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La descalificación de las calificadoras


La iniciativa presentada por el senador morenista Salomón Jara Cruz levantó una polvareda tan grande que bloqueó la visibilidad hasta de los propios morenistas, que no están de acuerdo con la propuesta para regular el trabajo de las empresas calificadoras en México.
Esta iniciativa propone modificar el artículo 340 de la Ley del Mercado de Valores, para sancionar a las calificadoras que actúen sin transparencia ni objetividad, revocando las autorizaciones a estas empresas cuando cometan infracciones graves o reiteradas a lo establecido en la Ley y presenten evaluaciones o calificaciones que no se apeguen a los principios de independencia, objetividad, rigurosidad, autenticidad, integridad y transparencia o que atenten de manera deliberada contra la estabilidad financiera de los mercados o empresa de sector determinado.
Abiertamente se manifestó en desacuerdo el grupo parlamentario morenista encabezado por Ricardo Monreal, que ha declarado que ellos no acompañarían la iniciativa de Salomón Jara que además no cuenta con la mayoría calificada necesaria y que aunque Jara es el vocero de su partido, esta iniciativa la presenta a título meramente personal y que aun cuando tiene todo el derecho para presentarla, no es el momento oportuno y no consideran correcto que a las calificadoras nacionales o internacionales se les persiga o se obstaculice su trabajo.
No hay que olvidar que la polémica fue provocada por la reducción en la calificación que Standard&Poor’s aplicó a México, ante un posible bajo crecimiento económico y una falta de confianza de los inversionistas, pero más aún por la ausencia de un plan estratégico adecuado.
Por cierto, anteriormente en enero la calificadora Fitch Ratings, ya había bajado la calificación a México por razones muy similares.

EL ORIGEN DEL DESCRÉDITO
Todo comenzó por la presentación del plan de apoyo a Petróleos Mexicanos, cuando las calificadoras y los bancos “calificaron” como insuficientes las medidas presentadas para mejorar la situación financiera de la paraestatal.
Inyectarle a Pemex 107 mil millones de pesos para 2019 es la base de este plan; monto que se acumularía durante el sexenio. Aun con este presupuesto las inversiones petroleras seguirían presionadas vislumbrándose que habría un declive de las reservas. Lo cierto es que Pemex está endeudada y la producción petrolera va en picada, por lo que el gobierno debe reducir la carga fiscal en vez de darle mayores apoyos a modo de subsidio.
Todo indica que Pemex sigue siendo una empresa ineficiente y poco rentable, por lo que requiere capital fresco y una verdadera reingeniería que implica asociarse con empresas privadas para garantizar su sano crecimiento.
El presidente de la República no ha ocultado su molestia y ha criticado insistentemente la calificación otorgada a México; sin embargo, en sus más recientes declaraciones ha dicho que respeta el trabajo y opinión de las calificadoras, por lo que en México no se limitará su labor, pero en cambio les propone que incluyan en sus variables el tema de la corrupción, para que sus evaluaciones tengan mayor credibilidad.
Lo cierto es que el gobierno federal no ha acabado de entender que la baja en las calificaciones es producto de la falta de credibilidad y que no han demostrado fehacientemente la credibilidad del plan de apoyo a Petróleos Mexicanos, que es la empresa más grande e importante de México. Así, que no es culpa del neoliberalismo del pasado, sino de la falta de un proyecto económico confiable y creíble.

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