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Perezcando con el Feis…

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Mi abuela paterna, Chite, una mujer de campo originaria de la Hacienda de Tzindurio donde nació el Patricio Morelos, famoso lugar de los descendientes del cura libertario, decía cuando la invadía la sensación de lo inevitable:

—Hijito, si Dios quiere que perezcamos, pues entonces perezcaremos.

Me considero heredero de ese fatalismo que hoy me hace platicar, aún con el sentimiento anticipado de que no me leerán ni mis acreedores, esos inefables personajes que todos los días rezan porque nada me pase. No quieren perder su dinero.

Como soy usuario gratuito del internet Facebook, confianzudamente El Feis, acepto unas reglas que por cambiantes desconozco. Sé lo fundamental, que me resulta incomprensible cuando veo publicaciones ajenas repletas de insultos de la más baja estofa, de ofensas de la peor calaña y palabras que le revuelven a cualquiera el estomago por la indignación.

Esas expresiones se reparten, y hasta ahí ha llegado nuestra democracia, entre antigobiernistas y los fieles del actual gobernante. Me supongo que poner un valladar a tales exacerbaciones podría ser un signo de salud social y en un chico rato, hasta de convivencia entre entes humanoides.

Pero eso que claramente atropella la dignidad y trapea con los símbolos patrios, no es algo que cause desvelos a los célebres algoritmos del feis. ¡Ah!, pero no se ocurra escribir una palabra como sinónimo de cobardía pero que igualmente se usa para definir preferencias sexuales, porque se hace acreedor a una suspensión inmediata.

Insisto, el uso de este sistema es gratuito aparentemente, aunque a la sorda ocupen los datos de los usuarios para publicidades encubiertas y para otros fines que para don Feis seguramente representan una utilidad.

Igual, sigue siendo de gorra, de gollete, gratis y sin condiciones visibles, salvo un respeto al resto de quienes utilizan el sistema, que nunca se concreta en la realidad. Feis permite cualquier cosa mientras sus sistemas cibernéticos se entretienen en analizar palabra por palabra sin considerar los contextos.

Un par de semanas atrás y sin mediar advertencia, me enteré que no puedo compartir mis textos con las páginas que generosamente me dieron alojo y me hicieron miembro. He sido cuidadosamente puntilloso con mis materiales buscando nunca ofender a mis hospederos.

Feis no lo ve igual. Me indica que para impedir el “spam” imposibilitarán un tiempo indefinido la compartición de mis escritos. Ignoro qué significa esa palabreja y desde luego tampoco sé por qué es aplicable a mis materiales.

En alguna parte de su aviso, Feis pone una línea para quien no está conforme con la decisión. Acudir al enlace sólo lleva a un agradecimiento por los comentarios que, vale destacar, nunca se hicieron ya que no hay dónde hacerlos.

Pasaré con paciencia de abuela este trago amargo, si Feis quiere que perezcamos, perezcaremos, no hay duda. Ya he platicado como me fue robada mi página original, usada para vender los fraudulentos bitcoins y ofrecer niñas de nula virtud y exuberantes pechos en exhibición.

A mis quejas, razonamientos, peticiones y todo lo que pueda suponerse a lo largo de varios meses, Feis siempre respondió: bloquea a Carlos. Finalmente me desentendí del asunto y me encuentro ignorante de mis afanes delincuenciales tratando de defraudar dinero y de vender carnes humanas. Total, si no me gusta, al Feis sí…

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Periodista antediluviano, corresponsal en el exterior y reportero en méxico.

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