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“Cada uno tiene su mundo de olores propio”: Laura López-Mascaraque

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La neurocientífica impartirá la conferencia El mal tiene un olor inconfundible

El olfato es el más subestimado de los sentidos? ¿Podemos identificar la maldad mediante lo que olemos? Ésas son algunas de las preguntas en las que Laura López-Mascaraque, doctora en neurociencias e investigadora en el Instituto Cajal del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en Madrid, España, se adentrará en la conferencia El mal tiene un olor inconfundible.

La charla –que sucederá el próximo sábado 13 de mayo a las 12 pm en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario– marcará el inicio de las actividades de El Aleph. Festival de Arte y Ciencia de la UNAM, que del 13 al 21 de mayo reunirá a 417 personalidades del ámbito de la ciencia y la creación artística en más de 80 actividades.

Para López-Mascaraque es “un placer total” y una sorpresa haber sido elegida como punto de arranque de las actividades del Festival este año, sobre todo porque “el olfato parece ser el sentido más olvidado, aunque no opino lo mismo, en general, hay esa percepción de que es el que menos importa”.

Nuestros recuerdos

“El olfato es mucho más sensible que cualquier otro de nuestros sentidos, la respuesta olfatoria es inmediata. Sin embargo, es el más desconocido, el que más recuerdos evoca y el que más perdura en nuestra memoria”, subraya la sinopsis de la conferencia El mal tiene un olor inconfundible y añade: “Este es el único sentido donde nuestras neuronas están directamente expuestas al ambiente que nos rodea, a las situaciones que vivimos”.

Laura López-Mascaraque recordó en entrevista que cuando inició sus investigaciones relacionadas con el sistema olfatorio, éste era un campo poco estudiado, lo que la llevó a querer descubrir más sobre cómo funciona.

La especialista ha notado a lo largo de su carrera que el olfato, por lo general, es un sentido que se da por sentado, “quizá porque pensamos que es el que menos problemas nos da cuando lo perdemos; no es lo mismo quedarte ciego o sordo que anósmico, porque dices ‘bueno, no huelo, pues ya está’”.

“No vislumbramos los efectos de ser anósmicos hasta que llegó la Covid-19 y éramos incapaces de saborear la comida, porque entre 75 y 80 % del sabor es olfato y no es gusto. Sólo podíamos detectar algo que era salado, ácido, agrio o picante; pero el sabor de un alimento completo no. O cuando en casa no olías a nada y entonces te acercabas y querías saber si un alimento está malo o bueno, no lo puedes saber. Si hay un peligro a tu alrededor –el humo de un fuego, por ejemplo–, existen muchas cosas que se asocian al olfato”, consideró.

Supervivencia como especie

Aunque el olfato fue una herramienta clave para nuestra supervivencia como especie, “cada vez lo utilizamos menos”, comentó López-Mascaraque y agregó:

“Empezamos a perder nuestro olfato cuando nos volvimos bípedos, evolutivamente nos levantamos del suelo y ya no estábamos en la tierra oliendo. Comenzamos a utilizar los ojos, los oídos, música, visión, imágenes, etcétera. Hemos llegado a un momento en que se satura, se está tendiendo mucho a que en lugar de logotipos, se usen odotipos, que las marcas comerciales adquieran un olor para identificarse”.

Su conferencia toma como idea inicial que “cada uno tiene un mundo de olores propio, su aroma determinado puede ser bueno para unos y malo para otros porque está unido a una situación traumática o no. Olores que podrían ser malos, los puedes transformar en algo bueno”.

“Desde siempre hay olores que son considerados malos y otros buenos; de todas maneras cada uno tiene una personalidad distinta, porque poseen una aceptación o rechazo individual o social. Hay aromas que nos dan alerta, que son inconfundibles, por ejemplo, tú dices de repente: ‘huele a podrido’ y es algo que a todos nos alerta, nos habla de que esto puede ser una situación peligrosa, peculiar, porque es algo que nos puede dañar”, subrayó.

“El olfato es un sentido muy emocional, en él están todos los sentimientos que nos transmite sin nosotros saberlo”, afirmó, “tiene más memoria que el resto de los sentidos. Un olor te puede llevar a una situación de cuando tenías cuatro o cinco años, quizá no sepas por qué, pero lo sientes y te evoca”.

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