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Glaciar Pico de Orizaba, a punto de extinguirse por cambio climático 

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  • Desde 2019 entró en una nueva etapa de estado crítico hacia su extinción, destaca geógrafo de la Universidad Veracruzana 
  • Víctor Soto expuso que la cantidad de nieve que cae es mínima y se funde en pocos días o semanas por las altas temperaturas 
  • Los resultados fueron publicados en un artículo de Springer Nature, a través de la revista Journal of Mountain Science 

Claudia Peralta Vázquez 

Fotos: Cortesía Víctor Soto 

06/03/2023, Xalapa, Ver.- Como consecuencia de la variabilidad climática local y del calentamiento global, el glaciar del volcán Pico de Orizaba podría extinguirse en poco tiempo, mucho antes de lo que se esperaba, debido a un déficit de precipitación de nieve que regularmente lo alimenta. 

De acuerdo con un estudio realizado por Víctor Soto, geógrafo y profesor de asignatura en la Licenciatura en Geografía de la Universidad Veracruzana (UV), este panorama es visible a partir del afloramiento del lecho rocoso en la zona de acumulación glaciar ocurrido durante 2019, donde ahora se registra un alto contenido de energía y calor almacenado por insolación. 

Este calor se irradia y se transfiere hacia todo el hielo y nieve de alrededor, ocasionando que se funda de forma aún más acelerada, ya que se suma a los efectos ocasionados por el calor transportado en el aire. 

Los resultados de la investigación, cuyos datos fueron obtenidos del monitoreo de imágenes satelitales ópticas y de radar entre 2016 y 2021, así como del análisis climatológico del lugar, se publicaron el pasado 1 de febrero a través de un artículo en la revista científica Journal of Mountain Science, de la editorial Springer Nature. 

“Afloramiento de lecho rocoso en la zona de acumulación del glaciar más grande de México (Glaciar Norte de Citlaltépetl), como evidencia de una posible extinción acelerada”, se titula el artículo traducido al español, desarrollado por el geógrafo egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con posdoctorado en la UV, y miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI). 

Víctor Soto destacó que el glaciar del Pico de Orizaba posee mucho interés y un alto valor ecosistémico. Sin embargo, la cantidad de nieve que cae actualmente es mínima y se funde en pocos días o semanas, por lo cual no alcanza a unirse con la de otras precipitaciones y a transformarse en hielo sólido, pues para que eso suceda deben pasar varios años, siempre y cuando la temperatura y sublimación lo permitan. 

Lo peor es que este régimen de nevadas y de fusión será cíclico y repetitivo de ahora en adelante, a no ser que cambien los patrones de precipitación. Eso traería como consecuencia muchos impactos severos, sobre todo en el abastecimiento de agua para habitantes de comunidades aledañas al volcán, quienes aprovechan el deshielo natural del glaciar para abastecer sus hogares de agua potable. 

El docente y especialista en climatología de alta montaña, particularmente en temas de permafrost (capa de suelo permanentemente congelado), glaciología y nivología, subrayó que a partir de la modificación de todas las variables climatológicas a lo largo del tiempo, se puede hablar de qué tan acentuado es el cambio climático. 

“Sabemos que hace años un glaciar podría tener cierta altura; conforme cambia la temperatura global del planeta, así como el régimen térmico y pluvial de la montaña, el límite inferior de ese cuerpo de hielo va ascendiendo a cotas cada vez más elevadas, lo cual significa que se reduce su superficie glaciar.” 

Imagen donde se aprecia el límite inferior del glaciar

Imagen donde se aprecia el límite inferior del glaciar

A escala mundial, hay un monitoreo permanente en los glaciares, desde montañas del Ecuador hacia los polos. Casualmente, el Pico de Orizaba es el único glaciar que se ubica en una latitud de 19 grados norte en todo el planeta, lo que lo convierte en un referente estratégico para su monitoreo a nivel mundial. 

