser transportado por aerosoles, partículas más pequeñas que podrían infectar a las personas a mayor distancia.
Linsey Marr, una ingeniera ambiental en el Instituto Politécnico y Universidad Estatal de Virginia (Virginia Tech), declaró: “Estas partículas se comportan como el humo del cigarrillo: salen y flotan en el aire y pueden permanecer a la deriva en él durante un tiempo”. Marr y otros investigadores han descubierto que partículas diminutas tan pequeñas como de 5 micras podrían portar más virus infecciosos que las gotículas más grandes, en parte debido a que se generan en lugares más profundos de los pulmones.
Vincent Munster, jefe de la Sección de Ecología de Virus en los Laboratorios de las Montañas Rocosas del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, afirmó que otros estudios han mostrado que el virus aún está evolucionando para ser mejor al dispersarse a través del aire.

Akiko Iwasaki, una viróloga e inmunóloga de la Universidad de Yale, aseguró que, en general, una infección o vacunación te protege durante varios meses. Sin embargo, la inmunidad depende de factores como la edad, el estado de salud subyacente y si el virus ha sufrido mutaciones que le ayuden a evadir nuestras defensas.

Aunque una fuerte respuesta inmune es necesaria para eliminar el virus, una disfuncional podría ser la responsable de muchos de los efectos secundarios inusuales de la COVID. Por ejemplo, los investigadores han descubierto que en las personas que desarrollan un sentido del olfato distorsionado o lo pierden por completo, el virus se adhiere a las enzimas convertidoras de angiotensina 2 (ACE2, por su sigla en inglés) en las células que brindan soporte a ciertos nervios en la nariz. Esto desencadena una avalancha de células inmunitarias, las cuales liberan proteínas para eliminar la infección. En el proceso, pueden cambiar inadvertidamente la actividad genética de los nervios circundantes, lo que afecta el sentido del olfato.

A principios de la pandemia, la gente temía que los niños, comúnmente propagadores de gérmenes, se contagiaran y esparcieran el virus fácilmente. También les preocupaba que los niños tuvieran casos más graves, porque tienden a experimentar algunos de los resultados más graves con la influenza y el virus sincitial respiratorio.

No obstante, con el COVID, los niños parecen haber evitado en gran medida los casos graves. Solo un número pequeño están hospitalizados o desarrollaron enfermedades que ponen en peligro la vida, como el síndrome inflamatorio multisistémico.
Alpana Waghmare, una médica especialista en enfermedades infecciosas en el Hospital Infantil de Seattle, mencionó que ahora entendemos mejor por qué sucede eso: el sistema inmunitario de los niños quizá esté más preparado contra la COVID porque ellos están expuestos con más frecuencia a los coronavirus benignos que causan los resfriados comunes.

Además, algunos estudios han mostrado que otro mecanismo de defensa, conocido como inmunidad innata, es más fuerte en los niños y ayuda a alertar a su cuerpo sobre patógenos externos como el virus que causa la COVID-19.

Una teoría es que, al igual que con otros efectos secundarios poco comunes, los síntomas perdurables o las afectaciones nuevas que llegan a ocurrir en los meses posteriores a una infección inicial (conocidos como COVID persistente) se deben en parte a una reacción inmune que salió mal. Ziyad Al-Aly, jefe de investigación y desarrollo del Departamento de Asuntos de los Veteranos en el Sistema de Salud de San Luis, señaló que la gente que desarrolla COVID persistente es posible que tenga un sistema inmunitario que responde de forma demasiado agresiva o no suficientemente agresiva a la infección aguda. Algunos estudios también han hallado que el virus puede esconderse en el cuerpo después de que la infección principal ha concluido, lo que causa una respuesta inmunitaria continua de nivel bajo e inflamación.

Otra evidencia indica que el virus puede dañar el recubrimiento de los vasos sanguíneos, lo que genera coágulos diminutos que bloquean la circulación a varias partes del cuerpo. Esto podría causar dolores persistentes en las articulaciones, niebla mental, fatiga crónica y mareos después de ponerse de pie de modo demasiado repentino.
Al-Aly puntualizó que aunque muchos de los misterios del COVID han sido resueltos, teme que el público ya está harto del virus (cuando en realidad, dijo, todavía no lo hemos dejado atrás”).
En los cuatro años transcurridos desde el inicio de la pandemia, los científicos han desentrañado algunos de los misterios más grandes sobre la COVID. Ahora sabemos mucho más sobre cómo se propaga (no, guardar una distancia de 2 metros no es una protección garantizada), por qué no parece enfermar a los niños tanto como a los adultos y qué hay detrás de los síntomas poco comunes que puede causar, desde niebla mental hasta los “pies COVID”.

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