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Cuando nos gusta un autor

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Cuando nos gusta un autor sentimos la necesidad de buscar en sus palabras, en sus entrevistas, en sus cartas, en lo que sea, algo del resplandor de su literatura.

Qué tal si una de esas entrevistas es conducida por otro portento literario. 

En 1964, Alejandra Pizarnik e Ivonne Bordelois, entrevistaron a Borges. A continuación un cachito de este intercambio entre estos geniales escritores.

Zona Franca 2, Caracas 1964

El lector de esta entrevista no dejará de reconocer en las respuestas, que fueron orales, el sabor de la escritura de Borges. En efecto, no hemos corregido ni suprimido casi nada de lo que acogió la cinta grabadora. Solamente hemos omitido ciertos conmovedores sustentos del habla: «yo no sé», «me parece», “yo creo”, etc. 

En particular, tuvimos que suprimir muchísimos «yo no sé». En fin, a partir de las respuestas ya se verá que la humildad es uno de los rasgos esenciales de Borges.

Por ejemplo, en más de una ocasión se refiere a Leopoldo Lugones considerándolo superior a él (el tono de su voz al enunciarlo era el de quien afirma una verdad universal o una cosa obvia). 

Esta injusticia que se inflige a si mismo la emplea, también, en sus «simpatías y diferencias». 

Así por ejemplo, nos dijo (en conversación fuera de la entrevista) que Kafka no es superior a Kipling. Pero esta misteriosa injusticia pertenece, también, a la tradición literaria y grandes escritores dieron testimonio de ella. Baste recordar a Víctor Hugo y a Goethe.

¿Qué interés le ofrece la literatura contemporánea?

J.L.B. – En general me ofrece muy escaso interés. Yo tengo la impresión de que la literatura participa de la declinación general de esta época.

Entonces, ¿Cuáles serían, a su juicio, las épocas de apogeo de la literatura?

J.L.B. – Por mi parte, puedo hablar con cierta autoridad de las literaturas de lengua inglesa: Y pienso que no hay actualmente en Inglaterra escritores comparables a Shaw, a Chesterton, a Welles… Y creo, además, que el hecho de que yo tenga alguna fama es una de las pruebas de la declinación de la literatura.

¿No será, más bien, que usted pertenece a la época de esa otra literatura (la de Shaw, de Chesterton, de Wells… )?

J.L.B. -No lo sé; pero sé, por ejemplo, que escritores argentinos evidentemente superiores a mí -básteme recordar a Lugones o a Paul Groussac- no alcanzaron sin embargo, la resonancia y el renombre que yo he alcanzado. Y creo que si yo hubiera sido estrictamente contemporáneo de ellos, no se me conociera especialmente.

LITERATURA NECESARIA

¿Cuáles son a su juicio los defectos mayores de la literatura argentina frente a la literatura europea?

J.L.B. -El defecto mayor de la literatura argentina -y aquí estoy generalizando- porque la pregunta es una pregunta general y exige una contestación general, fuera de algunos casos contados, no parece una literatura necesaria. Recuerdo que Wordsworth decía de Goethe que le faltaba inevitabilidad. Entiendo que en este país hay muchos escritores que están ejerciendo su oficio con mucha destreza pero cuya obra no corresponde a la conciencia argentina o a los momentos actuales de esa conciencia. Es decir, conozco personalmente el caso de jóvenes escritores de nuestro país que hacen lo posible -y a veces lo consiguen- por ser Eliot o por Kafka o cualquier otro escritor. Pero al mismo tiempo no sé hasta dónde esto tiene sentido porque una obra como la de Kafka o una obra como la de Eliot- a quien admiro pero menos que a Kafka, evidentemente-, corresponde, aunque el actor no lo quiera, a ciertos problemas. Por ejemplo, uno de los temas de la obra de Kafka es la relación del hombre con la divinidad, el lugar del hombre en el universo, el misterio de saber según que cánones, y según qué leyes, somos juzgados; da por sentado que hay un juez que nos juzga. En fin, en un país esencialmente ateo como el nuestro, esos problemas no tienen mayor sentido o no pueden corresponder a una sinceridad del escritor.

Es decir que usted postula una radical consonancia de la literatura con la conciencia de su época. Ahora bien: ¿cree que la literatura fantástica también tiene que corresponder a ese tipo de consonancia o de acuerdo?

J.L.B. -Yo creo que toda literatura debe hacerlo. Pero creo, también, que no deberíamos hablar de literatura fantástica. Y una de las razones -que ya he declarado alguna vez- es que no sabemos a qué género corresponde el universo: si al género fantástico o al género real. Otra razón es que, ya que toda literatura está hecha de símbolos, empezando por las letras y por las palabras, es indiferente que esos símbolos estén tomados de la calle o la imaginación. Es decir, creo que esencialmente Macbeth -a quien llevan al crimen las tres brujas o parcas («hermanas fatales, hermanas del destino»)- no es un personaje menos real que Rodion Raskoinikov. Pero seguramente Shakespeare, para concebir a un asesino, eligió una historia que encontró en viejas crónicas, y Dostoyevski, en cambio, imaginó una historia en San Petersburgo. Pero eso es indiferente: ambos personajes son igualmente reales y ambos viven y creo que seguirán viviendo en la imaginación de los hombres.

Entrevista realizada por Alejandra Pizarnik e Ivonne Bordelois. 

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