Dicho de otra manera, todos los glaciares están repartidos desde el Ecuador hacia el norte o sur de la Tierra, y en la franja del Pico de Orizaba no hay otro, de ahí su importancia y valor único para el monitoreo de glaciares a nivel mundial como un indicador confiable e indiscutible de cambio climático. 

“Todos esos cuerpos de hielo permanente son monitoreados por especialistas de ese campo de estudio y así se va conociendo cuantitativamente cómo se reducen como respuesta a los cambios ambientales.” 

A escala nacional, dijo, el glaciar del volcán Popocatépetl se extinguió como consecuencia de la actividad eruptiva iniciada en 1994. Los del Iztaccíhuatl, ya no son glaciares en el estricto sentido de la palabra pues no existe una dinámica de flujo de hielo, por lo que ahora son considerados como remanentes estáticos. 

“Un glaciar tiene una dinámica de acumulación y de flujo hacia las zonas bajas, esa dinámica es cíclica y repetitiva a lo largo del año; cuando se pierde esa dinámica sólo quedan remanentes estáticos de hielo, como ha ocurrido con los glaciares del Iztaccíhuatl.” 

La temperatura alrededor de ellos hoy en día ya fluctúa en valores positivos, y aunque por la noche se registran bajas temperaturas, la oscilación térmica diurna y estacional es cada vez mayor, acentuando la fusión del hielo y el retroceso de su superficie. 

Esta situación no había sido tan clara en el Pico de Orizaba como ocurre en el Iztaccíhuatl, ya que es considerada la montaña más alta del país con cinco mil 610 metros sobre el nivel del mar, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). 

Como es el más alto, el glaciar se extendía hasta la cima de manera uniforme, lo cual le ha permitido que la temperatura, todavía en su zona central, fluctúe en valores de congelamiento. No obstante, la oscilación térmica diurna y estacional también se ha incrementado con el tiempo. 

Por lo tanto, el aumento global y local de la temperatura, así como las bajas precipitaciones (microclima del lugar), son factores que han repercutido en su continua desaparición. 

Víctor Soto, geógrafo de la UV, insertando sensores de temperatura del suelo

Gran parte del hielo se ha derretido 

La vida de un glaciar inicia como un cuerpo de hielo sólido y estático. Sin embargo, cuanto más volumen almacena –sobre todo en una pendiente montañosa– el hielo adquiere un comportamiento de fluido, lo cual significa que el exceso de hielo acumulado en la parte superior fluye hacia las partes bajas de manera continua. 

Víctor Soto explicó que la parte de arriba del glaciar es la zona de acumulación de hielo, donde precipita en forma de nieve o aguanieve, y se transforma en neviza. Ahí se mantiene por mucho tiempo, siempre y cuando las temperaturas sean congelantes y no haya fusión por radiación solar. Poco a poco se compactará hasta convertirse en hielo sólido. 

“Así es como se origina el hielo y la dinámica glaciar, la gravedad hace su tarea hasta que cruza un área límite o línea de equilibrio que divide la zona de acumulación con la de ablación.” 

La zona de ablación es el espacio hacia donde fluye el hielo, es decir, las laderas bajas, y ahí se derretirá debido a las temperaturas positivas. 

“Un glaciar estaría en estado de equilibrio cuando el volumen de hielo depositado en la zona de acumulación es igual al que se funde en la región de ablación; este equilibrio térmico y de masa determina su permanencia.” 

Gracias a los resultados de la investigación, se observa que en la zona de acumulación ya afloró el lecho rocoso, lo que significa que no ha habido suficiente acumulación de hielo y se ha derretido gran parte de él, por lo que no habrá suficiente volumen trasladado a la zona de ablación. 

“Quiere decir que ya no hay acumulación o se ha reducido dramáticamente, por lo tanto, se reduce el flujo hacia la zona de ablación, acelerando aún más la retracción del frente glaciar.” 

El investigador, durante labores de perforación en busca permafrost (capa de suelo permanentemente congelado)

Si de por sí había un acentuado retroceso del glaciar en las últimas décadas, de ahora en adelante se acelerará aún más. 

