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Milenario, despreciado y de moda: recorrido por el tatuaje

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El tatuaje no es una moda. Es una forma de expresión que arrastra lo ritual.

El tatuaje es una de las formas de expresión y de apropiación de los signos más antiguos, milenarios, a través de la cual se ha expresado el ser humano”, aseguró Elia Espinosa, investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas, quien junto con Alfredo Nateras, investigador de la UAM Iztapalapa, debatieron sobre las implicaciones estéticas y sociológicas de esta expresión corporal en el marco del programa Café Expreso: Tatuajes, identidades en la piel.

La investigadora explicó que el cuerpo es el primer recurso de puesta en escena del hombre de manera cotidiana, por lo que el tatuaje es una forma de expresión ritual que conecta con una parte mítica; en cuanto al tatuaje contemporáneo agregó: “tiene infinitas ramificaciones en cuanto a sus propósitos.

Uno de los más importantes es el mensaje estetizante, que ha liberado al tatuaje de aquello encriptado, y de su preponderancia en el mundo masculino. Ahora hay tatuajes de grupos de mujeres en rebelión, simbolismos múltiples y plurales, en lo político, social y artístico.”

En su intervención, Alfredo Nateras realizó un breve recorrido del tatuaje a partir de un estudio sociológico: “desde el siglo XIX ha habido un desprecio de los sujetos que en la historia han decidido intervenir sus cuerpos y hasta los años cincuenta se relaciona al tatuaje con sujetos muy definidos con la cultura underground; se construyen etiquetas y psicopatologías con respecto a los sujetos provenientes de espacios carcelarios e incluso militares o marinos. En el espacio público se construyó ese estereotipo con sus prejuicios.

Hasta los años sesenta en que hay un movimiento de la contracultura, se sitúa al tatuaje en otras esferas, sobre todo, juveniles”, explicó el sociólogo.

En cuanto a las discusiones generacionales acerca del tatuaje, Nateras agregó que los conflictos alrededor de temas como el aborto, la eutanasia y el tatuaje surgen porque la cultura mexicana, en buena parte conservadora y cristiana, considera al cuerpo como templo intocable, “los padres consideran que al darles vida, estos les pertenecen también en sus cuerpos; por eso cuando los jóvenes utilizan estéticas no convencionales, hay disputas y tensiones. Igual sucede con el autoritarismo en las escuelas. Son reminiscencias de una sociedad muy autoritaria”, finalizó.

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