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El gran confinamiento

Por más que me he propuesto no seguir escribiendo sobre la pandemia del COVID-19, la gravedad de los hechos obliga a tocar alguno de los aspectos provocados por el llamado gran confinamiento que estamos viviendo.

Además de las lamentables pérdidas humanas provocadas por el coronavirus, la recesión en la que nos encontramos atrapados ha provocado una paralización económica y una recesión inédita, que tiene a muchos al borde del abismo.

Un gran número de pequeños y medianos negocios, ya se han declarado en banca rota y han tenido que recurrir al cierre y los despidos anticipados por falta de liquidez y de clientela.

La agresividad de la epidemia ha obligado a tomar medidas extremas como la cuarentena, el aislamiento y distanciamiento social, no tanto para contener la pandemia sino para evitar que la ola de contagios se siga extendiendo entre la población.

Científicos de varios países se encuentran trabajando en encontrar una vacuna para combatir el COVID-19; sin embargo, esto llevará todavía mucho tiempo antes de comprobar su eficacia y proceder a su aprobación. Las medidas de contención y tratamientos médicos que se han tomado en el sector salud no han sido suficientes y no se tiene un pronóstico exacto de los daños humanos que todavía causará el letal virus.

Como consecuencia muchos países están enfrentando, además de la crisis sanitaria o de salud, la financiera y económica. Incluso la fuerte caída de los precios del petróleo ha sido consecuencia de la baja en el consumo y del derrumbe de precios de algunos productos.

La pérdida de los empleos y la quiebra de las empresas, obligan a pensar en una reingeniería de la industria y el comercio, y a realizar una especie de “reseteo” de los negocios grandes y pequeños, aprovechando esta gran recesión para replantear el tamaño ideal de las empresas y el tamaño de la plantilla laboral, incluso a cerrar sucursales innecesarias y hacer una revisión de los salarios que cada empresa está en posibilidades de seguir pagando a sus trabajadores.

Los apoyos que el gobierno está poniendo a disposición de los que menos tienen, no será suficiente, sobre todo para quienes pagan sueldos y rentas de locales, por lo que éste será tan solo un paliativo, no un instrumento financiero para poder recuperarse.

Se pronostica que el crecimiento esperado en la economía mundial será descendente (-3%) al finalizar el 2020 y podrá repuntar hasta el 2021, si bien nos va.  

El impacto que el coronavirus está dejando en el mundo, será histórico y fuera de toda proporción, tanto en la pérdida de vidas humanas como en la economía mundial. 

Todo parece indicar que tendremos que seguir en este gran confinamiento, porque el desenlace todavía va para largo, así que hay que guardar la calma.

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