Por consiguiente, aseguró que el Pico de Orizaba está entrando en una segunda fase de estado de comprometimiento o crítica, ya que además de la acelerada disminución de su superficie, ha perdido gran espesor de hielo. 

“En el contexto glaciológico, se dice que cuando aflora el lecho rocoso en la zona de acumulación de un glaciar, es señal inequívoca de que está en la recta final hacia su extinción, porque ya no hay acumulación de nieve y hielo que lo alimente para que este último fluya hacia la región de ablación.” 

Señaló que son pocos los estudios que analizan el cambio en el espesor de los glaciares; en el caso del Pico de Orizaba, es la primera vez que se lleva a cabo. 

Por lo tanto, su investigación, además de evaluar los cambios de la superficie y del cambio altitudinal de su límite inferior, se enfoca en este aspecto y por esa razón sobresale como resultado el afloramiento del lecho rocoso. 

Es importante mencionar que el glaciar del Pico de Orizaba empezó a ser monitoreado a partir de 1958, cuando se delimitó su extensión por primera vez. Desde entonces se han analizado los cambios de su superficie a través del tiempo, debido al cambio climático. 

Entre otros trabajos, dijo, hasta 2017 se había hecho un seguimiento sobre los cambios de superficie. A partir de entonces no se había analizado nada al respecto, por lo que este estudio es un tipo de actualización en cuanto al seguimiento de reducción superficial, pero sobre todo, señala los cambios en el grosor del hielo. 

En esta imagen se puede observar el lecho rocoso por el déficit de precipitación de nieve

El glaciar, fuente natural de agua potable para miles de personas 

El Pico de Orizaba y su glaciar ya eran conocidos por Víctor Soto, ya que mientras cursó la Maestría en Ciencias del Ambiente en la UV, analizó su importancia como fuente de agua potable para miles de personas de sus alrededores, y en ese tema centró su tesis de posgrado. 

Adicionalmente, en otros trabajos señaló el estado térmico de su cobertura de permafrost. Además, a través de la estimación de la temperatura interna del glaciar, determinó la presencia basal de permafrost. 

Es así que, dentro de la Red Latinoamericana de Permafrost y del Grupo de Nieves y Hielos de América Latina de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), grupos de trabajo a los que pertenece, es considerado como mexicano pionero del estudio en el país. 

Tan sólo en 2014 había poco más de nueve mil habitantes que dependían de las aguas del deshielo natural del glaciar para satisfacer sus necesidades básicas. Hoy en día, el número es mayor por el crecimiento poblacional. 

Cobertura actual del glaciar (2019)

“El glaciar cada vez se fusiona más, mucha gente no está consciente de eso ni sabe de la repercusión a futuro, en un mediano o largo plazo.” 

Además de la implicación ambiental y de seguridad hídrica para los miles de habitantes de las laderas del volcán, también se rompería el equilibrio ecosistémico debido a que el agua de fusión natural del glaciar hidrata los suelos por donde escurre, alimenta la flora y fauna del lugar, así como también es factor determinante del microclima de la montaña. 

Su degradación sería algo similar a un efecto dominó, indicó Víctor Soto, quien también ha trabajado en el Nevado de Toluca, y actualmente realiza un proyecto en el Cofre de Perote, relacionado con un análisis retrospectivo del clima. 

El docente de las experiencias educativas (EE) Diseño de Proyectos de Investigación Geográfica y Geomorfología, entre otras, en la Licenciatura de Geografía de la UV, se mostró complacido por la publicación del artículo en la revista Journal of Mountain Science, especializada en temas de alta montaña y con alto impacto a nivel mundial, pues habla de la calidad de su trabajo, de su compromiso en los temas del medio ambiente y del rigor en la investigación geográfica. 

No es la primera vez que la revista publica un artículo de su autoría; el primero fue en 2021 sobre “Condiciones de clima criótico y de geomorfología en el volcán Nevado de Toluca”, título traducido del inglés. Éste se puede consultar en: https://link.springer.com/article/10.1007/s11629-021-6740-4 

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