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El plan B busca la austeridad, por un lado; y el dispendio por el otro

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Política en Movimiento/Angélica Beltrán

CDMX a 13 diciembre de 2022.- Fin de año y las prisas han tomado a los diputados y senadores con los dedos en la puerta; pues sólo restan dos días para el fin del periodo ordinario, en que MORENA en ambas cámaras debe convencer para lograr el cometido de aprobar, al menos, el segundo intento de la Reforma Electoral del presidente López Obrador, para quitar privilegios al INE y eliminar fideicomisos opacos.

Y si bien serán menos sustanciosos los cambios logrados con el Plan “B” que lo deseado con la reforma constitucional, el mandatario parece muy optimista, bajo la premisa de es mejor perder una parte, pero no el todo; por eso mantiene una actitud triunfalista de al menos “de lo perdido lo que aparezca”.

Lo cierto es que la Reforma Electoral sí se antoja necesaria, sobre todo porque el instituto organizador de las elecciones –el INE— maneja a manos llenas un alto presupuesto, no sólo de operación, sino también para mantener a la llamada burocracia dorada, que goza de muy altos sueldos y muy largos periodos de estancia en los cargos.

Y para muestra un botón: el presidente del INE, como lo marca la actual ley, goza de un largo periodo de 9 años en el “poder”. Ya ni el presidente de la República, ni los gobernadores, senadores o diputados, aún con su reelección, tienen un cargo asegurado como del que ha sido privilegiado Lorenzo Córdova.

Pero las resistencias aún al Plan B siguen por parte de la oposición, aunque claro, argumentando causas más allá de lo meramente presupuestal, como es el caso del presidente de la Cámara de Diputados, Santiago Creel, quien ha visto en la reforma a las leyes secundarias de la ley electoral, que habrá disminución de poderes para el árbitro electoral en cuanto a sanciones severas por actos anticipados de campaña, uso de recursos públicos y otros.  

Por ello el diputado panista ha adelantado que la oposición interpondrá recurso de anticonstitucionalidad contra el llamado Plan B; y ha puesto énfasis en que en el fondo, la reforma electoral no tiene el objetivo de reducir costos… sino quitarle atribuciones al INE para que este no pueda sancionar a funcionarios, que como hoy, han iniciado campañas políticas, haciendo uso de recursos públicos, en pleno ejercicio de sus cargo y sin justificar ni reportar de dónde sacan los recursos para operar.

Lo cual no está tan alejado de la realidad, pues en los hechos se han vistos constantes actos anticipados de campaña, como es el caso de la jefa del gobierno capitalino, Claudia Sheinbaum, quien ha comenzado a quedarse afónica de tantas giras por el país y dando discursos sobre la continuidad de la 4t.

En efecto, Sheinbaum ha iniciado abiertamente su campaña rumbo a la presidencia de México; y se ha jactado en decir que cuando esté fuera de la Ciudad capital, que le descuenten el día. Claro, aunque la responsabilidad no se paga con dinero.  

Por lo anterior, el diputado Creel Miranda, quien encabeza en el recinto de San Lázaro la resistencia a la reforma electoral, describió con una metáfora lo que el plan B lograría y es que “las “corcholatas” rueden y rueden por el país, sin ser sancionadas con la pena máxima de la cancelación de las candidaturas, como lo establece actualmente la ley por actos anticipados de campaña, en cuya situación se cuentan ya a todos los aspirantes que han salido de sus entornos para iniciar su propaganda en busca de votos para elecciones que sucederán en dos años. Y sí, muy adelantados y sin reglas claras del juego.

Si bien la reforma electoral en su plan B permitirá recortar privilegios, es justo decir que también debilitará a un árbitro, que es mejor autoritario que somero; pues si bien con la reforma electoral que está en proceso de aprobarse, la austeridad se lograría, también abre la puerta por otra vertiente para el dispendio, pues se relaja el tema de sanciones, revisiones y rendición de cuentas por uso de recursos en campañas.

 Así, con o sin reforma – de todos modos Juan te llamas-, como se dice coloquialmente, porque “el dinero del pueblo” no regresa al pueblo y se seguirá dilapidando en temas de propaganda y elecciones en bien de la clase política.   

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