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Agua: contra el cambio climático

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Por PF Mendoza

Los efectos del cambio climático se reflejan en nuestra vida diaria: las intensas sequías, el calentamiento global, el aumento de la población y la demanda de alimentos son algunos factores que en nuestro país y en el mundo provocan desafíos en la gestión de recursos hídricos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), el Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF) y el Banco Mundial reportan que aun cuando 2 mil millones de personas obtuvieron acceso al agua potable en los últimos 20 años, todavía 25% de la población mundial no cuenta con ese servicio.

La escasez de agua es un fenómeno natural, pero también es inducido por el hombre. Y además, para satisfacer las necesidades de la población mundial, la distribución ha sido desigual; el desperdicio, la contaminación y el manejo de la misma es insostenible para los más de siete mil millones de personas que habitamos el planeta.

Esta insuficiencia es denunciada por todos los sectores de la sociedad e impacta de manera negativa en el medio ambiente: el cambio climático agrava el problema en zonas áridas y semiáridas, donde incluso se presenta un “estrés hídrico”. La degradación en la calidad del agua contribuye a la escasez del recurso y trae consecuencias para la salud del ser humano y para la vida del planeta.

Ha sido de gran avance que 2 mil millones de personas que han obtenido el acceso al agua potable, pero esto no es suficiente. Para la UNICEF y el Banco Mundial se requiere que los gobiernos deben invertir en infraestructuras, aumentar la financiación, reforzar la planificación, coordinar y regular la prestación del servicio, pues “el agua es un derecho humano, no un lujo”

Cambio climático

El efecto del cambio climático en el agua da lugar a fenómenos meteorológicos extremos, que se transforman en una amenaza para el desarrollo sostenible y la biodiversidad.

También es cierto que en varias regiones del mundo los impactos del cambio climático son variables y/o desiguales, por lo que algunas tienen periodos de extrema sequía, mientras que otras sufren crecidas o tormentas frecuentes y en otras poblaciones enfrentan ambos.

Y el aumento de la demanda para el consumo diario, la agricultura y la industria crea cada vez más dificultades para ofrecer soluciones.

Esta afectación negativa le pega directamente a los ecosistemas de agua dulce, pues altera los flujos fluviales y la calidad del agua potable se pone en riesgo e incluso el tratamiento convencional.

Mitigación

Las estrategias se pueden clasificar en las basadas en la naturaleza y las que impulsa la tecnología, según el “Informe de políticas de ONU-AGUA sobre el cambio climático y el agua”.

Por ejemplo, en el primer caso, “la retención de la humedad del suelo y la recarga de las aguas subterráneas mejora su calidad y reduce los riesgos asociados al cambio climático y los desastres relacionados con el agua”.

Con frecuencia estas soluciones tienen un bajo costo y ofrecen numerosos beneficios sinérgicos.

Mientras que las impulsadas por la tecnología a menudo requieren altas inversiones en infraestructura hidráulica, incluidas las destinadas al suministro del agua potable, al tratamiento de aguas residuales y pluviales, el bombeo de agua para fines agrícolas.

Estas estrategias implican hacer concesiones y por eso es necesario tener en cuenta los impactos del agua antes de elegir las medidas de mitigación.

Trabajo en equipo

El tratamiento del agua para el consumo llega a tener altos costos y en consecuencia hay escasez. Abordar la problemática de la calidad y la contaminación con programas gubernamentales no es tarea fácil.

Y para alcanzar una seguridad hídrica se requiere la participación de las organizaciones internacionales, de los gobiernos y de las comunidades locales; que todos tomen conciencia y hagan uso de tecnología, herramientas y recursos para alcanzar los objetivos.

La participación de la sociedad en general deber ser constante; motivar a los sectores educativos de todos los niveles para que aborden el tema de este recurso natural, necesario para la vida misma; gestionar nuevas políticas públicas; promover la capacitación, la comunicación y concientizar a la población en general sobre el uso y manejo de este recurso hídrico.

Déficit

Argelia Salinas Ontiveros, experta del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc) de la UNAM señala que la crisis hídrica es un problema que se profundiza en la agricultura, en particular en el tema de la seguridad alimentaría en países de menor desarrollo como México y donde productores de granos básicos como el maíz son altamente vulnerables a las variaciones climáticas.

Comenta que la erosión afecta al país en general. “Urge una política mucho más centrada en la solución de estos problemas que son determinantes en la producción y abasto de alimentos; a pesar de que somos una nación con una enorme diversidad, tenemos esta dificultad relacionada con el suministro de alimentos y, sobre todo, con el recurso hídrico que es básico para producirlos, ya sea de temporal o de riego”.

Escasez y usos en México

*77% de la población vive en regiones con poca o casi nada de agua.

*Ocho de cada diez mexicanos padece falta de agua.

*El consumo promedio de agua por persona es de 380 litros al día.

*Según la Organización Mundial de la Salud una persona requiere 100 litros de agua al día para sus necesidades de consumo e higiene; nuestro país consume cuatro veces más agua de lo recomendado.

*76% del agua se utiliza en la agricultura.

*14% en el abastecimiento público.

*5% en las termoeléctricas.

*5% en la industria.

cuentame.inegi.org.mx

Objetivos

El agua dulce es el recurso más apreciado para el ser humano.

La crisis climática mundial no es la única amenaza.

Sin embargo, no es fácil gestionar este recurso para garantizar su disponibilidad, el manejo de calidad, la mejora de los sistemas de concesión y la integración de los problemas con solución para controlar la contaminación, al tiempo de fortalecer la cooperación de los seres humanos para optimizar la calidad y los conocimientos para su cuidado.

Para ello es indispensable que todos hagan su parte: autoridades, industria, agricultores, concesionarios y sociedad en general deben aportar esfuerzos para un mejor manejo, distribución y cuidado del agua.

Ninguna instancia puede ser ajena atan apremiante desafío de este siglo.

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